jueves, 28 de febrero de 2019

Ascensión al pico del Cerrón

Aquí va una breve crónica de la ascensión invernal al pico del Cerrón (Sierra de Ayllón, 2199m) el 16 de febrero de 2019, saliendo desde Bocígano y acabando en El Cardoso de la Sierra.

La ruta bien la podríamos titular "SanBur programa una ascensión invernal a la cumbre del Cerrón... y les sale un día primaveral casi veraniego (conocida ley de Murphy)".

Sábado 16 de febrero de 2019, 13 montañeros sanbures inician una travesía por la Sierra de Ayllón, en tierras alcarreñas del norte de la provincia de Guadalajara, con el objetivo de alcanzar la cumbre del pico Cerrón de 2.197 metros de altitud.

La cita es de madrugada... la ruta se antoja y es exigente.

Los expedicionarios bien pertrechados del material de montaña imprescindible en esta época del año, crampones y piolet, observan agradecidos, ante el potente día anticiclónico, como el herraje se tiene que quedar en la mochila.

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Se cumple con el programa previsto iniciando la actividad en la localidad de Bocigano. Durante los primeros metros se salva un brutal desnivel que nos deja casi sin resuello. Pronto alcanzamos la cuerda de las Lomas del Picaño y poco a poco, "salvado toboganes", llegamos a la cota de los 1.900 metros. Merecido almuerzo regado con ricos caldos de nuestra Ribera y también de cosecha propia.

Continuamos... ahora toca pisar nieve, está de blandura y nos ralentiza la marcha; el brezo, oculto bajo la nieve, tampoco nos lo pone fácil.

Atención... en este momento es la "hora del Ángelus"!!!

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Por fin llegamos al collado del Agua Fría desde donde el Cerrón se nos muestra imponente. Al ataque!!!

Y cumbre... fotos, risas y cachondeito típico de celebración.

Destacar la importancia y utilidad de los sistemas de orientación (convencionales, mapa y brújula; y digitales, GPS) que vuelven a cumplir con su cometido.

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Completamos la travesía bajando hacia el pueblo de Cardoso de la Sierra que no vemos hasta que estamos encima de él y al igual que en el inicio de la ruta el desnivel, ahora de bajada, es brutal y nos obliga a "clavar uña".

Pero bueno, por fin llegamos al mesón El Tino y como viene siendo habitual al finalizar nuestras andanzas, reponemos líquidos y disfrutamos de potajes y viandas que quitan el sentido.

Otra vez que hemos hecho nuestras las máximas de Horacio... "Carpe Diem" y "Tempus fugit innesorabilis"

Salud y monte compañeros!!!

Vidal Lamata

Avance: prepárate para las próximas actividades montañeras y deportivas ¡Ya es primavera... en el club de montaña Sanbur!

  • Sábado 16 de marzo: campeonato de Castilla y León de campo a través adaptado, en San Esteban de Gormaz. ¡Abierta la inscripción a todos los corredores que deseen participar... anímate, apúntate y disfruta!!!

  • Sábado 23 de marzo: "entre páramos y simas", atractiva actividad senderista por la sierra de Costalago, subiremos el pico de la Nava y pasaremos por el Cañón río Pilde, el Monasterio Jerónimos y la Torca de Fuencaliente
    ¡Geografía, geología, historia, arte y etnología en estado puro!!!
    23,4km y ruta de dificultad media.

    Puedes reservar tu plaza ingresando 15 € (incluye bus y comida a la parrilla) en concepto de “FUENCALIENTE”, antes del martes 19 de marzo en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Sábado 6 de abril: ascensión al pico San Millán (2.131m), travesía por la Sierra de la Demanda, 15,3km y dificultad alta. Imprescindibles: crampones y piolet (o bastones nórdicos).

    Reserva tu plaza ingresando 15 € (bus) en concepto de “San Millán”, antes del jueves 4 de abril, en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Viernes "Santo" 19 de abril: tradicional 5ª quedada San Esteban de Gormaz - El Burgo de Osma (en breve daremos más información)

jueves, 24 de enero de 2019

De Santa Cruz de Yanguas a Almarza

19 de enero de 2019

“En la parda encina
y el yermo de piedra.
Cuando el sol tramonta,
el río despierta.
¡Oh montes lejanos
de malva y violeta!
En el aire en sombra
sólo el río suena.
¡Luna amoratada
de una tarde vieja,
en un campo frío,
más luna que tierra!

(A. Machado).

Vamos en esta ocasión a las Tierras Altas de Soria, a las sorianas Highlands, a encarar una etapa más del GR86 soriano; y lo hacemos además en época invernal, ya que, ahora sí, ha llegado el frío.

Sin madrugar mucho, nos juntamos un buen puñado de sanbures en el autobús grande, pues hay que recoger esta vez a más andarines, tanto en El Burgo como en Soria. Además, esta vez nos dirigimos al noreste provincial, pues tenemos como objetivo atravesar la Sierra de los Montes Claros, esa que se constituye en el preludio de la literaria Sierra del Alba.

Y claro, ¡cómo no!, nos acordamos de la obra de Avelino Hernández de título “La sierra del Alba”, cuya lectura es más que recomendable. Hay que decir que esta obra de Avelino, escrita a finales de los años 80 del siglo pasado, conmueve al retratar el hecho de la despoblación y casi desaparición de una treintena de pueblos en menos de 50 años.

por las calles desiertas del pueblo abandonado vaga por las noches el llanto afligido de una mujer... es la Sierra del Alba que llora porque no ha podido alimentar a sus hijos.
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Tanto es así que su lectura, años después, obsesionó de tal modo a Iñaki Ustarroz, que no podía pasar fin de semana sin acercarse a alguno de esos pueblos de los que hablaba “La Sierra del Alba”, para comprobar su existencia (o no existencia) y experimentar el vacío que se mete hasta los huesos en cuanto se pone pie en la tierra en cualquiera de ellos. Al final Iñaki no pudo evitar escribir sus experiencias por estos páramos en su obra “La Sierra desolada”.

Si la lectura de estos dos libros sorianos se te queda corta para ocupar estas tardes de invierno, pon también en tu mesilla “Por tierras de San Pedro” de Diego Rafael Cano García. Seguro que tampoco te dejan indiferente las aventuras y sucedidos que allí se cuentan.

En estos pensamientos andaba cuando veo que acabamos de coronar el puerto de Oncala y nos desviamos ya hacia Santa Cruz de Yanguas. La mañana no nos puede recibir mejor: un manto de nubes, a modo de bufanda natural, se desliza por lo alto de las laderas que sostienen unos cuantos molinillos eólicos, en estampa difícilmente repetible.

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Y ya en Santa Cruz iniciamos la andadura. No sin antes contemplar el estegosaurio que nos empequeñece, y que nos recuerda que lo que normalmente consideramos como historia, hablando de hace mil ó dos mil años, de los árabes o los romanos, es un juego de niños en estas tierras repletas de icnitas o huellas de vertebrado. Estas pisadas de dinosaurios llegan hasta la Rioja, para recordarnos que hubo vida aquí desde hace más de ciento cincuenta millones de años, allá por el jurásico.

Comienza la marcha barruntando un día de frío, aunque la subida, constante e inmisericorde, a pesar de transcurrir por la umbría nos hace sudar olvidándonos del tiempo. Vamos paseando, en natural procesión, por un espectacular hayedo, hasta coger un camino que nos recuerda la trashumancia de la que tanto saben estas sierras. Camino que nos hace alcanzar la cumbre de la sierra de Montes Claros, donde decidimos almorzar.

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Algunos, a los que la gazuza ya no les da más tregua, se han quedado un poco antes de la cumbre recordando la consigna de nuestro capitán:

Lo primero y principal,
oír misa y almorzar,
y si corre mucha prisa,
almorzar antes que a misa.

Como viene siendo costumbre, salen también en procesión los caldos de las mochilas, pudiendo dar fe que los caldos de Olmillos, de Morcuera, de Miño o de San Esteban no sólo se dejan beber –al decir de algunos- sino que además no tienen malicia ninguna.

Es ahora ya, con las viandas en la andorga, adecuadamente regadas, cuando se comienza a notar que el día se cierra y se confirman nuestras peores sospechas. Cresteamos pues a los 1700 metros de los Montes Claros en una endiablada marcha. Las melenas de María y de Barbis lucen cual carámbanos de hielo, y así continúan hasta que bajamos a cotas más indulgentes.

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El resto del camino trascurre ya con la esperanza de llegar a Almarza, disfrutando de la gran belleza de los acebos, algunos mostrando sus frutos en todo su esplendor. Parece mentira que pueda ser tóxica una planta de tanto brillo y de tan hermoso contraste entre sus hojas y sus frutos.

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Un par de desvíos temporales de la ruta previamente marcada, no impiden que recuperemos la perdida senda y alcancemos el bonito paraje del Molino del Tío Manuel, y así conseguir el objetivo de la jornada: Almarza.

Han sido algo más de 23km de buen ritmo para llegar al Cuatro Vientos de este bonito pueblo, a los pies del Puerto de Piqueras, que antaño fuese el límite del reino de Pamplona Allí nos espera un merecido y extraordinario menú a base de judías pintas y carrillada que devoramos sin compasión, mientras añoramos ya la próxima salida.

Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.

Las huellas de los que caminan juntos nunca se borran.

Eduardo Bas.
19Ene2019

domingo, 13 de enero de 2019

Socios de Sanbur 2019 y próxima ruta

Socios de SanBur a enero de 2019.

Un año más actualizamos el número de socios del club Sanbur, ¡ya sumamos 179 socios!

Y un recordatorio, el próximo sábado tenemos la primera ruta del año... tramo del G.R.86 desde Santa Cruz de Yanguas hasta Almarza, dentro de nuestro programa "quema esos antiestéticos michelines".

Atractiva actividad senderista, ideal para estas fechas, caminando y disfrutando entre acebos, hayas, huellas de dinosaurio y castros... y recordando a Avelino Hernández y su “Sierra del Alba” que nosotros surcaremos.

Ruta de DIFICULTAD MEDIA de 21,6km y considerable desnivel altimétrico, por la Sierra del Alba y los Montes Claros. Repondremos fuerzas en el “Bar Restaurante Cuatro Vientos” de Almarza, antes de volver a casa.

¡Aún estás a tiempo de apuntarte! ingresa 10 € (bus) en concepto de “G.R.” antes del viernes 18 de enero en nuestra cuenta de Unicaja España/Duero.

Nota para los federados: gustoso estará nuestro secretario de entregarte la Licencia Federativa 2019 en “FerreBike Mio Cid”, calle Mayor nº 31 de San Esteban.
Para todos los socios... como cada año, con fecha de 15 de enero se carga en cuenta la cuota anual de socio SanBur (10€) para 2019.

miércoles, 2 de enero de 2019

De Andaluz a Quintana Redonda

27 de diciembre de 2018

“En Quintana Redonda
los cantareros
hacen de tierra roja
cántaros negros".

Poca gente hay que al oír la palabra Andaluz piense en Soria, pero ahí está, cerca del Duero, esta localidad soriana, importante lugar de paso en tiempos de la reconquista. Su visible e impresionante portillo, llama poderosamente la atención de todo el que circula por sus alrededores.

Hacia allí vamos hoy, a consagrar el solsticio de invierno, en la tradicional ruta social navideña, los 17 sanbures que no han hecho pereza para salir del calor de las sábanas hacia el helador relente mañanero, nada despreciable, que nos recibe en la estación de autobuses. Por capacidad del autobús y por no haber reservado con antelación suficiente, tenemos que dejar en tierra a dos caminantes más, que se presentaron a la hora de salida en el lugar convenido. Aunque no es la primera vez que nos sucede, lamentamos este hecho mientras debemos recordar la conveniencia de avisar a nuestro guía al menos 48 horas antes de la expedición. En El Burgo recogemos a la oxomense Cristina y así completamos el grupo de la jornada.

Una vez en Andaluz y sin tener ocasión de contemplar su puente romano, nos dirigimos hacia su preciosa iglesia románica del siglo XII, dedicada a San Miguel Arcángel. Allí la luz del amanecer le confiere un cierto aspecto anaranjado y mágico.

Con ello iniciamos, realmente, el trayecto de hoy recordando, otra vez más, al gran Almanzor, en su postrero paso por el portillo de Andaluz. Mientras caminamos con el grupo mi mente se ausenta para escuchar:

Antes de llegar al portillo, nuevamente enfrente de un cerrillo preñado de vestigios romanos, el alcaide de la fortaleza roquera se adelanta a rendirme su homenaje. Leo en su faz mi propia muerte y su pavor al futuro y fingiendo fortaleza, para confortarle, le recrimino la presencia tan cercana de cabrones cristianos. No los habían descubierto en sus continuas exploraciones, pero me promete darles caza y mandármelos esclavos a Madinat Salim para mantenimiento de las murallas. Acepto gustoso sus razones y la pipa de hachís, que fumo con deleite ante la mirada suavemente indignada de mi primogénito (¿le preocupa mi salud o mi cumplimiento del ramadán?). Si todo lo que me hiere fuera este aromático y reconfortante hachís o el vigorizante vino que he consumido con deleite y moderación para escándalo de estúpidos e incultos intransigentes, ahora mismo virarían mis fuerzas para celebrar el aniversario de la toma de Santiago con un nuevo 2 de sabán; y volvería a purificarme adonde el Duero, bondadoso, se vierte para magnificar el mar.
Al cruzar este portillo, al traspasar esta puerta entre estos cantiles, con las buitreras en las crestas de la diestra, mis musulmanes aclamándome desde las almenas de la izquierda y yo, abajo, discurriendo por el centro, por la hondonada, junto al río de agua y al de los guerreros, siento que algo queda atrás. No es una entrada triunfal en Córdoba, en un poblado escenario urbano, pero el duro Almanzor se conmueve. ¿Será porque apenas distingo sus ropajes al aire y oigo sus gritos de loor y aliento pero presiento que sollozan quedamente?. ¿Es debilidad si se me humedece la vista ante el ulular de la victoria sobre el enemigo o antes ese otro clamor funesto e imperceptible para no molestar al caudillo moribundo? No conozco alabanzas más honestas, amor más sincero, que los que brotan de la humildad junto a un lecho de muerte.
En el umbral de estos parajes perdidos junto al fuerte risco, a orillas de este riachuelo que da por finalizada su vega y vierte su caudal, su energía en el río grande provocándome un escalofrío que alguien confunde con la fiebre., observando como mi noble ejercito ya enfila lentamente el estrecho puente romano que nos transporta al otro lado, a la ribera izquierda, civilizada y familiar, de este ubicuo río Duero, de esta muga fluvial, a mí, al gran caudillo invicto, al gran Almanzor, lo vencen los recuerdos y la nostalgia como no lo han conseguido durante décadas los perros cristianos y como no lo consigue ahora, aunque me lleve a la tumba, el cobarde veneno. Como este humilde río entrega las escasas fuerzas de su hora postrera, así las entrego yo; como este viejo río todavía es capaz de mirar atrás para enorgullecerse de la gran obra de su vigorosa juventud, la apertura del tremendo portillo, así miro yo al pasado para recordar y envalentonarme con las arduas tareas a las que me enfrenté y resolví con fortuna.
Pero que el pasado no se inmiscuya en mi meta: ¡Cruzar por última vez, definitivamente, el puente y llegar a Madinat Salim!. Llegar vivo a mi querida Madinat Salim, traspasar respirando, por última vez, su arco; y volver la vista atrás para contemplar, por última vez, el valle del Arbuxuelo, las luminosas salinas con las níveas, puras, veraniegas montañas de sal y al fondo, junto al manantial, la espesa mancha verde de mis jardines; oír por última vez, desde el lecho, la familiar llamada del almuecín de Madinat Salim… Y escribir rápidamente el testamento, instruir a mis hijos en sus obligaciones, indicarles las gestiones pertinentes en Córdoba… y preparar mi tumba, la tumba de Almanzor.

(Alberto Manrique)

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Efectivamente el relato, nos ha transportado al 1002, y nos deja un cierto escalofrío al evocar nuestro pasado árabe, pues imaginamos a Almanzor moribundo, caminando hacia Medinaceli, en sentido inverso al que llevamos hoy, en su paso por el portillo de Andaluz.

Vuelvo al grupo, que marcha a buen ritmo entre encinas, más bien carrascas, por un camino cómodo y bien marcado. Enseguida se propone parada para el almuerzo. Han sido unos diez kilómetros en compañía de Almanzor que se han pasado rápidamente. Entretanto el sol comenzaba a elevarse y calentar el día. Pronto cruzamos una explanada que, sorpresivamente ha respetado el camino que llevamos, y a cuyo final nos encontramos con un carasol de roble bajo en el que finalmente descargamos los macutos.

Allí nos conciliamos con la nueva bota de Tomás y el caldo con que la estrena, y rematamos con los turrones y chocolates de Vidal y de Pilar.

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Con las nuevas energías retomamos los otros casi 10 kilómetros que nos separan de Tardelcuende, el pueblo de gran tradición resinera donde naciera uno de sorianos más singulares que han dado estas tierras en el siglo XX: Juan Antonio Gaya Nuño. A él se debe uno de los pocos libros de obligada lectura para todo soriano: El Santero de San Saturio.

Juan Antonio es el autor de una frase que, con seguridad, es el del agrado de nuestro capitán, y que se ha popularizado en Soria: “las aguas del Urbión no se regalan en balde”, aunque lo que realmente dejó dicho es que “no se regalan en balde las nieves del Urbión”.

Sea como fuere, dejamos atrás robles y encinas, y ya entre pinos aprovechamos para invitar a todos los sanbures a que profundicen y se interesen por la figura de Gaya Nuño, cuya vida y obra no les dejará indiferentes. Y si alguno se atreve, le proponemos la lectura de su Tratado de Mendicidad; toda una gozada literaria.

Atravesamos Tardelcuende para continuar hacia nuestro destino de la jornada, no sin algún que otro reproche por no haber terminado aquí la etapa de hoy. Vidal nos comenta cómo no fue capaz de encontrar ningún sitio en Tardelcuende donde nos dieran de comer, y que por ello alargamos unos 6 kilómetros la excursión en la confianza de que el famoso cocido de los jueves del bar Las Piscinas de Quintana nos deje satisfechos.

Hacia allí nos dirigimos pues, paralelos a la línea del ferrocarril, entre los pinos que han dado merecida fama micológica a Quintana. Es un día limpio y claro, ideal para nuestro propósito andarín, y a pesar del cansancio que se empieza a notar intuimos ya el fin de etapa y el efecto reparador y balsámico de las cervezas que nos esperan.

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Efectivamente al llegar vemos al eficaz Evaristo esperándonos con los aperos de recambio en el coche escoba que nos ha acercado con puntualidad rigurosa.

En Quintana, nos trasportamos a la época romana, otros mil años más atrás que en Andaluz. No en vano aquí se encontró un casco romano con unos vasos y unos cuantos denarios que todavía pueden contemplarse en la Real Academia de la Historia. Estamos en zona de frontera, pero esta vez de frontera entre celtíberos y romanos, seguramente como parapeto o campo base para atacar Numancia y hacerse con su control.

No lejos de donde estamos, en Las Cuevas de Soria, se encuentra la villa romana de “La Dehesa”, del siglo IV AdC que bien merece visita aparte.

Antes de dar cuenta del cocido, unos pocos nos acercamos a la plaza de Quintana, donde vemos que han estado de cacería y descubrimos el triunfo de un buen ejemplar de jabalí.

Con ello el buen cocido en armonía y distensión que finaliza, como no puede ser de otro modo, con unos cánticos navideños y unas partidas de mus.

Nos despedimos de Quintana y de Evelio, uno de sus más conspicuos moradores, en otro día de júbilo y disfrute que nos anticipa un buen senderista año de 2019.

Por Roma y Por al-Andalus, ¡Feliz Año Nuevo a todos!

Eduardo Bas.
27Dic2018

lunes, 24 de diciembre de 2018

Al Urbión a poner el Belén

22 de diciembre de 2018

La hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y Urbión es una cimera.
(La tierra de Alvargonzález).

Un año más nuestro capitán nos convoca para subir al Urbión, para acudir a las tierras de Alvargonzález, para recordar a Machado, y para pasear por las montañas Distercias de nuestros antepasados celtas, de arévacos y pelendones. Se trata de mantener los usos y costumbres que animan a la sociedad soriana a subir al Urbión, el de las dos aguas buenas, antes de Nochebuena, para colocar el Belén, o simplemente dar origen al periodo navideño de esta particular manera: reverenciando, venerando y honrando a la madre Naturaleza y al padre Duero.

Avisa que en esta ocasión se necesitarán piolet y crampones, y nuestro secretario comienza su desventurada jornada al no encontrar los suyos, que dejó prestados a algún desaprensivo. Aunque le tranquilizamos llevándole un juego de repuesto, llega ajetreado, nervioso y excitado a la cita mañanera, quizá ayudado por un cafelito tardío.

Más tranquilo está el chofer que nos tiene que llevar al pie de la Laguna Negra, pues cuando le llamamos tratando de averiguar la causa de su retraso responde que pensaba que tenía que subirnos a las 7… pero de la tarde!. En fin, anécdotas sanbures para entretener la mañana. Finalmente aparece y subimos todos: Ángel, Miguel Ángel, José Luis, Agustín, Miguel con sus hijas Paula y Cecilia, Vidal, Ana y Carmen, el ínclito secretario y el que suscribe. Y en El Burgo recogemos a Blas. Un total de 13, pero como no somos supersticiosos comenzamos nuestra marcha.

Y nos vamos hacia la Laguna Negra, la más conocida de los circos glaciares del parque natural. Esta vez, a diferencia del año pasado en el que la helada carretera provocó algún que otro contratiempo de consideración, impidiendo iniciar la ascensión a quien esto escribe; esta vez, decía, subimos sin dificultad, aunque en cuanto ponemos el pie en tierra firme vemos el peligro de una capa fina de hielo que amenaza nuestra verticalidad.

En nada estamos en la Laguna Negra y el espectáculo, ayudado por una mañana de luz y temperatura envidiable, es grandioso. No nos cansaremos nunca de extasiarnos en la contemplación de Laguna Negra, con su muro de piedra y su natural y serenísima belleza. Y frente a la famosa leyenda de Alvargonzalez siempre preferiremos la que nos contaba Gervasio Manrique de la sirena que habita sus aguas, y que esperamos que algún día se nos aparezca para saludarla:

Hace centenares de años hubo una zagala del caserío de Santa Inés que deslumbraba por su candor a los pastores de estas montañas. Era cariñosa y gentil con cuantos la trataban… Pero todos envidiaban la prosperidad de su rebaño. Se atribuía al poder mágico de sus canciones.
Entonces estas sierras estaban pobladas de robles que ahora vemos tupidos de pinos. Al abrigo de los mismos, cantaba y cantaba mientras sus ovejas pacían amorosas las hierbas finas de las praderas hoy arboladas. En la solana de esta sierra, próximo a Santa Inés, en otro caserío llamado Valchivi, había un zagal que cuidaba de su ganado. Y lo mismo que la pastorcilla de ojos verdes, cantaba y cantaba compitiendo con ella en sus canciones. Pero los cantares de aquel joven, como varón, eran más briosos, más recios, más bravíos, más dominadores. Ella con los encantos de su dulzura y él con la varonía de su voz, se pasaban los días en desafío permanente mientras sus ganados pastaban hechizados con sus romanzas.
Y llegó el día que al destetar los corderos, éstos, atraídos por las potentes canciones del zagal, se pasaron del rebaño de la linda pastorcilla al de su rival.
La candorosa zagala se apesadumbró inconsolable con la pérdida de sus corderos. Y aún más por haber sido vencida por su contrincante.
A tal extremo llegó su desesperación, que un día, acongojada a la orilla de esta laguna, suplicó al dios Pan la convirtiera en sirena. Sus súplicas fueron oídas. Entonces, se sumergió en el abismo de este remanso. El color de sus ojos verdes lo tiñó con presura.
Y lo más curioso es que las noches claras de luna, aflora a la superficie y canta inconsolable el recuerdo de sus corderos huidos.

Como ya hiciésemos con el Urbión hace tres años, habría que acudir a Laguna Negra a la luz de la luna llena para saludar a nuestra sirena.

Tras despedirnos, comenzamos la ascensión al collado de la Majada Rubia. Vamos con precaución por si hay que ponerse o no los crampones. De momento avanzamos sin ellos.

Tras breve parada en el mirador, al coronar, el grupo, que esta vez era pequeño y manejable, se dispersa por sorpresa. El secretario, quien sabe si por el efecto del café, se va tras un trío de montañeros que nos adelantan, llevándose con él a Agustín, José Luis y Miguel Ángel; contraviniendo así las más elementales normas sanbures de convivencia montañera.

Mientras tanto el Capitán, bramando por la situación provocada por “los catedráticos” -en expresión suya- avanza con el resto de la tropa, no sin meternos en un canchal de importancia, del que salimos con coraje y determinación a pesar de llevar hoy a un discípulo recién operado, que provoca los reproches de Ana a nuestro guía.

Al cabo de un rato por fin reagrupamos la mesnada, y, como era de esperar, nuestro capitán trata de poner un poco de orden en este indisciplinado ejército. De poco le vale, pues al pronto, al atacar el tramo más comprometido de la jornada, de nuevo la liebre del día se nos va al rebufo de unos predecesores, y avanza hasta atravesar el paso. Mientras, Ángel, con paciencia numantina, va abriendo huella en la peligrosa ladera para que podamos pasar el resto de la expedición.

Nueva reagrupación, y ahora, Paula, que al decir de su padre tiene no sólo los genes sino también el genio de los de Villálvaro decide que hay que ponerse los crampones. Y hay que reconocerle lo acertado de su decisión, pues con los crampones se avanza con mayor seguridad.

Esto del carácter indómito de Paula me ha recordado aquella política provincial, de nombre Mª Jesús, de la que se afirmaba que precisamente por esa razón no podía llevar minifalda … pues se le verían los almendrucos… como al cura de Fuentecambrón:

Al cura de Fuentecambrón
se le ha roto la sotana,
se le ven los almendrucos
y el badajo de la campana.
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Pero bueno, por fin, conseguimos todos juntos y en armonía, y tras un pequeño almuerzo, alcanzar la base del Urbión, donde habitualmente “ponemos” el Belén, al pie de la cruz.

Coronamos, hollamos la cima del Urbión en un día irrepetible, extraordinario, sensacional, insólito y singular. Tanto es así, que por primera vez en más de 30 años, montamos el Belén en el pico en vez de en la base del Urbión. Es muy probable también que sea el año que más ha durado la representación escénica del Belén, pues ayudados por la climatología, el poco personal que nos encontramos arriba quiso unirse a nuestro jolgorio y compartir, fotos, chanzas y algún que otro trago de vino.

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Las vistas desde allí arriba del Moncayo, del mar de nubes que aparecen a nuestros pies, la perspectiva de nuestras Distercias, unido a la escasa afluencia de gente en la cumbre de esta ocasión…

Es la cumbre, por fin, la última cumbre.
Y mis ojos en torno hacen la ronda
y cantan el perfil, a la redonda,
de media España y su fanal de lumbre.
Leve es la tierra. Toda pesadumbre
se desvanece en cenital rotonda.
Y al beso y tacto de infinita onda
duermen tierras y valles su costumbre.
Geología yacente, sin más huellas
que una nostalgia trémula de aquellas
palmas de Dios palpando su relieve.
Pero algo, Urbión, no duerme en tu nevero,
que entre pañales de tu virgen nieve
sin cesar nace y llora el niño Duero.

G.Diego

Nos recreamos en la cumbre mucho más que de costumbre hasta que finalmente decidimos que toca ya abandonar el embelesamiento y tratar de bajar al nacimiento del río.

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Vamos pues a las fuentes del Duero, a ver al padre, y a bautizar a Cecilia, y con ella rebautizamos a Blas, y hasta a un riojano y otro asturiano que andaban por allí. Una vez más se repite la ancestral costumbre de un bautizo laico, mundano, montañero y sanbur, que une de por vida a quien lo goza con estas tierras del Urbión y con estas aguas del Duero, y por extensión con la Soria toda.

A la bajada, otro pequeño percance anecdótico, quizá debido al hecho de ser 13 los componentes de la peregrinación de hoy, pues la cabeza del grupo tira con tanta decisión que se rompe el grupo en dos, casi inicialmente. Y posteriormente el grupillo de cabeza se separa a su vez en otros dos grupúsculos, que afortunadamente alcanzan el bunker casi a la vez, y aprovechan para ir comadreando juntos hasta la Fuente del Berro, incluso filosofando sobre las líneas geométricas más adecuadas en esto de los paseos de montaña.

Final feliz pues en el autobús que nos estaba esperando en la Fuente en la que algunos aprovechan para acicalarse antes de llegar al restaurante Torreblanca de Duruelo, donde, una vez más, nos tratan a cuerpo de rey, primero con las cervezas reparadoras y a continuación las pochas con almejas y las carrilleras del Torreblanca, que merecen mención aparte.

Para la ocasión, nuestro secretario se nos ha puesto una camiseta que reza que el vino salvará el mundo, de la que nos ha prometido ejemplar en la próxima tacada. También luce un In vino veritas, recordando a Plinio el Viejo pero olvidando a propósito la segunda parte de la sentencia: in aqua sanitas. Así que así sea y que el vino nos salve.

Tras la comida José Luis cambia hoy el mus por el guiñote soriano mientras el resto se emplean en los villancicos típicos de la época, en otra jornada digna de enmarcar en nuestra memoria.

Confiemos que el espíritu navideño impregne las almas y las conciencias de todos los sanbures, para encarar con alegría e ilusión las nuevas aventuras de 2019.

Que así sea. Féliz Navidad a todos!

Eduardo Bas.
23Dic2018

miércoles, 24 de octubre de 2018

Barahona_Miño de Medinaceli por la GR 86

20 de octubre de 2018

Tierra de brujas y de hechizos.
Tierra de conjuros y aquelarres.
¡Tierra de Soria!.

Allá por los siglos XV y XVI la Santa Inquisición en su tribunal de Cuenca, al que pertenecía el obispado de Sigüenza, y por tanto Barahona, juzgó a las brujas de estas tierras por proclamar cosas como estas:

Danos un invierno con noches de luna,
que libres vaguemos al oscurecer,
que las largas noches den larga fortuna
a las buenas damas del buen Lucifer

Pues en sus páramos dicen que hacían aquelarres y juntas, incluso fiestas diabólicas o misas negras, no exentas de blasfemias ni disfrutes sexuales contrarios a la doctrina católica. ¿Fueron leyendas o verdades?

Huevos cocidos para nuestros maridos
Huevos asados a los enamorados.
Pero al carnero, para mí me le quiero.
Pero al carnero, para mí me le quiero.

Son tierras que a los de San Esteban, en general, nos resultan un tanto extrañas, pues nos pillan un poco a desmano. Sin embargo, si el otro día, en las Quintanas Rubias de Arriba, recordábamos a Guillermo García Pérez, hoy resulta obligado traer a colación a Gumersindo García Berlanga, autor del libro “De Barahona y de sus brujas”, pues en él quiso el Gumer acercarnos a la historia y a las historias de este lugar al que nos dirigimos hoy.

En él, además de descubrir el libro de la colección austral sobre “Las Brujas de Barahona” de Domingo Miras, podrás averiguar que hay una leyenda, relacionada con “La Varona” –muy apropiada para estos tiempos de tanta distinción de género-, que cuenta cómo María Pérez, haciéndose pasar por un varón más entre sus hermanos, logró capturar a Alfonso I de Aragón, a la sazón batallando con el rey de Castilla Alfonso VII. Hecho que hasta mereció la atención de Lope de Vega.

También hablamos en su día del campo de aviación que hubo en La Rasa cuando visitamos sus manzanos. Pues bien, el campo de las Brujas de Barahona, donde otrora se invocase al macho cabrío, sirvió, durante la guerra civil como campo de aviación a las tropas republicanas, desde el que bombardear Sigüenza.

Sea como fuere, el Gumer nos recuerda que por esta ruta romana de Ocilis (Medinaceli) a Uxama, que pretendemos recorrer, han transitado antes que nosotros personajes principales como Ortega y Gasset, Pío Baroja, Benito Pérez Galdós…

Vamos hoy al encuentro de esa calzada romana dieciséis intrépidos sanbures a los que las amenazas de lluvia no acobardan. En el camino recogemos a una nueva incorporación SanBur en El Burgo, aunque es de Míño. Y en poco más de una hora el autobús nos deja en Barahona. Es una mañana en donde las nubes escupen algo del agua residual de la que han descargado durante la noche.

Entre notas, planos, GPSs, y falta de rigurosidad en la planificación, avanzamos a veces por algún sendero, a ratos campo a través, hacia nuestro primer destino en Romanillos. Paseamos tierras propias del general Galib, tierras del área de influencia de Medinaceli, y por las que se curtió Almanzor.

Finalmente, y tras algunas correcciones en la dirección de la marcha, alcanzamos el objetivo. Nos acercamos a la Iglesia de San Miguel, en cuya entrada vemos algunas tumbas ovaladas antropomorfas; y a sus pies decidimos almorzar. Son las 10 y poco de la mañana, pero algunos claretes salen de las mochilas para refrescar los gaznates de los caminantes.

2018-20-10_SanBur_Barahona-MiñodeMedinaceli_04a

El panadero, mejor dicho, la panadera, se ha acercado a Romanillos cuando acabamos el refrigerio y allí hacemos corro con los lugareños que nos atienden con todo lujo de detalles, y nos llevan hasta la foto de familia del día, al pie de la inscripción que inmortaliza el paso de Ortega y Gasset por Romanillos:

Aldeita naufraga,
en un mar de espigas.
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Nos despedimos de Romanillos visitando su fuente romana, camino de Yelo.

Y a la llegada a Yelo, antes de entrar en la población, no podemos evitar evocar a Conquezuela, otro paraje mágico, aunque no tenga brujas, al que el programa de hoy nos impide acudir. Reagrupamos la tropa, pues el ritmo ha sido alto para evitar la amenaza de lluvia, y salimos hacia el destino de la jornada mientras vemos a lo lejos los característicos palomares de Yelo, cuadrados, adornados con cruces en sus tejados, declarados bien de interés cultural y tan distintos de los que tenemos por el suroeste provincial.

Y ya casi sin darnos cuenta recalamos en Miño, donde una nueva pareja ha cogido recientemente el bar y se dispone a dar de comer a la panda de sanbures. Pero antes hay que recordar que estamos en zona donde abundan las necrópolis celtibéricas,

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Conquezuela, Miño… lástima que se nos fuese Arturo Dolado, quien regentó en Miño una preciosa tienda de todo, una abacería, donde se acudía de igual modo a tomar un vino o una cerveza que a comprar productos de todo tipo desde alimentación, quincallería, textiles…

A pesar de las diversas fuentes y pozos que jalonan la población, Miño es famoso no por el agua sino porque aquí se descubrió lo que parece que pudo ser la cerveza más antigua del mundo, del 2400aC, así que no podemos evitar celebrar, cerveza en mano, tanto este hecho como el fin de etapa.

Tras la espléndida comida a base de caldo o patatas y bacalao o solomillo, nuestro autobús avisa de que ha pinchado y que llegará un poco más tarde. Ocasión que aprovechamos para unas partidas de cartas, mus y guiñote, que hacen de colofón a otro día de paseo otoñal recordando esta vez nuestro pasado romano, árabe y el más reciente de nuestros paisanos de tierras de Medinaceli.

Eduardo Bas.
20Oct2018

Próxima ruta



Y el 17 de Noviembre, volvemos al Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama... esta vez de la mano de nuestro socio Eduardo Bas y con el Grupo de Montaña "Nalgas Quebradas", que serán nuestros guías y "cicerones". Nos ha preparado una atractiva ruta por el paraje de La Pedriza de unos 13km, con 856m de desnivel de subida y 744m de bajada. La dificultad es media-alta.

Reserva tu plaza ingresando 12€ (bus) en concepto de “pedriza”, antes del martes 13 de noviembre, en nuestra cuenta de Caja EspañaDuero.

Toda la información de la ruta en el siguiente documento:

viernes, 5 de octubre de 2018

XII Ovochorizada, Quintanas Rubias de Arriba 2018

30 de septiembre de 2018
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Breve resumen de la ruta

Empieza el otoño y arrancamos con fuerzas renovadas el nuevo curso montañero SanBur. Ya lo estrenamos el pasado 15 de septiembre, participando como es costumbre en la tradicional Vuelta al Valle con Fadess (Fundación de Ayuda al Discapacitado y Enfermo Psíquico de Soria).

Y unos días después, el 30 de septiembre, organizamos nuestra famosa Ovochorizada, donde a partes iguales mezclamos gastronomia, compañerismo y deporte. La novedad este año fue el adelanto de la actividad a los primeros días de Otoño, recuperando la costumbre de las primeras ediciones. El cambio de fechas resultó un éxito a juzgar por la participación, visiblemente mayor que en las últimas convocatorias: casi sesenta sanbures hemos participado en esta ocasión.

La meteorología también nos fue favorable: disfrutamos de un domingo caluroso y calmado. En las horas centrales del día las temperaturas eran casi veraniegas, obligándonos a buscar la escasa sombra que nos ofrecía el entorno.

La caminata en general transcurrió a buen ritmo pero haciendo numerosas paradas. Salimos a las 8h 40min de Olmillos y tras un primer descanso en Ines (9h 25min), seguimos por una cómoda pista dirección sur. Unos tres kilómetros más adelante hicimos nuestra obligatoria parada para el almuerzo (10h 15min), en un paraje conocido como el degolladero.

Tras reanudar la marcha (10h 50min) nos adentramos al rato en un monte de encinas, en contínua ascensión hacia el llamado alto de la Muela. Enseguida nos desviamos a la derecha buscando el vertice geodésico (12h 15min), cuya base está elevada varios metros del suelo para salvar la altura de la vegetación y hacerse visible a la distancia. Tras disfrutar un rato de las vistas, continuamos nuestra marcha y 2 o 3 kilómetros más al sur salimos del monte y abandonamos el altiplano. Desde aquí mirando al sur oeste, se puede ver ya el pueblo a lo lejos.

Desde allí la senda nos llevó zigzagueando siempre en dirección sur hasta dar a parar a la pista que une Quintanas Rubias con Fresno de Caracena (13h 20min). Cerca ya del pueblo nos encontramos con la ermita de la Magdalena (13h 30min), un pequeño "oasis" entre tanto cultivo de secano (encontrarás más sobre este curioso lugar a continuación, en el relato de Eduardo Bas).

Entramos por fín al pueblo (13h 50min) donde llaman la atención unas diminutas bodegas a la izquierda del camino. Tras unos 18 kilómetros (los programados inicialmente, no hubo cambios en el guión) terminamos así la caminata. Nos vamos concentrando en la plaza, donde destaca la picota símbolo de la vill; unos se se relajan en el bar o bajan a refrescarse al lavadero, otros se acercan a ver unos restos arquológicos de la época romana. Los diligentes cocineros, con Pili y Elvira a la cabeza, corren a preparar los esperados (y solicitados) huevos con chorizo, que disfrutamos en la plaza del pueblo con las gentes de Quintanas Rubias.

A media tarde ya vamos de regreso en autobús a San Esteban, mientras hacemos recuento del día pensando que pedanía visitaremos el año próximo: aún nos quedan las Quintanas Rubias de Abajo, Atauta, Ines, Matanza de Soria, Pedraja de San Esteban, Velilla de San Esteban y San Esteban de Gormaz. Otra ovochorizada que hemos disfrutado como la primera.

XII Ovochorizada, esta vez en Quintanas Rubias de Arriba

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

(Manuel Machado).

Vamos dispuestos a la Ovochorizada más tempranera de los últimos tiempos, pues apenas acabamos de estrenar el otoño. Y lo hacemos a las Quintanas: las Quintanas Rubias, de Arriba y de Abajo. La etimología de las Quintanas nos recuerda, otra vez, nuestro pasado romano en palabras del latín: Quintana, Fontana, Hontana,..

Quintanas, quintas o fincas que se establecieron, en este caso, al amparo del Arroyo Madre o del molino; ese que luego deja sus aguas a los lugareños de la Villa de Ines para seguir procreando frutos antes de morir en el padre Duero, cerca de la ermita de San Hipólito.

Y siempre que me acerco a las Quintanas Rubias no puedo evitar recordar a Guillermo García Pérez, a quien ya hemos mencionado alguna que otra vez. Se trata de un personaje curioso, hijo que ha dado esta tierra a la que vamos, y que hizo mucho antes de la popularización actual, El camino del Cid. Y no sólo lo hizo, sino que lo documentó con detenimiento en varias obras. Las dos más significativas para nosotros: “Las rutas del Cid”, y “Elpha, ocho estudios sobre El cantar del Myo Cid”- cuya lectura recomiendo-. En ellas encontrarás historia, toponimia, geografía, cultura, mitología, filología… acerca de nuestro Cid histórico y literario.

Con estas cosas en la cabeza nos acercamos a la estación de autobuses, donde se encuentra la mayor concentración de sanbures que se recuerda, casi una setentena. Así que entre saludos y chanzas con unos y otros aparece el autobús con los compañeros de El Burgo. Enseguida comenzamos la ruta y nos plantamos en Olmillos.

Allí nos espera puntual Tomás, su alcalde, que se une al grupo y nos enseña los restos de la “batalla” del día anterior, en el que grandes y chicos celebraron por todo lo alto, el II Día de la vendimia. Resulta pues obligado realizar una foto de familia que inmortalice el evento, aunque a la vista de su éxito, con 150 comensales participando este año de su paella comunal, todo parece indicar que este Día de la Vendimia podría consolidarse en años venideros.

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Al poco de abandonar Olmillos en dirección hacia Ines, unos cuantos corzos se exhiben en el horizonte, mientras la tropa, en animado palique, marcha en grupos de dos, tres o cuatro. Y así, sin darnos cuenta llegamos hasta la fuente de Ines.

Parada de reagrupamiento y de hidratación pues el día no ofrece ni una sola nube, y en breve, reinicio de la expedición hacia la Muela.

A la salida de Ines se nos propone algún que otro trabajo propio de la vendimia que posponemos para otra ocasión, pues no podemos aceptarlo en estos momentos por nuestro compromiso con los Quintanas Rubias de Arriba que nos andan esperando. Agradeciendo el ofrecimiento, reanudamos la caravana.

Efectivamente, como se intuía, el día de veroño empieza a calentar, a la vez que nuestros estómagos demandan con ganas el almuerzo; apetito que no somos capaces de contener en cuanto divisamos La Muela.

Como hoy somos muchos, nos dispersamos más que de costumbre, aunque el número de botellas no desmerece a la cantidad de caminantes, para que nadie quede sediento.

Ahora, sí, hay que subir a La Muela, cuya cima se alcanza, sin mayores dificultades, en moderada y tendida pendiente. Y nos acercamos al vértice geodésico que es una de las sorpresas del día, pues desde su cima, de fácil ascensión, la vista de la comarca es espectacular. 360º de maravilla paisajística, donde casi todos empiezan a hacer cábalas: aquello es la Torre de Langa, por allí Velilla, eso es el castillo de San Esteban, al fondo la Sierra de Urbión y Cebollera… lástima que hubiese un poco de calima; aunque pensándolo bien, mejor, pues así ya tenemos excusa para volver a visitar este solitario punto geográfico de interés.

El último tramo hacia el destino nos depara otras agradables sorpresas. La primera, antes de entrar al pueblo de las Quintanas Rubias de Arriba, una fuente a la que nos acercamos y de la nos aseguran los oriundos del lugar que ofrece propiedades mágicas, similares a las de la viagra. Hecho que nos recuerda al convento de la Piedad:

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Los frailes de la Piedad
tenían en su convento
un pozo que era un portento
contra la esterilidad.
Toda casada afligida
por falta de sucesión
en esta santa mansión
quedaba archicomplacida.
Porque con unas veladas
de tragos y de aspersiones
las más altas ambiciones
eran de fijo curadas.
Y se afirma muy de veras
que fueron allí curadas
muchas señoras casadas
y muchísimas solteras.
Por eso de día en día
mil señoras anhelantes
de los puntos más distantes
llegaban en romería.
Pero hubo tales excesos
que al par que ellas aumentaban
los frailes adelgazaban
hasta quedarse en los huesos.
Y entonces, según se cuenta,
el superior con talento
prohibió la entrada al convento
y puso el agua a la venta.
Y aunque las damas sencillas
la bebían hasta hincharse
no volvieron a notarse
del agua las maravillas.
Lo que prueba en conclusión
de sencillo y claro modo,
que en medicina es el todo
el modo de aplicación.

Esperemos que los de Quintanas no sigan el ejemplo poniendo el agua a la venta y permitan que parroquianos y parroquianas nos acerquemos a beber sus aguas.

Y de la fuente a los huertos donde encontramos la tercera conmoción del día: un huerto de la poesía. Sí, como lo oyes, nos cuentan que es obra de Alfonso Fresno, quien no se le ocurrió otra cosa que en un recoleto paraje al socaire del arroyo, y en el perímetro de una docena de árboles, tender unas cuerdas y colgar poesías propias y ajenas (Machado, Benedetti, Bécquer…) para deleite del incauto paseante, qué por accidente, ya que no puede ser de otro modo salvo que te lleven, caiga por aquí. ¡¡Curiosa e instructiva idea digna de aplauso!!

Con este imborrable recuerdo del huerto del autóctono poeta entusiasta entramos al pueblo, donde lo primero que nos llama la atención son las bodegas, puesto que no hemos visto viña alguna en los alrededores.

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Sea como fuere la recepción es magnífica, y mientras algunos inician el repostaje merecido en el TeleClub, otros se acicalan en una de las fuentes principales del pueblo, además los hay quienes visitan la canalización de origen romano de uno de sus manaderos, recientemente desbordada por esta climatología tan loca que tenemos últimamente.

Visitamos, también, su iglesia de san Andrés que cuenta con una curiosa talla de Santa Magdalena, y una bonita pila bautismal, a la que desgraciadamente no dan demasiado uso. Esperemos que no sea por no ir lo bastante a la fuente de propiedades beneficiosas que nos recibió a la entrada.

Y al lado del Rollo que da prestancia y prestigio a la localidad, nuestra Elvira y su equipo se ponen manos a la obra, otro año más, para que la Ovochorizada resulte una perfecta comunión entre los andarines sanbures y los nativos de esta población.

Gracias pues a todos los Quintanenses, y a José en particular, por regalarnos otra jornada que mantener en nuestro recuerdo.

Eduardo Bas.
30Sep2018

Próxima ruta

La XII Ovochorizada nos deja un buen sabor de boca pero no nos dormimos en los laureles:

el sábado 20 de octubre nos vamos a patear el tramo del GR-86 que transcurre desde Barahona hasta Miño de Medinaceli. Es una ruta social de 19'5 km y dificultad media-baja.

Reserva tu plaza ingresando 8€ (bus) en concepto de “G.R.”, antes del jueves 18 de octubre, en nuestra cuenta de Caja EspañaDuero.

Más información en el siguiente documento: