martes, 9 de abril de 2019

Al Torruco o pico San Millán (2.131m)

6 de abril de 2019

Los valores que enaltecen al ser humano,
se manifiestan, en todo su esplendor,
en lo más alto.

(Club de montaña El Torruco)

Nos convoca hoy el Capitán en los montes Distercios, en pleno corazón de la Sierra de la Demanda. Su nombre se debe a un largo conflicto denominado “asunto de la demanda”, de nada menos que de tres siglos de duración, por la utilización de algunos de sus pastos y tierras. Pretendemos hollar el pico que se constituye en el techo de la provincia de Burgos, el pico de San Millán también conocido como el Torruco, pues de allí sale ese otro río Urbión que cede sus aguas al Ebro.

Sí, el primer descubrimiento del día es la existencia de este segundo río Urbión, tributario del río Tirón en la sierra de la demanda, y que como el que ya conocíamos en la sierra de Urbión, y que pasa por las Viniegras dejando sus aguas al Najerilla, acaba contribuyendo al caudal del Ebro.

Tras un marzo espectacular, estos primeros días del mes de abril, con frío y nieve en la mitad norte, por encima de los 900 metros, que nos recuerda más al invierno, no amedrentan a los diez aguerridos sanbures, que puntuales como un reloj suizo se presentan, tras el nada despreciable madrugón, a la hora convenida.

El autobús nos deja en el puerto del Manquillo, a medio camino entre Riocavado de la Sierra y Pineda de la Sierra; aunque podríamos haber salido de esta última localidad, esta treta nos evita unos 200m de desnivel extra, que como se verá luego son muy de agradecer.

Comenzamos pues sin dilación. Se intuye un día hosco. De momento no llueve ni nieva. Pero casi desde el origen, en la subida constante hacia el pico pisamos la nieve caída el día anterior. Hoy somos pocos y marchamos todos reunidos.

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De pronto una pareja de perdices nos sorprende con un vuelo de exhibición que nos sirve para animar la dura pendiente.

A la hora, más o menos, nos encontramos con la tesitura de desviarnos unos 400m para ver el nacimiento del río Arlanzón. Tras vencer alguna reticencia inicial, pues el día se está cerrando, decidimos visitarlo. Hace un rato que hemos comprobado que la nieve que pateamos tiene un espesor considerable, pero es aquí, yendo en búsqueda del nacedero, por un camino no señalado y no muy fácil de intuir, cuando confirmamos que la expedición de hoy va a ser propia de una jornada invernal, a pesar de estar ya en abril. Finalmente, encontramos la Fuente de Tañuelos que da origen al Arlanzón, y tras la foto de familia de rigor volvemos a la pista que traíamos para continuar la ruta.

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A partir de aquí reiniciamos la subida, intuyendo más que viendo un camino totalmente cubierto de nieve, y con la niebla echándose encima a medida que progresábamos. El día es invernal. La cosa pinta fría y hay que pertrecharse adecuadamente. Sin embargo, ha sido todo tan gradual que casi sin darnos cuenta ya no pensamos en parar para guarecernos un poco más y mejor, sino en tratar de alcanzar la cumbre cuanto antes para iniciar el descenso.

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Finalmente lo conseguimos sin mayores dificultades y sin necesidad de crampones, pero al tocar el vértice geodésico del San Millán, con sus 2.131m., parecería que los dioses hubiesen decidido ponernos a prueba: Una ventisca, in crescendo, con fuerte viento, apenas permite mantenernos en pie, mientras dispara con violencia partículas de hielo que nos alcanzan el rostro, y comienzan los síntomas de hipotermia sobre todo en las manos.

Día invernal, no. El día definitivamente se ha tornado infernal.

Por supuesto no pensamos ni en la foto de familia ni en el almuerzo, inicialmente previsto para cuando coronásemos el Torruco. Ahora, lo importante es salir de allí cuanto antes. Dudamos sobre si ponernos los crampones, pero prácticamente no vemos nada y tampoco estamos seguros de poder hacerlo en estas condiciones; así que marchamos tan precipitados que, al poco, tenemos que deshacer algunos de nuestros pasos hasta volver a la senda prevista.

Son momentos de inquietud y de un cierto desasosiego, pero tras la incómoda consulta a los instrumentos de localización, continuamos en este día ingrato y desapacible con el único pensamiento de avanzar hacia cotas más bajas que nos den un respiro. Incluso se apunta la posibilidad de volver sobre nuestros pasos al origen y abortar la misión, pero mantenemos la marcha.

Cuando por fin alcanzamos la majada de los Carneros, a los 1.630m, hacemos un tímido intento de meternos a dar cuenta del almuerzo, pero el tiempo es tan áspero y destemplado que decidimos proseguir.

Enseguida alcanzamos la siguiente majada Gárrula, a los 1.530m, desde la cual nos vamos en busca del arroyo Altuzarra para poder contemplar sus cascadas: El Salto Doble (34m), el Salto Medio (28m) y el Salto Chico (12m).

Hacemos el camino de bajada, justo en sentido contrario de lo recomendable, dado lo escarpado, pedregoso y resbaladizo del terreno; y máxime tras la nieve caída estos días…lo que unido a los kilómetros acumulados en este inclemente día, hace que no podamos disfrutar cómo se merecen de las cascadas del Altuzarra, ya que nos obliga a cruzarlo con frecuencia por sendas poco o nada marcadas.

Hasta que abandonamos el Altuzarra, el descenso se hace largo, pesado, sin piedad, con más de un culetazo por el légamo, las piedras y las hojas mojadas. A estas alturas de la jornada todavía nos queda una última subida pequeña pero matadora, para descender a continuación al río Urbión burgalés, que nos llevará, esta vez sí, con cierta comodidad hasta el refugio de Zárcia donde nos espera el autobús.

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Han sido más de siete de horas de un día de montaña de los de verdad, con todos sus ingredientes, que pasará a los anales de SanBur.

Para compensar, el autobús nos lleva a Pradoluengo, a casa Adela, donde unas judías rojas, de las que casi todos repetimos, nos ponen a tono para encarar la Semana Santa y las torrijas que ya asoman.

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Ya en casa, en San Esteban, tomando unas cervezas comentamos las anécdotas del día, y la posibilidad o no de repetir en verano el San Millán. Hay quien no lo tiene nada claro tras la experiencia vivida. Colofón de otro día de montaña sanbur para la memoria.

Nos vemos el viernes santo en la quedada!

Salud y montaña!
Eduardo Bas.
6Abr2019
(Fotografías: David Alonso)

Datos de la ruta:

  • Pico San Millán desde El Puerto del Manquillo hasta el área recreativa de Zárcia, 18,4km.
  • Participantes: 10 sanbures con sus correspondientes crampones y otro material de montaña.
  • Hora de salida/llegada: 8:25h/15:52h, cumbre en el pico San Millán: 11:30h.
  • Altitud máxima/mínima: 2131m/1040m.
  • Desnivel positivo/negativo: 721m/1091m.

jueves, 28 de marzo de 2019

Por la sierra de Costalago hasta La Torca

23 de marzo de 2019

“¡Primavera soriana, primavera
humilde como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!

(A. Machado).

Estrenamos la reciente entrada primavera con una excursión por la parte menos conocida del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, para lo que nos vamos hasta la burgalesa localidad de Navas del Pinar. Somos casi una treintena de sanbures los que hemos madrugado esta vez para completar el autobús que ha partido de El Burgo y que nos deja a la entrada de dicho pueblo, pues pretendemos atacar el parque natural por su punto más al norte y más occidental: el Pico de Nava o Pico Navas.

Y, efectivamente, de mañana y como primera tarea, nos enfrentamos sin mayores contemplaciones a la subida inmisericorde hasta este hito de la Sierra de Costalago o Sierra de Hontoria.

Tras un pequeño y ascendente paseo en el que dejamos a la derecha los restos de las canteras de caolín que dan un contraste peculiar y original de color al paisaje, nos enfrentamos con unos 200 metros de desnivel, casi verticales, que justifican el resuello en cuanto alcanzamos la cruz, que luce desde 1.929 ésta atalaya natural. La vista desde allí es espectacular, en día claro como el que tenemos hoy se distinguen los pueblos de los alrededores y hasta divisamos el san Millán, que será nuestro próximo objetivo dentro de unos días. Nos recreamos con la contemplación, ahora sí, y cautivados por la sensacional panorámica, aprovechamos para hacer una foto de familia.

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Y desde la cruz se ve, un poco separado, unos pocos metros más al este, el vértice geodésico que da fe de los 1.352 metros de altura en los que estamos. Iniciamos desde aquí un sugestivo paseo hacia el sur, cresteando la sierra de Costalago hasta alcanzar la elevación secundaria Cabeza el Aro, donde decidimos hacer la parada del almuerzo. Allí, en el suelo de una pequeña pradera, salen las viandas y los caldos en procesión en este día placentero de marzo, sin una nube y con unas temperaturas que nos recuerdan aquello de que cuando marzo mayea… ya veremos a ver si se cumple la segunda parte del refrán y en mayo nos marcea, aunque las temperaturas actuales no hacen barruntar nada bueno.

De repente nuestro capitán se da cuenta que el relajo es excesivo y que tenemos todavía mucha etapa que cubrir, por lo que da orden de imprimir ritmo a la marcha si no queremos desesperar a Evaristo que, con seguridad, estará ya con los preparativos previos, allá por Fuencaliente.

Seguimos por tanto disfrutando, desde lo alto, del valle de Costalago, que vamos dejando a la derecha, y que adquiere su máximo esplendor desde el conocido mirador, situado en un lugar privilegiado. Un cartel, algo desgastado por el tiempo, nos recuerda que por estos parajes, limítrofes entre Burgos y Soria, se movió como pez en el agua el Cura Merino, Jerónimo Merino, ese cura que se hizo guerrillero al ver lo mal que se comportaban los franceses durante la guerra de la Independencia con los habitantes del lugar.

Bajamos pues hacia el valle, donde en bucólica y envidiable estampa, sestean una veintena de vacas, y lo hacemos en busca del burgalés arroyo Mimbre que dejará sus aguas en el soriano río Pilde, haciéndonos así que cambiemos de provincia.

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Con las aguas del Pilde como guía llegamos a la carretera que, proveniente de Espejón y Espeja de San Marcelino, une Orillares con Muñecas y, como él, la cruzamos para, campo a través, llegarnos hasta el corto pero precioso cañon del Pilde con sus caprichosas y bonitas formas. Otra más de las pequeñas joyas de la jornada.

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Continuamos por el Pilde en busca del Convento de los Jerónimos de Guijosa, que dejaremos a la derecha, mientras vamos comentado la importancia que tuvo esta orden y sus “luchas” con la orden de los carmelitas, impulsada nada más y nada menos que por Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Y, a propósito de carmelitas y jerónimos, nos viene a las mientes Samaniego cuando nos contaba aquello de:

Con un robusto fraile carmelita
se confesaba un día una mocita
diciendo: -Yo me acuso, padre mío,
de que con lujurioso desvarío
he profanado el sexto mandamiento
estando con un fraile amancebada,
pero ya de mi culpa me arrepiento
y espero verme de ella perdonada.

-¡Válgame Dios!, el confesor responde,
encendido de cólera. ¿Hasta dónde
ha de llegar el vicio en las mujeres,
pues sacrílegos son ya sus placeres?
Si con algún seglar trato tuviera,
no tanta culpa fuera,
mas con un religioso... Diga, hermana:
¿qué encuentra en él su condición liviana?

La moza respondiole compungida:­
-Padre, hombre alguno no hallaré en vida
que tenga tal potencia:
sepa Su Reverencia
que mi fraile, después que me ha montado
trece veces al día, aún queda armado.

-¡Sopla!, dijo admirado el carmelita.
¡Buen provecho, hermanita!
De tal poder es propio tal desorden;
de once... sí... ya los tiene nuestra orden
cuando alguno se esfuerza...
¡pero, trece! ... Jerónimo es por fuerza.

Con estos versos y las reflexiones acerca de lo excesivo y exagerado del actual lenguaje inclusivo o no sexista, nos aproximamos a otra carretera que cruzar, esta vez la que une Guijosa con Muñecas.

A partir de ahí sólo nos queda encarar el último hito importante de la jornada, La Torca de Fuencaliente.

Aunque el objetivo está ya cerca, el camino poco o nada definido y el cansancio de los kilómetros que llevamos recorridos se hacen notar, y alguno requiere parada de recuperación para poder continuar. Al final nos reponemos y con más intuición que acierto damos con la sima objeto de mil leyendas y chascarrillos, pues esta apertura de la tierra con los 25 metros aproximadamente de diámetro de su boca y sus 100 metros de profundidad no visible, ha dado lugar a todo tipo de comentarios: que si las guerrillas atraían hasta aquí a las tropas francesas para arrojarlas a su fondo, que si los árabes lanzados a sus entrañas salían en África, que si la amante de Almanzor fue precipitada a la Torca… lo cierto y verdad es que se trata de un paraje de vista obligada que emociona e impresiona a partes iguales.

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Evaristo, que se ha acercado hasta aquí con el coche, se lleva a un par de sanbures hasta Fuencaliente, mientras el resto nos dirigimos ya al final de etapa con la satisfacción de haber transitado unos hitos, mitad burgaleses, mitad sorianos, pero de gran de belleza y sencillez.

En Fuencaliente, como se suponía, Evaristo Lapoza nos recibe con todo preparado y perfectamente en orden. No obstante, y para que no estorbemos nos manda al bar a por la cerveza reparadora, mientras él y su familia se encargan de la logística.

Una maravillosa comida al aire libre, en un día primaveral perfecto, en el frontón del pueblo de Fuencaliente del Burgo, sirven de marco inmejorable para la distendida charla, entre chuletas, pancetas y chorizos a la brasa, entrañablemente preparados por esta familia indisolublemente unida a este equipo sanbur.

Y tras la manduca, alguna partida de cartas, y Evaristo en su papel de avezado educador nos enseña su casa, así como su colección de enseres y bártulos propios de un tiempo ya pasado, aunque cercano para algunos de nosotros. Incluso nos muestra los devastadores efectos del ciclón que visitó Fuencaliente no ha mucho, junto con sus jugueteos con el arte de la poda.

Gracias Evaristo por tu generosidad y por este día imborrable que tanto tú como Ana Mari y Marce nos habéis regalado.

Eduardo Bas.
23Marzo2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Ascensión al pico del Cerrón

Aquí va una breve crónica de la ascensión invernal al pico del Cerrón (Sierra de Ayllón, 2199m) el 16 de febrero de 2019, saliendo desde Bocígano y acabando en El Cardoso de la Sierra.

La ruta bien la podríamos titular "SanBur programa una ascensión invernal a la cumbre del Cerrón... y les sale un día primaveral casi veraniego (conocida ley de Murphy)".

Sábado 16 de febrero de 2019, 13 montañeros sanbures inician una travesía por la Sierra de Ayllón, en tierras alcarreñas del norte de la provincia de Guadalajara, con el objetivo de alcanzar la cumbre del pico Cerrón de 2.197 metros de altitud.

La cita es de madrugada... la ruta se antoja y es exigente.

Los expedicionarios bien pertrechados del material de montaña imprescindible en esta época del año, crampones y piolet, observan agradecidos, ante el potente día anticiclónico, como el herraje se tiene que quedar en la mochila.

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Se cumple con el programa previsto iniciando la actividad en la localidad de Bocigano. Durante los primeros metros se salva un brutal desnivel que nos deja casi sin resuello. Pronto alcanzamos la cuerda de las Lomas del Picaño y poco a poco, "salvado toboganes", llegamos a la cota de los 1.900 metros. Merecido almuerzo regado con ricos caldos de nuestra Ribera y también de cosecha propia.

Continuamos... ahora toca pisar nieve, está de blandura y nos ralentiza la marcha; el brezo, oculto bajo la nieve, tampoco nos lo pone fácil.

Atención... en este momento es la "hora del Ángelus"!!!

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Por fin llegamos al collado del Agua Fría desde donde el Cerrón se nos muestra imponente. Al ataque!!!

Y cumbre... fotos, risas y cachondeito típico de celebración.

Destacar la importancia y utilidad de los sistemas de orientación (convencionales, mapa y brújula; y digitales, GPS) que vuelven a cumplir con su cometido.

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Completamos la travesía bajando hacia el pueblo de Cardoso de la Sierra que no vemos hasta que estamos encima de él y al igual que en el inicio de la ruta el desnivel, ahora de bajada, es brutal y nos obliga a "clavar uña".

Pero bueno, por fin llegamos al mesón El Tino y como viene siendo habitual al finalizar nuestras andanzas, reponemos líquidos y disfrutamos de potajes y viandas que quitan el sentido.

Otra vez que hemos hecho nuestras las máximas de Horacio... "Carpe Diem" y "Tempus fugit innesorabilis"

Salud y monte compañeros!!!

Vidal Lamata

Avance: prepárate para las próximas actividades montañeras y deportivas ¡Ya es primavera... en el club de montaña Sanbur!

  • Sábado 16 de marzo: campeonato de Castilla y León de campo a través adaptado, en San Esteban de Gormaz. ¡Abierta la inscripción a todos los corredores que deseen participar... anímate, apúntate y disfruta!!!

  • Sábado 23 de marzo: "entre páramos y simas", atractiva actividad senderista por la sierra de Costalago, subiremos el pico de la Nava y pasaremos por el Cañón río Pilde, el Monasterio Jerónimos y la Torca de Fuencaliente
    ¡Geografía, geología, historia, arte y etnología en estado puro!!!
    23,4km y ruta de dificultad media.

    Puedes reservar tu plaza ingresando 15 € (incluye bus y comida a la parrilla) en concepto de “FUENCALIENTE”, antes del martes 19 de marzo en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Sábado 6 de abril: ascensión al pico San Millán (2.131m), travesía por la Sierra de la Demanda, 15,3km y dificultad alta. Imprescindibles: crampones y piolet (o bastones nórdicos).

    Reserva tu plaza ingresando 15 € (bus) en concepto de “San Millán”, antes del jueves 4 de abril, en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Viernes "Santo" 19 de abril: tradicional 5ª quedada San Esteban de Gormaz - El Burgo de Osma (en breve daremos más información)

jueves, 24 de enero de 2019

De Santa Cruz de Yanguas a Almarza

19 de enero de 2019

“En la parda encina
y el yermo de piedra.
Cuando el sol tramonta,
el río despierta.
¡Oh montes lejanos
de malva y violeta!
En el aire en sombra
sólo el río suena.
¡Luna amoratada
de una tarde vieja,
en un campo frío,
más luna que tierra!

(A. Machado).

Vamos en esta ocasión a las Tierras Altas de Soria, a las sorianas Highlands, a encarar una etapa más del GR86 soriano; y lo hacemos además en época invernal, ya que, ahora sí, ha llegado el frío.

Sin madrugar mucho, nos juntamos un buen puñado de sanbures en el autobús grande, pues hay que recoger esta vez a más andarines, tanto en El Burgo como en Soria. Además, esta vez nos dirigimos al noreste provincial, pues tenemos como objetivo atravesar la Sierra de los Montes Claros, esa que se constituye en el preludio de la literaria Sierra del Alba.

Y claro, ¡cómo no!, nos acordamos de la obra de Avelino Hernández de título “La sierra del Alba”, cuya lectura es más que recomendable. Hay que decir que esta obra de Avelino, escrita a finales de los años 80 del siglo pasado, conmueve al retratar el hecho de la despoblación y casi desaparición de una treintena de pueblos en menos de 50 años.

por las calles desiertas del pueblo abandonado vaga por las noches el llanto afligido de una mujer... es la Sierra del Alba que llora porque no ha podido alimentar a sus hijos.
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Tanto es así que su lectura, años después, obsesionó de tal modo a Iñaki Ustarroz, que no podía pasar fin de semana sin acercarse a alguno de esos pueblos de los que hablaba “La Sierra del Alba”, para comprobar su existencia (o no existencia) y experimentar el vacío que se mete hasta los huesos en cuanto se pone pie en la tierra en cualquiera de ellos. Al final Iñaki no pudo evitar escribir sus experiencias por estos páramos en su obra “La Sierra desolada”.

Si la lectura de estos dos libros sorianos se te queda corta para ocupar estas tardes de invierno, pon también en tu mesilla “Por tierras de San Pedro” de Diego Rafael Cano García. Seguro que tampoco te dejan indiferente las aventuras y sucedidos que allí se cuentan.

En estos pensamientos andaba cuando veo que acabamos de coronar el puerto de Oncala y nos desviamos ya hacia Santa Cruz de Yanguas. La mañana no nos puede recibir mejor: un manto de nubes, a modo de bufanda natural, se desliza por lo alto de las laderas que sostienen unos cuantos molinillos eólicos, en estampa difícilmente repetible.

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Y ya en Santa Cruz iniciamos la andadura. No sin antes contemplar el estegosaurio que nos empequeñece, y que nos recuerda que lo que normalmente consideramos como historia, hablando de hace mil ó dos mil años, de los árabes o los romanos, es un juego de niños en estas tierras repletas de icnitas o huellas de vertebrado. Estas pisadas de dinosaurios llegan hasta la Rioja, para recordarnos que hubo vida aquí desde hace más de ciento cincuenta millones de años, allá por el jurásico.

Comienza la marcha barruntando un día de frío, aunque la subida, constante e inmisericorde, a pesar de transcurrir por la umbría nos hace sudar olvidándonos del tiempo. Vamos paseando, en natural procesión, por un espectacular hayedo, hasta coger un camino que nos recuerda la trashumancia de la que tanto saben estas sierras. Camino que nos hace alcanzar la cumbre de la sierra de Montes Claros, donde decidimos almorzar.

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Algunos, a los que la gazuza ya no les da más tregua, se han quedado un poco antes de la cumbre recordando la consigna de nuestro capitán:

Lo primero y principal,
oír misa y almorzar,
y si corre mucha prisa,
almorzar antes que a misa.

Como viene siendo costumbre, salen también en procesión los caldos de las mochilas, pudiendo dar fe que los caldos de Olmillos, de Morcuera, de Miño o de San Esteban no sólo se dejan beber –al decir de algunos- sino que además no tienen malicia ninguna.

Es ahora ya, con las viandas en la andorga, adecuadamente regadas, cuando se comienza a notar que el día se cierra y se confirman nuestras peores sospechas. Cresteamos pues a los 1700 metros de los Montes Claros en una endiablada marcha. Las melenas de María y de Barbis lucen cual carámbanos de hielo, y así continúan hasta que bajamos a cotas más indulgentes.

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El resto del camino trascurre ya con la esperanza de llegar a Almarza, disfrutando de la gran belleza de los acebos, algunos mostrando sus frutos en todo su esplendor. Parece mentira que pueda ser tóxica una planta de tanto brillo y de tan hermoso contraste entre sus hojas y sus frutos.

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Un par de desvíos temporales de la ruta previamente marcada, no impiden que recuperemos la perdida senda y alcancemos el bonito paraje del Molino del Tío Manuel, y así conseguir el objetivo de la jornada: Almarza.

Han sido algo más de 23km de buen ritmo para llegar al Cuatro Vientos de este bonito pueblo, a los pies del Puerto de Piqueras, que antaño fuese el límite del reino de Pamplona Allí nos espera un merecido y extraordinario menú a base de judías pintas y carrillada que devoramos sin compasión, mientras añoramos ya la próxima salida.

Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.

Las huellas de los que caminan juntos nunca se borran.

Eduardo Bas.
19Ene2019

domingo, 13 de enero de 2019

Socios de Sanbur 2019 y próxima ruta

Socios de SanBur a enero de 2019.

Un año más actualizamos el número de socios del club Sanbur, ¡ya sumamos 179 socios!

Y un recordatorio, el próximo sábado tenemos la primera ruta del año... tramo del G.R.86 desde Santa Cruz de Yanguas hasta Almarza, dentro de nuestro programa "quema esos antiestéticos michelines".

Atractiva actividad senderista, ideal para estas fechas, caminando y disfrutando entre acebos, hayas, huellas de dinosaurio y castros... y recordando a Avelino Hernández y su “Sierra del Alba” que nosotros surcaremos.

Ruta de DIFICULTAD MEDIA de 21,6km y considerable desnivel altimétrico, por la Sierra del Alba y los Montes Claros. Repondremos fuerzas en el “Bar Restaurante Cuatro Vientos” de Almarza, antes de volver a casa.

¡Aún estás a tiempo de apuntarte! ingresa 10 € (bus) en concepto de “G.R.” antes del viernes 18 de enero en nuestra cuenta de Unicaja España/Duero.

Nota para los federados: gustoso estará nuestro secretario de entregarte la Licencia Federativa 2019 en “FerreBike Mio Cid”, calle Mayor nº 31 de San Esteban.
Para todos los socios... como cada año, con fecha de 15 de enero se carga en cuenta la cuota anual de socio SanBur (10€) para 2019.

miércoles, 2 de enero de 2019

De Andaluz a Quintana Redonda

27 de diciembre de 2018

“En Quintana Redonda
los cantareros
hacen de tierra roja
cántaros negros".

Poca gente hay que al oír la palabra Andaluz piense en Soria, pero ahí está, cerca del Duero, esta localidad soriana, importante lugar de paso en tiempos de la reconquista. Su visible e impresionante portillo, llama poderosamente la atención de todo el que circula por sus alrededores.

Hacia allí vamos hoy, a consagrar el solsticio de invierno, en la tradicional ruta social navideña, los 17 sanbures que no han hecho pereza para salir del calor de las sábanas hacia el helador relente mañanero, nada despreciable, que nos recibe en la estación de autobuses. Por capacidad del autobús y por no haber reservado con antelación suficiente, tenemos que dejar en tierra a dos caminantes más, que se presentaron a la hora de salida en el lugar convenido. Aunque no es la primera vez que nos sucede, lamentamos este hecho mientras debemos recordar la conveniencia de avisar a nuestro guía al menos 48 horas antes de la expedición. En El Burgo recogemos a la oxomense Cristina y así completamos el grupo de la jornada.

Una vez en Andaluz y sin tener ocasión de contemplar su puente romano, nos dirigimos hacia su preciosa iglesia románica del siglo XII, dedicada a San Miguel Arcángel. Allí la luz del amanecer le confiere un cierto aspecto anaranjado y mágico.

Con ello iniciamos, realmente, el trayecto de hoy recordando, otra vez más, al gran Almanzor, en su postrero paso por el portillo de Andaluz. Mientras caminamos con el grupo mi mente se ausenta para escuchar:

Antes de llegar al portillo, nuevamente enfrente de un cerrillo preñado de vestigios romanos, el alcaide de la fortaleza roquera se adelanta a rendirme su homenaje. Leo en su faz mi propia muerte y su pavor al futuro y fingiendo fortaleza, para confortarle, le recrimino la presencia tan cercana de cabrones cristianos. No los habían descubierto en sus continuas exploraciones, pero me promete darles caza y mandármelos esclavos a Madinat Salim para mantenimiento de las murallas. Acepto gustoso sus razones y la pipa de hachís, que fumo con deleite ante la mirada suavemente indignada de mi primogénito (¿le preocupa mi salud o mi cumplimiento del ramadán?). Si todo lo que me hiere fuera este aromático y reconfortante hachís o el vigorizante vino que he consumido con deleite y moderación para escándalo de estúpidos e incultos intransigentes, ahora mismo virarían mis fuerzas para celebrar el aniversario de la toma de Santiago con un nuevo 2 de sabán; y volvería a purificarme adonde el Duero, bondadoso, se vierte para magnificar el mar.
Al cruzar este portillo, al traspasar esta puerta entre estos cantiles, con las buitreras en las crestas de la diestra, mis musulmanes aclamándome desde las almenas de la izquierda y yo, abajo, discurriendo por el centro, por la hondonada, junto al río de agua y al de los guerreros, siento que algo queda atrás. No es una entrada triunfal en Córdoba, en un poblado escenario urbano, pero el duro Almanzor se conmueve. ¿Será porque apenas distingo sus ropajes al aire y oigo sus gritos de loor y aliento pero presiento que sollozan quedamente?. ¿Es debilidad si se me humedece la vista ante el ulular de la victoria sobre el enemigo o antes ese otro clamor funesto e imperceptible para no molestar al caudillo moribundo? No conozco alabanzas más honestas, amor más sincero, que los que brotan de la humildad junto a un lecho de muerte.
En el umbral de estos parajes perdidos junto al fuerte risco, a orillas de este riachuelo que da por finalizada su vega y vierte su caudal, su energía en el río grande provocándome un escalofrío que alguien confunde con la fiebre., observando como mi noble ejercito ya enfila lentamente el estrecho puente romano que nos transporta al otro lado, a la ribera izquierda, civilizada y familiar, de este ubicuo río Duero, de esta muga fluvial, a mí, al gran caudillo invicto, al gran Almanzor, lo vencen los recuerdos y la nostalgia como no lo han conseguido durante décadas los perros cristianos y como no lo consigue ahora, aunque me lleve a la tumba, el cobarde veneno. Como este humilde río entrega las escasas fuerzas de su hora postrera, así las entrego yo; como este viejo río todavía es capaz de mirar atrás para enorgullecerse de la gran obra de su vigorosa juventud, la apertura del tremendo portillo, así miro yo al pasado para recordar y envalentonarme con las arduas tareas a las que me enfrenté y resolví con fortuna.
Pero que el pasado no se inmiscuya en mi meta: ¡Cruzar por última vez, definitivamente, el puente y llegar a Madinat Salim!. Llegar vivo a mi querida Madinat Salim, traspasar respirando, por última vez, su arco; y volver la vista atrás para contemplar, por última vez, el valle del Arbuxuelo, las luminosas salinas con las níveas, puras, veraniegas montañas de sal y al fondo, junto al manantial, la espesa mancha verde de mis jardines; oír por última vez, desde el lecho, la familiar llamada del almuecín de Madinat Salim… Y escribir rápidamente el testamento, instruir a mis hijos en sus obligaciones, indicarles las gestiones pertinentes en Córdoba… y preparar mi tumba, la tumba de Almanzor.

(Alberto Manrique)

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Efectivamente el relato, nos ha transportado al 1002, y nos deja un cierto escalofrío al evocar nuestro pasado árabe, pues imaginamos a Almanzor moribundo, caminando hacia Medinaceli, en sentido inverso al que llevamos hoy, en su paso por el portillo de Andaluz.

Vuelvo al grupo, que marcha a buen ritmo entre encinas, más bien carrascas, por un camino cómodo y bien marcado. Enseguida se propone parada para el almuerzo. Han sido unos diez kilómetros en compañía de Almanzor que se han pasado rápidamente. Entretanto el sol comenzaba a elevarse y calentar el día. Pronto cruzamos una explanada que, sorpresivamente ha respetado el camino que llevamos, y a cuyo final nos encontramos con un carasol de roble bajo en el que finalmente descargamos los macutos.

Allí nos conciliamos con la nueva bota de Tomás y el caldo con que la estrena, y rematamos con los turrones y chocolates de Vidal y de Pilar.

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Con las nuevas energías retomamos los otros casi 10 kilómetros que nos separan de Tardelcuende, el pueblo de gran tradición resinera donde naciera uno de sorianos más singulares que han dado estas tierras en el siglo XX: Juan Antonio Gaya Nuño. A él se debe uno de los pocos libros de obligada lectura para todo soriano: El Santero de San Saturio.

Juan Antonio es el autor de una frase que, con seguridad, es el del agrado de nuestro capitán, y que se ha popularizado en Soria: “las aguas del Urbión no se regalan en balde”, aunque lo que realmente dejó dicho es que “no se regalan en balde las nieves del Urbión”.

Sea como fuere, dejamos atrás robles y encinas, y ya entre pinos aprovechamos para invitar a todos los sanbures a que profundicen y se interesen por la figura de Gaya Nuño, cuya vida y obra no les dejará indiferentes. Y si alguno se atreve, le proponemos la lectura de su Tratado de Mendicidad; toda una gozada literaria.

Atravesamos Tardelcuende para continuar hacia nuestro destino de la jornada, no sin algún que otro reproche por no haber terminado aquí la etapa de hoy. Vidal nos comenta cómo no fue capaz de encontrar ningún sitio en Tardelcuende donde nos dieran de comer, y que por ello alargamos unos 6 kilómetros la excursión en la confianza de que el famoso cocido de los jueves del bar Las Piscinas de Quintana nos deje satisfechos.

Hacia allí nos dirigimos pues, paralelos a la línea del ferrocarril, entre los pinos que han dado merecida fama micológica a Quintana. Es un día limpio y claro, ideal para nuestro propósito andarín, y a pesar del cansancio que se empieza a notar intuimos ya el fin de etapa y el efecto reparador y balsámico de las cervezas que nos esperan.

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Efectivamente al llegar vemos al eficaz Evaristo esperándonos con los aperos de recambio en el coche escoba que nos ha acercado con puntualidad rigurosa.

En Quintana, nos trasportamos a la época romana, otros mil años más atrás que en Andaluz. No en vano aquí se encontró un casco romano con unos vasos y unos cuantos denarios que todavía pueden contemplarse en la Real Academia de la Historia. Estamos en zona de frontera, pero esta vez de frontera entre celtíberos y romanos, seguramente como parapeto o campo base para atacar Numancia y hacerse con su control.

No lejos de donde estamos, en Las Cuevas de Soria, se encuentra la villa romana de “La Dehesa”, del siglo IV AdC que bien merece visita aparte.

Antes de dar cuenta del cocido, unos pocos nos acercamos a la plaza de Quintana, donde vemos que han estado de cacería y descubrimos el triunfo de un buen ejemplar de jabalí.

Con ello el buen cocido en armonía y distensión que finaliza, como no puede ser de otro modo, con unos cánticos navideños y unas partidas de mus.

Nos despedimos de Quintana y de Evelio, uno de sus más conspicuos moradores, en otro día de júbilo y disfrute que nos anticipa un buen senderista año de 2019.

Por Roma y Por al-Andalus, ¡Feliz Año Nuevo a todos!

Eduardo Bas.
27Dic2018

lunes, 24 de diciembre de 2018

Al Urbión a poner el Belén

22 de diciembre de 2018

La hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y Urbión es una cimera.
(La tierra de Alvargonzález).

Un año más nuestro capitán nos convoca para subir al Urbión, para acudir a las tierras de Alvargonzález, para recordar a Machado, y para pasear por las montañas Distercias de nuestros antepasados celtas, de arévacos y pelendones. Se trata de mantener los usos y costumbres que animan a la sociedad soriana a subir al Urbión, el de las dos aguas buenas, antes de Nochebuena, para colocar el Belén, o simplemente dar origen al periodo navideño de esta particular manera: reverenciando, venerando y honrando a la madre Naturaleza y al padre Duero.

Avisa que en esta ocasión se necesitarán piolet y crampones, y nuestro secretario comienza su desventurada jornada al no encontrar los suyos, que dejó prestados a algún desaprensivo. Aunque le tranquilizamos llevándole un juego de repuesto, llega ajetreado, nervioso y excitado a la cita mañanera, quizá ayudado por un cafelito tardío.

Más tranquilo está el chofer que nos tiene que llevar al pie de la Laguna Negra, pues cuando le llamamos tratando de averiguar la causa de su retraso responde que pensaba que tenía que subirnos a las 7… pero de la tarde!. En fin, anécdotas sanbures para entretener la mañana. Finalmente aparece y subimos todos: Ángel, Miguel Ángel, José Luis, Agustín, Miguel con sus hijas Paula y Cecilia, Vidal, Ana y Carmen, el ínclito secretario y el que suscribe. Y en El Burgo recogemos a Blas. Un total de 13, pero como no somos supersticiosos comenzamos nuestra marcha.

Y nos vamos hacia la Laguna Negra, la más conocida de los circos glaciares del parque natural. Esta vez, a diferencia del año pasado en el que la helada carretera provocó algún que otro contratiempo de consideración, impidiendo iniciar la ascensión a quien esto escribe; esta vez, decía, subimos sin dificultad, aunque en cuanto ponemos el pie en tierra firme vemos el peligro de una capa fina de hielo que amenaza nuestra verticalidad.

En nada estamos en la Laguna Negra y el espectáculo, ayudado por una mañana de luz y temperatura envidiable, es grandioso. No nos cansaremos nunca de extasiarnos en la contemplación de Laguna Negra, con su muro de piedra y su natural y serenísima belleza. Y frente a la famosa leyenda de Alvargonzalez siempre preferiremos la que nos contaba Gervasio Manrique de la sirena que habita sus aguas, y que esperamos que algún día se nos aparezca para saludarla:

Hace centenares de años hubo una zagala del caserío de Santa Inés que deslumbraba por su candor a los pastores de estas montañas. Era cariñosa y gentil con cuantos la trataban… Pero todos envidiaban la prosperidad de su rebaño. Se atribuía al poder mágico de sus canciones.
Entonces estas sierras estaban pobladas de robles que ahora vemos tupidos de pinos. Al abrigo de los mismos, cantaba y cantaba mientras sus ovejas pacían amorosas las hierbas finas de las praderas hoy arboladas. En la solana de esta sierra, próximo a Santa Inés, en otro caserío llamado Valchivi, había un zagal que cuidaba de su ganado. Y lo mismo que la pastorcilla de ojos verdes, cantaba y cantaba compitiendo con ella en sus canciones. Pero los cantares de aquel joven, como varón, eran más briosos, más recios, más bravíos, más dominadores. Ella con los encantos de su dulzura y él con la varonía de su voz, se pasaban los días en desafío permanente mientras sus ganados pastaban hechizados con sus romanzas.
Y llegó el día que al destetar los corderos, éstos, atraídos por las potentes canciones del zagal, se pasaron del rebaño de la linda pastorcilla al de su rival.
La candorosa zagala se apesadumbró inconsolable con la pérdida de sus corderos. Y aún más por haber sido vencida por su contrincante.
A tal extremo llegó su desesperación, que un día, acongojada a la orilla de esta laguna, suplicó al dios Pan la convirtiera en sirena. Sus súplicas fueron oídas. Entonces, se sumergió en el abismo de este remanso. El color de sus ojos verdes lo tiñó con presura.
Y lo más curioso es que las noches claras de luna, aflora a la superficie y canta inconsolable el recuerdo de sus corderos huidos.

Como ya hiciésemos con el Urbión hace tres años, habría que acudir a Laguna Negra a la luz de la luna llena para saludar a nuestra sirena.

Tras despedirnos, comenzamos la ascensión al collado de la Majada Rubia. Vamos con precaución por si hay que ponerse o no los crampones. De momento avanzamos sin ellos.

Tras breve parada en el mirador, al coronar, el grupo, que esta vez era pequeño y manejable, se dispersa por sorpresa. El secretario, quien sabe si por el efecto del café, se va tras un trío de montañeros que nos adelantan, llevándose con él a Agustín, José Luis y Miguel Ángel; contraviniendo así las más elementales normas sanbures de convivencia montañera.

Mientras tanto el Capitán, bramando por la situación provocada por “los catedráticos” -en expresión suya- avanza con el resto de la tropa, no sin meternos en un canchal de importancia, del que salimos con coraje y determinación a pesar de llevar hoy a un discípulo recién operado, que provoca los reproches de Ana a nuestro guía.

Al cabo de un rato por fin reagrupamos la mesnada, y, como era de esperar, nuestro capitán trata de poner un poco de orden en este indisciplinado ejército. De poco le vale, pues al pronto, al atacar el tramo más comprometido de la jornada, de nuevo la liebre del día se nos va al rebufo de unos predecesores, y avanza hasta atravesar el paso. Mientras, Ángel, con paciencia numantina, va abriendo huella en la peligrosa ladera para que podamos pasar el resto de la expedición.

Nueva reagrupación, y ahora, Paula, que al decir de su padre tiene no sólo los genes sino también el genio de los de Villálvaro decide que hay que ponerse los crampones. Y hay que reconocerle lo acertado de su decisión, pues con los crampones se avanza con mayor seguridad.

Esto del carácter indómito de Paula me ha recordado aquella política provincial, de nombre Mª Jesús, de la que se afirmaba que precisamente por esa razón no podía llevar minifalda … pues se le verían los almendrucos… como al cura de Fuentecambrón:

Al cura de Fuentecambrón
se le ha roto la sotana,
se le ven los almendrucos
y el badajo de la campana.
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Pero bueno, por fin, conseguimos todos juntos y en armonía, y tras un pequeño almuerzo, alcanzar la base del Urbión, donde habitualmente “ponemos” el Belén, al pie de la cruz.

Coronamos, hollamos la cima del Urbión en un día irrepetible, extraordinario, sensacional, insólito y singular. Tanto es así, que por primera vez en más de 30 años, montamos el Belén en el pico en vez de en la base del Urbión. Es muy probable también que sea el año que más ha durado la representación escénica del Belén, pues ayudados por la climatología, el poco personal que nos encontramos arriba quiso unirse a nuestro jolgorio y compartir, fotos, chanzas y algún que otro trago de vino.

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Las vistas desde allí arriba del Moncayo, del mar de nubes que aparecen a nuestros pies, la perspectiva de nuestras Distercias, unido a la escasa afluencia de gente en la cumbre de esta ocasión…

Es la cumbre, por fin, la última cumbre.
Y mis ojos en torno hacen la ronda
y cantan el perfil, a la redonda,
de media España y su fanal de lumbre.
Leve es la tierra. Toda pesadumbre
se desvanece en cenital rotonda.
Y al beso y tacto de infinita onda
duermen tierras y valles su costumbre.
Geología yacente, sin más huellas
que una nostalgia trémula de aquellas
palmas de Dios palpando su relieve.
Pero algo, Urbión, no duerme en tu nevero,
que entre pañales de tu virgen nieve
sin cesar nace y llora el niño Duero.

G.Diego

Nos recreamos en la cumbre mucho más que de costumbre hasta que finalmente decidimos que toca ya abandonar el embelesamiento y tratar de bajar al nacimiento del río.

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Vamos pues a las fuentes del Duero, a ver al padre, y a bautizar a Cecilia, y con ella rebautizamos a Blas, y hasta a un riojano y otro asturiano que andaban por allí. Una vez más se repite la ancestral costumbre de un bautizo laico, mundano, montañero y sanbur, que une de por vida a quien lo goza con estas tierras del Urbión y con estas aguas del Duero, y por extensión con la Soria toda.

A la bajada, otro pequeño percance anecdótico, quizá debido al hecho de ser 13 los componentes de la peregrinación de hoy, pues la cabeza del grupo tira con tanta decisión que se rompe el grupo en dos, casi inicialmente. Y posteriormente el grupillo de cabeza se separa a su vez en otros dos grupúsculos, que afortunadamente alcanzan el bunker casi a la vez, y aprovechan para ir comadreando juntos hasta la Fuente del Berro, incluso filosofando sobre las líneas geométricas más adecuadas en esto de los paseos de montaña.

Final feliz pues en el autobús que nos estaba esperando en la Fuente en la que algunos aprovechan para acicalarse antes de llegar al restaurante Torreblanca de Duruelo, donde, una vez más, nos tratan a cuerpo de rey, primero con las cervezas reparadoras y a continuación las pochas con almejas y las carrilleras del Torreblanca, que merecen mención aparte.

Para la ocasión, nuestro secretario se nos ha puesto una camiseta que reza que el vino salvará el mundo, de la que nos ha prometido ejemplar en la próxima tacada. También luce un In vino veritas, recordando a Plinio el Viejo pero olvidando a propósito la segunda parte de la sentencia: in aqua sanitas. Así que así sea y que el vino nos salve.

Tras la comida José Luis cambia hoy el mus por el guiñote soriano mientras el resto se emplean en los villancicos típicos de la época, en otra jornada digna de enmarcar en nuestra memoria.

Confiemos que el espíritu navideño impregne las almas y las conciencias de todos los sanbures, para encarar con alegría e ilusión las nuevas aventuras de 2019.

Que así sea. Féliz Navidad a todos!

Eduardo Bas.
23Dic2018