miércoles, 5 de junio de 2019

Por la Sierra del Madero y comarca de Tierras Altas (1)

Etapa 1: de Montenegro de Ágreda a Fuentes de Magaña

1 de junio de 2019

Para poner broche a la temporada montañera 2018-2019 (al menos oficialmente), decidimos unirnos a la reciente lucha y protestas contra la despoblación y la España Vaciada. Y en plena fiebre reivindicativa hacemos nuestra humilde contribución con una pequeña expedición de 2 días por las Tierras Altas, las "Highlands" sorianas, la comarca más vacía dentro de la provincia más vacía de España, pues apenas llega a 2'5 habitantes por kilómetro cuadrado. Región de paisaje y gentes recias, de interminable monte y numerosos pueblos abandonados.

El proyecto lleva desde Semana Santa en preparación y durante este tiempo 10 sanbures respondemos a la llamada a la aventura. Estamos en la otra punta de la provincia, así que se nos cita el día 1 de junio necesariamente a una hora bien temprana. A eso de las 6 y media arranca el bus con los 5 andarines más madrugadores, en el Burgo y Soria se incorporan otros 3, los dos restantes se unirán a la tarde, debido a compromisos laborales. Llegamos al punto de partida, Montenegro de Ágreda, ligeramente antes de hora y a eso de las 8h y 25min ya estamos dispuestos a la acción. Salimos con calma desde la iglesia-torreón de Ntra. Sra. La Blanca, con el imponente Moncayo a nuestras espaldas y un día espléndido por delante que se barrunta plenamente veraniego.

Cruzamos el pueblo y de inmediato vemos una señal con la marca del G.R.86 que seguimos sin titubeos. Enseguida enfilamos hacia la sierra del Madero por una pista consolidada que se adentra en un frondoso bosque de pinos, quejigos, sabinas, jaras y aliagas. El ascenso por la pista es constante pero llevadero, con los mastodónticos aerogeneradores siempre al fondo.

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Camino al Madero.

A las 10:00h alcanzamos el paraje de El Collado (1362m) y tras disfrutar unos minutos de las vistas continuamos hacia la derecha en dirección norte. 20 minutos después coronamos el alto de La Modorra (1436m) punto más alto de la sierra.

Junto al hito geodésico encontramos unas instalaciones de telecomunicaciones y un denso pinar. El lugar nos parece ideal para hacer un primer descanso y dar cuenta de las viandas y caldos que traemos para el almuerzo, pues siempre hacemos honor a aquella máxima que reza:

Panza llena y corazón contento, que todo lo demás es cuento

Aquí también resulta apropiada la siguiente cita del genial escritor inglés G.K. Chesterton:

El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso

A ello nos dedicamos sin prisa, y como siempre en animada conversación. Poco antes de las 11h nos volvemos a echar la mochila al hombro y reanudamos la marcha, siempre caminando por una cómoda pista y siempre hacia el norte, siguiendo la línea de la sierra del Madero. Pasamos bajo uno de los enormes aerogeneradores del parque eólico jugando a calcular su altura, que estimamos en unos buenos 70 metros.

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No son gigantes mi señor...

Apenas 1 kilómetro más adelante la pista gira bruscamente 180 grados y unos cuantas curvas después cogemos una senda a la derecha, enfilando por el barranco de Los Desesperados. El parque eólico queda a nuestra espalda y nos adentramos de nuevo en el bosque, en fuerte pendiente de bajada. El agradable viento de la sierra que nos ha acompañado durante las primeras horas del día hace rato que ha parado y caminamos penosamente por la pista bajo el riguroso sol de junio.

Grandes pilas de troncos se amontonan a las orillas del camino y vemos máquinas dedicadas a las labores de limpieza y aprovechamiento del pino. Llega el mediodía y en las casi 4 horas que llevamos de ruta no hemos encontrado un alma. Nos viene a la mente de nuevo el asunto de la despoblación y quizá una de las claves esté precisamente en esa gran extensión de pinares que dominan la zona. El siguiente pasaje extraído de la interesante web soria-goig nos cuenta un hecho revelador sobre el asunto:

...Otra zona de Sierra, en este caso la del Madero, fue depauperada a causa de la repoblación forestal, lo que hizo imposible que el elevado número de ganado caprino de la zona (unas 4.000), pudiera pastar. Castellanos, Lubia, Suellacabras, perdieron su población. Como nos dirían en Oncala "con el dinero de la venta de las ovejas compraron pisos en grandes ciudades y los chicos llevaban el sobre cada semana a casa. Por lo menos tenían ciertas seguridades". O en El Collado "es muy triste la soledad y aunque tengamos televisión pasamos casi todo el año solos". Aunque, soportando la presión de las altas instancias, algunos no vendieron sus tierras y no pasó nada, tal vez porque Patrimonio ya había conseguido suficientes. Por ejemplo a Santa Cecilia acuden cada año a cosechar...

El pinar queda atrás de momento y continuamos viaje; unos metros antes de cruzar la carretera comarcal SO-1205 que lleva a Trévago, la falta de señales nos aleja un poco de la línea del G.R. aunque sin graves consecuencias (12:50h).

Sin rastro de sombra subimos con esfuerzo hasta alcanzar el alto de la Dehesa. Para nuestro alivio, nos topamos con una pequeña fuente junto a un chozo de cazadores donde aprovechamos para hidratarnos y refrescarnos. Junto a la fuente un pequeño pilón donde, recordando aventuras pasadas, alguno hubiera deseado encontrar en el fondo unos litros de cervezas fresquitas.

Con las fuerzas recobradas seguimos avanzando hacia el norte entre más pinares y algunas tierras de labor. Al rato dejamos el camino y giramos a nuestra derecha por una senda que baja rápido por la cuenca del valle del río Alhama. El paisaje del páramo deja paso a la vegetación de ribera, huertos y frutales.

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En la villa de Magaña, con su fortaleza medieval al fondo.

A las 14:10h cruzamos el Alhama por un puente de piedra y entramos en Magaña, villa desde los tiempos de Alfonso VIII y que tuvo un pasado próspero. Se dice que en la Edad Media contaba con varios molinos, posada, hornos y hasta un batán. Era el centro de la comunidad de Villa y Tierra de Magaña. A día de hoy tiene poco más de 60 habitantes.

Desde la depresión del río remontamos hasta la plaza, junto a la iglesia de San Martín de Tours, y aprovechando la inercia hacemos la visita al castillo de la Nava del Marqués, enhiesta fortaleza medieval de reconocidad silueta levantada sobre un peñón dominando el valle del Alhama, que a pesar de haber sido invadida por la maleza aún conserva su torre del homenaje (de origen bereber) y doble recinto amurallado en un estado aceptable. En el recinto interior hay evidencias de una restauración reciente. De interés es también la ermita de la Virgen de Barruso situada en una de las laderas al pie del castillo y que por falta de tiempo no pudimos visitar.

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Posando despreocupados en lo alto del castillo. No hay enemigos a la vista.

Tras la breve visita entramos en el amplio bar-restaurante del pueblo, bar-restaurante buena ventura (recientemente renovado, por cierto). El cuerpo ya va pidiendo descanso y tras aposentarnos con alivio junto a la barra, pedimos con premura unas cervezas fresquitas a las que nos amorramos atropelladamente para aplacar nuestra tremenda sed. Vamos haciendo tiempo a que lleguen los 2 miembros restantes de nuestra aventura, Victor y Jarri, mientras en la cocina tienen a bien prepararnos unas suculentas raciones para comer, que en cuanto la mesa está servida devoramos sin compasión. Vamos sin prisa y la sobremesa se alarga pues queremos evitar el bochorno de las primeras horas de la tarde.

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Subiendo por el valle del río Montes.

Con bastante calor aún, reanudamos nuestra marcha a eso de las 6. Victor se une a los andarines, mientras que Jarri se acerca en furgoneta (con nuestros equipajes) hasta hasta Fuentes de Magaña. Bajando a la carretera cruzamos el río Montes y remontamos el valle por el que discurre. Subimos despacio sin librarnos aún del bochorno de esta calurosa jornada, pues dentro del valle no corre ni una brizna de viento. Por fín llegamos al alto y nos abrimos al páramo, en el llamado paraje de El Juncar (1130m). Alzando la vista ya divisamos al norte nuestro destino, Fuentes de Magaña, y el vecino pueblo de Cerbón a su derecha.

Bajando hacia el barranco de Miraflores aún tenemos tiempo para hacer una visita al yacimiento paleontológico, donde estudiamos con interés sus ignitas, huellas fosilizadas supuestamente de Saurópodos, parientes lejanos de la lagartija que anduvieron por estos lares unos cuantos millones de años antes que nosotros, allá por el período Cretácico. Colina arriba hay una formidable réplica de uno de estos bichos, magnifica para hacerse una idea de su aspecto y envergadura.

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Ignita aquí, ignita allá.

A las 19:20h entramos por fín a Fuentes de Magaña y allí nos está esperando Jarri pacientemente junto a la "fragoneta". De seguido nos dirigimos a nuestro hospedaje, el albergue Tierras Altas, un enorme casón a las afueras del pueblo, de doble planta y con capacidad de hasta 34 plazas. Las estancias son amplias y el interior moderno y funcional. Enrico, dueño del negocio, nos presenta las instalaciones y nos ayuda con diligencia a instalarnos. Ducha, manicura y al rato salimos a dar una vuelta por el pueblo.

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Recién llegados a Fuentes de Magaña.

No tardamos en instalarnos en el bar, regentado por el alcalde, a seguir nuestra dieta a base de cerveza. Al caer la noche y en el mismo bar damos cuenta de una opípara y bien merecida cena, pues tras el esfuerzo hay que recuperar energías. Al rato salimos a la fresca a degustar unos lujos asiáticos, como dice el capitán, y comentar los momentos estelares de la jornada. Como es costumbre al rato nos arrancamos a cantar, para "deleite" de los lugareños. Jesús nos propone una popular canción italiana del célebre Adriano Celentano que interpretamos a coro, en su versión española, como bien podemos. Incómodos por el frío de la noche y el cansancio acumulado, nos retiramos a una hora prudente (a eso de las 12 como la Cenicienta, aunque nadie denunció la pérdida de ningún zapato que nos conste)

De vuelta en el albergue, vencidos por el cansancio vamos directos a la piltra. Las chicas ocupan en una habitación doble y los sapiens de género masculino nos acuartelamos en una gran habitación de 12 plazas, que enseguida bautizamos como "valle del Roncal". En contra de toda previsión y a pesar de alguna que otra queja, los conciertos nocturnos no son especialmente intensos y la noche transcurre tranquila.

Y hasta aquí el relato la primera jornada de pateo por las Tierras Altas. Día de gran esfuerzo (nuestros GPS nos dan una lectura final de 32km recorridos, monte arriba y monte abajo) y mucho calor, pero a la vez mucha vitamina D y mucho disfrute.

Nos despedimos de momento, próximamente se publicará aquí la segunda parte de la historia que nos llevará a San Pedro Manrique, capital de la comarca, y con la promesa de hacer un tocho más corto para alivio del sufrido lector.

D. Alonso

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