miércoles, 20 de noviembre de 2019

XIII Ovochorizada en Velilla de San Esteban

19 de noviembre de 2019

Que llueva, que llueva
La Virgen de la Cueva...

Pues se cumplieron los pronósticos. Los pronósticos meteorológicos me refiero. Los augures del tiempo no se equivocaron ni un ápice: predicaban lluvia para el domingo y damos fe de ello, no paró de llover un solo minuto en toda la jornada. Todo para "alegría" de los 24 sanbures que desde Bocigas de Perales empezamos la ruta de la XIII Ovochorizada. Gajes del oficio como se suele decir, a lo que nosotros añadimos el clásico: al monte hasta con buen tiempo.

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Pero al mal tiempo buena cara -resiliencia lo llaman ahora, aunque nosotros somos más de refranes-. Con buen ánimo nos pertrechamos con los chubasqueros, ponchos y paraguas que previsoramente siempre echamos al macuto y comenzamos la ruta. Antes de abandonar Bocigas vislumbramos dentro del bar a un grupo de cazadores que no parecían tan dispuestos como nosotros a echarse al monte, mientras enormes todoterrenos y perros de caza aburridos esperaban afuera.

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Con este panorama se hace difícil disfrutar de un día de campo, pues vas caminando con el pensamiento de llegar a tu destino y deshacerte de la ropa mojada y la humedad, que siempre te cala los huesos por mucho goretex que quieras llevar. Se entiende entonces que hicieramos los 13.2km que separan Bocigas de Perales de Velilla de San Esteban en poco más de 2 horas y media (sin contar paradas). Salimos a una media de 5km a la hora, bastante más deprisa que de costumbre.

Caminamos siempre por pistas en general bien conservadas aunque con bastante barro en numerosos tramos. No estaba la cosa para muchas aventuras, pero íbamos bien guíados en todo momento por Miguel Ángel, que se conoce la zona al dedillo y Alberto, que en ausencia del capitán es el sanbur de más alta graduación.

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Llevabamos un buen rato pensando en el almuerzo cuando a eso de las 11 de la mañana nos presentamos en Alcozar. En los soportales de la plaza, mientras echábamos un bocado y nos resguardábamos de la insistente lluvia coincidimos con Ángel, el alcalde del pueblo -o más bien representante del alcalde de Langa de Duero- A pesar de su insistencia rehusamos amablemente la invitación de ver el interesante museo etnológico/casa rural. No parecía muy adecuado entrar con las botas hasta arriba de barro, además íbamos ya con prisas por llegar a Velilla. No obstante hicimos una rápida visita al lagar grande, restaurado en 2011. Prometemos volver con más tiempo en mejor ocasión.

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Recogimos nuestros enseres y continuamos camino. Saliendo de Alcozar la lluvia seguía cebándose con nosotros y se hizo aún más intensa, lo que nos obligó a apretar el paso. Afortunadeamente Velilla estaba a escasos 4 kilómetros.

Y 40 minutos después, algo antes de la 1 del mediodía por fin entramos en Velilla. Fuimos llegando algo desperdigados, buscando de inmediato refugio en el bar del pueblo. Con gran alivio nos cambiamos calzado y ropas mojadas, aprovechando para relajarnos y entonar el cuerpo, los unos al calor de una estufa, los otros con unas rondas de cervezas.

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Al rato se montó rápidamente una improvisada cocina en una nave que amablemente nos cedieron. Elvira y Pili se pusieron una vez más al frente de los fogones asistidas por los habituales Blas, Jarri, Tachen, Agus y Alberto. Las humeantes bandejas de huevos y chorizo salían a buen ritmo de la cocina para disfrute de los comensales instalados en el bar, 26 hambrientos sanbures (los 24 de inicio y 2 más que se unieron en Velilla) y 4 mujeres del pueblo que tuvieron a bien acompañarnos. Entre ellas estaba Vicenta, para quien es obligado tener unas palabras de agradecimiento: ella sola se las apañó para atender con paciencia y diligencia a la marabunta de sanbures que nos agolpábamos en la barra del bar de Velilla, tarea nada sencilla. ¡Y por si fuera poco tras la comida aún nos obsequió con unos deliciosos bollos de nata de postre!

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Se cumplieron los (malos) pronósticos meteorológicos pero también nuestros objetivos: disfrutar, a pesar del mal tiempo, de un día de senderismo y de unos "humildes" pero estupendos huevos con chorizo, y lo que es más importante siempre en compañía inmejorable, entre sanbures y las buenas gentes de Velilla.

Otra ovochorizda para el recuerdo, como no podía ser de otro modo. Ya solo nos quedan 6 pueblos por visitar: Quintanas Rubias de Abajo, Atauta, Ines, Matanza de Soria, Pedraja de San Esteban y... San Esteban de Gormaz. A partir del año próximo probablemente se convierta en la ruta que estrene el curso montañero.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Proxima salida: XIII Ovochorizada

¡Camisetas y Ovochorizadas!

El Club de Montaña y Asociación Cultural SanBur tiene a bien obsequiar a sus socios con una estupenda camiseta técnica conmemorativa.

Pasa a recoger la tuya el sábado 16 de noviembre en…

  • BAR EQUUS de El Burgo, de 18:30 a 19:30 horas.
  • BAR ALQUERQUE de San Esteban, de 19:45 a 20:45 horas.

...y el domingo 17 de noviembre llega la XIII Ovochorizada... en Velilla de San Esteban.

Desde Bocigas de Perales, donde iniciaremos la marcha, Miguel Ángel socio sanbur y natural de Velilla nos ha preparado un tour por los históricos términos de Bocigas, Alcozar y por su puesto... Velilla de San Esteban.
Visita y... degustación de nuestra tradicional “ovo-chorizada”.

A estas alturas no es preciso recordarlo, aún así... ¿Qué es una ovochorizada?

OVOCHORIZADA: Dícese de la degustación gastronómica de huevos y chorizo restaurados en alegre fritanga.

Ruta de 14,7km y DIFICULTAD BAJA

Reserva tu plaza ingresando 13€ en concepto de “Ovochorizada”, antes del viernes 15 de noviembre, en nuestra habitual cuenta de Unicaja España Duero.

Y como siempre...

¡Equípate para una actividad de senderismo! ¡Ven y disfruta!

martes, 22 de octubre de 2019

A Alcubilla de Avellaneda

20 de octubre de 2019

“¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha terminado,
la nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el anhelado premio,
próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo entero que te aclama,
siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave”

(Walt Whitman).

Quien se haya acercado a este extraordinario poeta o haya degustado la no menos extraordinaria película “El club de los poetas muertos”, recordará sin duda estos versos.

La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el senderismo, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos 1

Como vivos nos mantiene hoy nuestro capitán, quien antes de empezar nos comunica que su rodilla tiene ya que pasar por “boxes”, obligándonos a salvar el escollo de caminar hoy sin él. Será distinto. Se nos hará raro no ver en cabeza a Ana y Vidal tirando de la tropa sanbur, aunque una vez más sanburearemos con ellos.

Son las 8 de la mañana cuando viene el autobús desde El Burgo con los primeros miembros de la expedición. Con la duda de última hora en cuanto a la asistencia o no de Charlie y Acacio, y tras unos minutos de cortesía, nos vemos obligados a partir hacia el destino de este día otoñal, que amenaza lluvia, aunque Elvira asegura que no nos mojaremos.

Llegamos Alcubilla donde nuestros anfitriones, Marcos y Petra, se muestran deseosos de llevar a cabo su plan, que no es otro que hacernos atractivos los parajes de su infancia. Pero antes de empezar nos abren su casa para dejar allí los bártulos que hayamos podido traer en previsión de males mayores durante la jornada: ropa y calzado de recambio.

Esperamos también a dos nuevos andarines sorianos que han decidido unirse a nuestro grupo y que vienen directamente desde Soria. Con ellos somos 27 los valerosos caminantes que nos hemos dado cita en estos confines de la provincia de Soria.

Alcubilla, que dispone de más terreno de monte que de labor, situado a la margen derecha del río Pilde, está rodeada por pueblos cuya etimología es por sí sola evocadora: Hinojar del Rey, Quintanilla de Nuño Pedro, Zayas de Báscones, Zayuelas, Zayas de Torre, Alcoba de la Torre,… ¿Cómo dudar de su pasado romano, árabe y medieval?

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Pongámonos en marcha. Marcos, antes de nada, quiere que subamos al mirador de “Cierra la Cuesta” para que nos hagamos una idea del pueblo y de sus alrededores desde esta perspectiva privilegiada, donde el horizonte castellano se nos ofrece inmenso, con sus campos de cereal y sus viñas.

Allí aprendemos que a Alcubilla se le conoció como el pueblo de las cien fuentes, de las que actualmente todavía quedan 18 activas.

A continuación, seguimos por el monte de encinas y sabinas, que provoca, otra vez más, la eterna disquisición entre enebros y sabinas; y es que el Junniperus Communis no pierde ocasión de engendrar los más variados comentarios y razonamientos. Los más sesudos tratan de interpretar las distintas subespecies y variedades del juniperus, dando categoría científica a jabinos, sabinos, enebros… hasta los más pragmáticos que nos hablan de las hojas que, como los pimientos de Padrón (unos pican y otros no), éstas unas pinchan y otras no, pasando por las bayas de las que se obtiene la ginebra. Incluso haberlos haylos que afirman, muy de veras, que no hay nada más resistente en este mundo a los envites de la vida que un enebro de pie y una mujer de culo.

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En estas andábamos, cuando nos encontramos con una curiosa calera en muy buen estado de conservación. Se trata de un pozo, a modo de horno, en el monte, en el que, hasta el siglo pasado, se introducía madera para hacer fuego y generar así, de la calcinación de la piedra caliza del propio terreno, el óxido de cal con el que adecentar las fachadas de las casas y corrales.

Tras las fotos de rigor proseguimos por el camino hacia Hinojar. Enseguida nos encontramos con un paraje idílico. Nos cuenta Marcos que también ha habido quien ha cambiado la iglesia por este descampado para casarse al amparo de la naturaleza más elemental.

Hay que acelerar la marcha porque el día se nos está yendo de las manos. Entre que no tenemos al Capitán, que Marcos se encuentra hoy en sus dominios como pez en el agua, y que la lluvia no hace acto de presencia, el relajo empieza a ser exagerado. Se impone dar un apretón y, eso sí, en animada charla, tratar de avanzar en nuestro rodeo a Alcubilla.

Dejamos pues a la izquierda la mojonera con Hinojar, que es tanto como decir, con la provincia de Burgos, y seguimos, ahora sí, hasta que la gusa hace acto de aparición. No llevamos todavía ni la mitad de la ruta, pero los cuerpos piden sustento, y es nuestra obligación tratar de proporcionárselo. Obligación que cumplimos generosos con las viandas y los caldos.

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Tras el refrigerio reemprendemos el recorrido hacia las encinas milenarias de Alcubilla, donde, una vez más, Marcos nos ilustra acerca del crimen medioambiental cometido durante la concentración parcelaria, donde no sólo borraron del mapa las encinas que molestaban el cultivo de las tierras, sino que además provocaron la desaparición de márgenes, ribazos y cirates, con lo que, de rebote, se cargaron buena parte de la flora y fauna del lugar. Todo fuese con el noble objetivo de la mejora del rendimiento de las explotaciones agrícolas.

A partir de aquí, y después de realizar una foto de familia a modo de homenaje a las encinas, nuestro guía de hoy decide que hay que atrochar en el trayecto que nos lleva a la calzada romana; siguiente y último hito de la excursión de hoy. No en vano Alcubilla se encuentra en el camino de Clunia a Uxama.

Sin embargo, en este tramo y casi al final del día nos sorprende una testimonial lluvia que hace que aceleremos para ver los restos de un miliario romano, que nos deja una sensación agridulce. Estamos seguros que la importancia romana del lugar merecería mayor consideración. Seguro que musulmanes y cristianos posteriores, en su constante trajinar por los alrededores, se aprovecharon más que nosotros de las infraestructuras romanas de Alcubilla.

Desde aquí ya nos dirigimos al cierre de la etapa. No sin antes divisar las viñas que, este año 2019, han hecho del Legaris de 2015, el mejor tinto español, el mejor tinto de la Ribera del Duero, en el prestigioso International Wine Challenge. ¡Habrá que probarlo si el bolsillo nos lo permite!

Junto a las viñas, la ermita del Cristo del Campillo, que como en algunos edificios sanestebeños, incluye entre sus muros, piedras, seguramente estelas funerarias, de origen romano del siglo I a. d C.

Alcanzamos la meta pues tras 19km y 288m de desnivel, con la miel en los labios, para disfrutar el edificio más emblemático de Alcubilla: El palacio de los Avellaneda, que da apellido al pueblo. Allí hemos apalabrado la comida a Jaime, el restaurador de El Quintanarejo que ampliando su emporio se vino el pasado julio hasta estos nobles y aristocráticos lares.

Construido en el siglo XVI por Lope de Avellaneda, el palacio, hermano menor del que existe en Peñaranda de Duero, pasó a sus descendientes, para finalmente acabar en poder del marqués de Torreblanca y la marquesa de Tavira antes de pasar a manos de los vecinos en 1928, quienes finalmente lo cedieron al ayuntamiento.

Recientemente restaurado, después de servir como aposento a la guardia civil, y tras varios intentos de recuperación, el inmueble se ha transformado en un acogedor restaurante con encanto, en el que rematar días como hoy. Así que si decides visitar la recomendable y cercana Clunia, incluso el bonito pueblo de Peñaranda, no te equivocarás si acabas la jornada degustando alguno de los platos de este tranquilo y entrañable Palacio de los Avellaneda.

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Tras las cervezas de rigor y para unirse a la comida SanBur, aparece Vidal, con sus muletas, acompañado, ¡cómo no! por Ana. Han venido con María, quien les ha recogido en San Esteban, ya que no han querido perderse este distendido rato de convivencia sanbur.

La buena comida se remata, una vez más, con unas partidas de cartas a la espera de la llegada del autobús que nos devuelva a nuestro pueblo.

Gracias a Marcos y Petra, y a los restauradores del Palacio, por habernos regalado otro día más para la memoria SanBur.

“¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha terminado,
la nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el anhelado premio,
próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo entero que te aclama,
siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave”

Como has comprobado, capitán, la nave SanBur, espera ansiosa tu regreso. Que los días de obligado reposo en el dique seco te sean leves!

Eduardo Bas.
20Oct2019

1 Lo del senderismo, evidentemente, es una licencia que me he permitido.

lunes, 7 de octubre de 2019

De San Pedro Manrique a Yanguas

5 de octubre de 2019

“El sentido de vivir.
¿Cuántas veces he dicho –y lo han repetido algunos de mis personajes- que la única obra de arte que quiero dejar firmada es mi propia vida?
¿Y cuántas veces he deducido que, en consecuencia, “¿cómo vivir?” es la única pregunta para la que quiero tener permanentemente respuesta?
La existencia., el valor radical”

(Avelino Hernández).

Volvemos hoy a las Highlands sorianas para recorrer otra etapa más del GR 86, y esta vez lo haremos desde la capital de las Tierras Altas sorianas: San Pedro Manrique.

Catorce correligionarios, algunos apuntados en el último minuto por haber adelantado o pospuesto las tareas de la vendimia, nos subimos al autobús en el frontón; aunque como novedad hoy lo hacemos con una sensación lúgubre y tenebrosa, ya que una avería en la red eléctrica ha dejado medio pueblo en la más absoluta oscuridad.

Incorporamos a otros cuatro miembros de la expedición en El Burgo y continuamos hacía Soria. Venimos de unos días de temperaturas veraniegas que, según todos los pronósticos, van a seguir acompañándonos en la jornada de hoy. Sin embargo, al llegar a la capital nos encontramos con unos bancos de niebla cerrada que, tras recoger a los tres últimos cofrades, no nos abandonan ya hasta San Pedro Manrique.

Así que rodeados de una intensa niebla iniciamos la caminata desde la plaza de San Pedro. El primer hito es la Virgen de la Peña, ese lugar mágico, donde cada 23 de junio se contempla cómo los hijos de San Pedro atraviesan descalzos una alfombra de brasas de roble, solos o con alguien a cuestas, mientras la ceremonia es presidida por tres doncellas de la localidad, vestidas de blanco y con unos extraños cestos en la cabeza con flores de pan y unas varillas de harina: las Móndidas.

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Extraño y curioso rito de origen desconocido, que bien pudiera ser celtibérico, y sobre el que se ha escrito y se sigue escribiendo largo y tendido, y que invita a cuestionarse las misteriosas costumbres del ser humano en este rincón soriano.

Desde aquí en constante e inmisericorde subida, ganamos altura hasta que por fin dejamos la niebla por debajo. Niebla que parece haberse pegado al valle sin intención de soltarse. La estampa de un mar de nubes a nuestros pies mientras se empieza a contemplar el horizonte, iluminado con las primeras luces del día, es, sencillamente, espectacular.

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Y enseguida llegamos a Taniñe, y en acertada decisión nos disponemos a pasearlo.

Uno no puede evitar recordar a su amigo Avelino Hernández y su obra “La Sierra del Alba” que se le viene irremediablemente a la cabeza:

El alcalde de San Pedro Manrique recibió en su despacho a Karl Adhel a las once de la mañana del 25 de junio, pasadas las fiestas.
El alcalde de San Pedro Manrique le dijo:
- A su entera disposición, profesor, para lo que tenga a bien preguntarme y yo sepa contestar.
Esto fue lo que Karl Adhel preguntó al alcalde de San Pedro Manrique; y lo que el alcalde le supo contestar.
- ¿Siempre fue San Pedro Manrique centro principal de la Sierra del Alba?
- ¡Y lo sigue siendo!
- ¿qué habitantes tiene?
- Puede que llegue a cuatrocientos
- ¿Y cuántos tuvo?
- Censos ha habido en que arrojó más de mil
- ¿qué ha pasado?
- … ¡los tiempos!
- ¿conoce bien la Sierra?
- Palmo a palmo; de niño fui zagal.
- Quiero preguntarle por cincuenta pueblos
- Mande usted, que se le contestará conforme.
- Quisiera que me informara de cuánta gente vive en ellos.
- Vayamos adelante.
- El Espino
- Un pastor vive todavía en El Espino.
- La Losilla
- Tres familias; los matrimonios solos.
- Pobar
- Dos familias; los matrimonios. Le quiero aclarar, profesor, para no serle pesado repitiendo, que en la Sierra no queda infancia ni juventud por debajo de los cuarenta.
- Cerbón
- Nadie vive en Cerbón.
- Valdelavilla
- Nadie vive en Valdelavilla.
- Torretarrancho
- Nadie. Está perdido sin remisión.
- Las Fuesas
- Dos familias.
- Castillejo de San Pedro.
- Una viuda y su hijo soltero. Suman ciento treinta años entre los dos.
- El Vallejo
- Nadie.
- Valdenegrillos
- Un vecino.
- Matasejún
- Cual que diez.
- Sarnago
- Nadie.
- Fuentebella.
- Nada. Muerto.
- Acrijos
- Muerto también. Y Vea. Y Villarijo. Y Armejún. Y Valdemoro. Muertos sin salvación ya todos.
- Buimanco
- Nadie vive en Buimanco.
- Taniñe
- Nadie.
- La Cuesta
- Muerto también. Perdido.
- Aldealcardo
- Un vecino queda en Aldealcardo.
- Villaseca Bajera
- Cerrado del todo.
- Vilaseca Somera
- Una viuda y su hijo. Hacen medio vecino.
- Palacio
- Un padre y una hija; que es maestra, pero para nada.
- Navabellida
- Dos familias.
- Montaves
- Tres.
- El Collado
- Un vecino queda.
- Lería
- Nadie.
- La Mata
- Nadie.
- La Vega
- Muerto también.
¡Todos están cerrados! ¡Sin remedio! ¡Todos! ¡¡Todo muerto!!¡¡Muerto!!
Siga, siga usted profesor. Y perdone… siga.
- Camporredondo
- Nadie queda.
- Diustes
- Uno.
- Velosillo
- Nada.
- Villar de Maya
- Dos hermanos solteros.
- Verguizas
- Dos familias en verano. El resto del año les quitamos la luz. Total, ¿para qué?.
- Valdehuérteles
- Un vecino.
- Ledrado
- Un vecino.
- Santa Cecilia
- Muerto.
- Bretún
- Muerto también.
- Vizmanos
- Muerto.
¡Muerto!
¡Está todo muerto! Toda la Sierra
¡¡Muerta!!
Y rompió a llorar –¿de tristeza?, ¿de añoranza?, ¿de rabia? - aquel hombre tan entero.
- Discúlpeme… discúlpeme, profesor, discúlpeme… no puedo proseguir… ¡Usted me comprenda!...

Esto es lo que nos dejó dicho Avelino hace 30 años; mucho antes de que surgiese el movimiento actual de la España vaciada.

Afortunadamente no sabemos si por la influencia de la obra de Avelino, que sin duda la tuvo, o por otros méritos, pero hoy nos conmueve gratamente la rehabilitación de bastantes casas de Taniñe –inicialmente objeto de la pionera experiencia de un centro de desintoxicación de drogadictos-, incluso el establecimiento de una Casa Rural.

Pero dejamos la añoranza para retomar el camino, y enseguida vemos cómo Taniñe se empeña en ese otro proyecto consistente en la recuperación de la vaca serrana negra soriana.

El camino hacia nuestro destino de hoy nos hace recorrer un tramo por la carretera donde nos sorprenden dos inesperadas visitas burgenses: Eduardo, un guardia civil, antiguo sanbur, que andaba tras los rumanos que andan esquilmando el monte de setas, y un cura, Antonio –Toño- Arroyo, quien seguramente, tras sus 35 años por la Sierra del Alba, es el único no sampedrano al que se le ha permitido realizar el paso del Fuego.

A partir de aquí nos dirigimos, con el sol ya calentando, hacia Villar del Río, no sin antes, a mitad de camino, hacer la consabida parada del almuerzo. Buscamos acomodo a la sombra del pinar que vamos rodeando, y salen en procesión caldos y viandas. El día invita al relajo y la conversación, por lo que se extiende hasta que nuestro capitán manda reanudar la marcha.

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Tras un primer reagrupamiento intentamos hacer una segunda reunión a la entrada de Villar del Río pero… tres socios no aparecen… Esperamos un buen rato antes de entrar en Villar hasta que… conseguimos localizarles: se habían adelantado, atrochando, y estaban tan tranquilitos, amorrados a una lata de cerveza, en el puente de Villar del Río. Amonestación.

Continuamos la marcha, paralelos al cauce seco del río Cidacos, hasta alcanzar las primeras casas de nuestro destino: Yanguas.

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Estamos ya en el punto más al norte de la provincia de Soria, casi en La Rioja, lugar prerromano, del que saldrían arrieros de prestigio… y si no que se lo pregunten a Don Quijote:

Capítulo XV
Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses
Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que así como don Quijote se despidió de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron que se había entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado más de dos horas por él, buscándola por todas partes, sin poder hallarla, vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco; tanto, que convidó, y forzó, a pasar allí las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar. Apeáronse don Quijote y Sancho, dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que allí había, dieron saco a las alforjas, y, sin ceremonia alguna, en buena paz y compañía, amo y mozo comieron lo que en ellas hallaron.
No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso, que todas las yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro. Ordenó, pues, la suerte, y el diablo (que no todas veces duerme), que andaban por aquel valle paciendo una manada de hacas galicianas de unos harrieros yangüeses, de los cuales es costumbre sestear con su recua en lugares y sitios de yerba y agua, y aquel donde acertó a hallarse don Quijote era muy a propósito de los yangüeses….

Alcanzado el objetivo de la jornada tras poco más de 20 km. de alegre y desenfadada marcha: algunos se lanzan a retozar en el río, otros tienen el dudoso gusto de conocer las ortigas del Cidacos, y los más van acudiendo al bar del pueblo a por esa cerveza reparadora, tras la cual nos espera el generoso cocido que nos han preparado en el restaurante Los Cerezos.

Como no puede ser de otro modo el puchero da pie a un animado palique, en el que Acacio saca a relucir el extraordinario Museo fundación que hay en Bretún, lo que da fundamento a recomendar no sólo una visita a Bretún y su museo, sino a complementarlo con la lectura del libro “Las buenas y las malas noches de Vicente Marin”, en el que se puede descubrir a este curioso personaje soriano y singular de la mano de su autor, Javier Narbaiza, que nos lo introduce de esta manera:

Mientras desde su ventanal de Bretún escruta los atardeceres sosegados de otoño, Vicente Marín hace recuento de años y travesías, vicios y oficios, y sin contención ni excesivo pudor desgrana diversos capítulos en los que nos muestra su decantación sexual de amplio espectro, su perfil de pícaro lúcido y picaflor impenitente en el que se avienen múltiples registros desde la etapa en la que quiso verse como obispo elegante, después mayordomo de nobles casas, camarero de coctelería fina en Mallorca y Londres, gestor hotelero de éxito, y hoy, habida cuenta del roce con tantos personajes glamurosos y buenas maneras aprendidas, viene a ejercer de apócrifo marqués de las Tierras Altas de Soria.

El refrigerio acaba con alguna que otra partida de mus salpimentada con algún paseo por el pueblo de Yanguas antes de tener que recogernos en el autobús que nos devolverá al origen.

Otro día para el recuerdo que nos deja estampas imborrables de la Sierra del Alba.

Eduardo Bas.
05Oct2019

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Datos de la ruta:

  • Tramo del G.R.86 desde San Pedro Manrique hasta Yanguas, 20,6km.
  • Participantes: 21 sanbures andarines.
  • Hora de salida, 8:45h, hora de llegada 14:50h.
  • Altitud máxima/mínima: 1362m (Alto de La Mata)/955m (Yanguas).

martes, 24 de septiembre de 2019

Comienza el curso montañero 2019 - 2020

¡Arrancamos!

...aunque como siempre por estas fechas un poco condicionados por el periodo de vendimia, pero bueno... aquí van un par de atractivas propuestas:

SÁBADO 5 DE OCTUBRE:

GR-86 Tramo San Pedro Manrique - Yanguas

De nuevo pateando la comarca de Tierras Altas. Con esta ruta, el club de montaña SanBur completa el recorrido del Sendero Ibérico Soriano (G.R.86) en su tramo por todo el norte de nuestra provincia. Y además volvemos a “llenar algo” con nuestra presencia este rincón de “la España vaciada”.

Ruta de 19,4km y DIFICULTAD BAJA

Reserva tu plaza ingresando 12 € (bus) en concepto de “Yanguas”, antes del viernes 4 de octubre, en nuestra habitual cuenta de Unicaja España Duero.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE:

"Pateando el señorío de los Avellaneda"

Los socios Marcos Esteban y su hija Sandra nos han preparado una espectacular ruta circular por el término municipal de su pueblo, Alcubilla de Avellaneda, que tiene todos los ingredientes que buscamos en nuestras salidas: por supuesto naturaleza (encinas milenarias y miradores naturales en el monte de Alcubilla), historia y arte (calzada romana Uxama-Clunia y la visita de Alcubilla con el Palacio de los Avellaneda -donde comeremos-) y ambiente grato con buen rollo (el que nosotros propiciamos).

¡En breve se adjuntará programa!

domingo, 9 de junio de 2019

Por la Sierra del Madero y comarca de Tierras Altas (2)

Etapa 2: de Fuentes de Magaña a San Pedro Manrique

2 de junio de 2019

Amanece un domingo primaveral y despejado pero algo frío a primera hora. El verano está a la vuelta de la esquina pero no hay que olvidar que estamos en Tierras Altas, el clima continental manda. Después de una noche tranquila y un descanso reparador en el albergue Tierras Altas de Fuentes de Magaña vamos preparándonos, sin prisa, para afrontar una nueva jornada de senderismo. Tras los 32 kilómetros que echamos a la mochila en la caminata del día anterior, hoy la prueba es menos exigente ya que andaremos unos 16. Enrico, dueño del albergue, nos tiene preparado un contundente desayuno para salir con la batería a tope.

2019-06-02_08-06-19 Nutritivo desayuno en el albergue Tierras Altas
Nutritivo desayuno en el albergue Tierras Altas.

Nos despedimos de nuestro anfitrión y salimos de Fuentes de Magaña a eso de las 9:00h, tomando la comarcal en dirección a Valdeprado. Apenas 1 kilómetro más adelante, abandonamos la carretera para coger una senda a la izquierda.

2019-06-02_09-17-41 De camino a Las Fuesas
De camino a Las Fuesas.

La senda desciende -unos 200 metros de desnivel- entre encinas y quejigos en dirección al despoblado de Las Fuesas, situado en la cuenca del río Valdeprado, donde encontramos unas pocas casas rehabilitadas. Nos topamos con una ermita semiarruinada donde curioseamos un buen rato, pues vamos sin excesiva prisa.

Dejamos atrás Las Fuesas y avanzamos ahora por una pista en dirección noroeste remontando el valle del río Valdeprado, es una zona repoblada de pino silvestre (albar) y pino negral (salgareño). A la derecha en lo alto se destaca el pueblo de Castillejo de San Pedro.

2019-06-02_11-06-52 La cuesta que nunca se acaba. Camino de Sarnago
La cuesta que nunca se acaba. Camino de Sarnago.

Son cerca de las 11:00h cuando nos toca afrontar una subida corta pero exigente -250m de desnivel- por el paraje de La Escaleruela. El calor, además, hace rato que aprieta de lo lindo. La subida se hace larga y una vez arriba buscamos ávidamente la escasa sombra que encontramos al lado del camino. Después de descansar unos minutos juzgamos que es un buen momento para un almuerzo rápido. A las 11:30h ya estamos de nuevo en movimiento, la pista rodea el pico de La Cruz del Canto y continúa en dirección norte. En apenas 2 kilómetros pasamos junto al despoblado de Sarnago.

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Con los vecinos de Sarnago.

De Sarnago no se puede decir que sea un lugar abandonado: desde hace mucho no vive nadie de forma permanente, pero la asociación de vecinos de Sarnago lleva más de 20 años dedicada a la rehabilitación del pueblo, incluyendo la reconstrucción de más de 20 casas, calles, fuentes, y una calera a las afueras, también se ocupan de la repoblación de especies vegetales autóctonas, labores de mantenimiento y como no a conservar las tradiciones culturales (en especial la de Las Mónadas). Una labor encomiable. Llevados por la curiosidad entramos a dar un vistazo y casualmente encontramos a varios vecinos del pueblo en plena hacendera. Allí nos atiende Jose Mari Carrascosa, presidente de la asociación, que amablemente nos muestra los trabajos en los que estan afanados, además del museo etnográfico.

2019-06-02_12-29-56 Visitando el museo etnográfico de Sarnago
Visitando el museo etnográfico.

Tras un largo rato parlamentando con nuestros amigos de Sarnago los dejamos con sus quehaceres y continuamos nuestro camino en dirección a San Pedro Manrique. Nos echamos de nuevo al monte, hacia los altos de Piedra Larga y San Cristobal. Ya solo nos separan unos 6 kilómetros entre sendas y pistas de nuestro destino.

Al alzar la vista en dirección noroeste alcanzamos a ver la sierra de Alcarama y Lado Frío, intuyendo la ubicación del pueblo de Acrijos y tras las colinas el valle del río Linares, donde se encuentran los despoblados de Vea y Villarijo. Momento para el recuerdo, pues nos viene a la mente la travesía que realizamos 10 años atras, allá por el lejano 2009, por aquellos pueblos abandonados.

2019-06-02_13-46-58 Últimos kilómetros de la ruta, con San Pedro Manrique al fondo
Últimos kilómetros de la ruta, con San Pedro Manrique al fondo.

Ya solo queda una bajada rápida hasta San Pedro Manrique, entramos al pueblo por el puente del río Linares. Es hora de tomar unas cervezas frescas, recuperar líquidos y socializar un rato con las gentes de San Pedro, mientras se hace la hora de la comida en el restaurante Pili. Comida agradable y tranquila, otra vez con el recuerdo de la excursión de 2009 -pues comimos en este mismo restaurante- ya más pensando en descansar y volver a casa que otra cosa. A las 4 de la tarde ya nos recoge el minibus y emprendemos viaje de vuelta pasando por Fuentes de Magaña pues Jarri ha de recuperar su furgoneta y después... cada mochuelo a su olivo.

Acabamos rendidos de la caminata y el calor de la jornada pero satisfechos por la experiencia vivida, como siempre enriquecedora. ¡Otra más para el recuerdo! Y tras el intenso fin de semana, toca hacer un paréntesis de unos meses en nuestra actividad montañera. Es momento de disfrutar del verano, sin descuidar la forma, mientras vamos planificando la temporada que viene.

D. Alonso

miércoles, 5 de junio de 2019

Por la Sierra del Madero y comarca de Tierras Altas (1)

Etapa 1: de Montenegro de Ágreda a Fuentes de Magaña

1 de junio de 2019

Para poner broche a la temporada montañera 2018-2019 (al menos oficialmente), decidimos unirnos a la reciente lucha y protestas contra la despoblación y la España Vaciada. Y en plena fiebre reivindicativa hacemos nuestra humilde contribución con una pequeña expedición de 2 días por las Tierras Altas, las "Highlands" sorianas, la comarca más vacía dentro de la provincia más vacía de España, pues apenas llega a 2'5 habitantes por kilómetro cuadrado. Región de paisaje y gentes recias, de interminable monte y numerosos pueblos abandonados.

El proyecto lleva desde Semana Santa en preparación y durante este tiempo 10 sanbures respondemos a la llamada a la aventura. Estamos en la otra punta de la provincia, así que se nos cita el día 1 de junio necesariamente a una hora bien temprana. A eso de las 6 y media arranca el bus con los 5 andarines más madrugadores, en el Burgo y Soria se incorporan otros 3, los dos restantes se unirán a la tarde, debido a compromisos laborales. Llegamos al punto de partida, Montenegro de Ágreda, ligeramente antes de hora y a eso de las 8h y 25min ya estamos dispuestos a la acción. Salimos con calma desde la iglesia-torreón de Ntra. Sra. La Blanca, con el imponente Moncayo a nuestras espaldas y un día espléndido por delante que se barrunta plenamente veraniego.

Cruzamos el pueblo y de inmediato vemos una señal con la marca del G.R.86 que seguimos sin titubeos. Enseguida enfilamos hacia la sierra del Madero por una pista consolidada que se adentra en un frondoso bosque de pinos, quejigos, sabinas, jaras y aliagas. El ascenso por la pista es constante pero llevadero, con los mastodónticos aerogeneradores siempre al fondo.

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Camino al Madero.

A las 10:00h alcanzamos el paraje de El Collado (1362m) y tras disfrutar unos minutos de las vistas continuamos hacia la derecha en dirección norte. 20 minutos después coronamos el alto de La Modorra (1436m) punto más alto de la sierra.

Junto al hito geodésico encontramos unas instalaciones de telecomunicaciones y un denso pinar. El lugar nos parece ideal para hacer un primer descanso y dar cuenta de las viandas y caldos que traemos para el almuerzo, pues siempre hacemos honor a aquella máxima que reza:

Panza llena y corazón contento, que todo lo demás es cuento

Aquí también resulta apropiada la siguiente cita del genial escritor inglés G.K. Chesterton:

El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso

A ello nos dedicamos sin prisa, y como siempre en animada conversación. Poco antes de las 11h nos volvemos a echar la mochila al hombro y reanudamos la marcha, siempre caminando por una cómoda pista y siempre hacia el norte, siguiendo la línea de la sierra del Madero. Pasamos bajo uno de los enormes aerogeneradores del parque eólico jugando a calcular su altura, que estimamos en unos buenos 70 metros.

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No son gigantes mi señor...

Apenas 1 kilómetro más adelante la pista gira bruscamente 180 grados y unos cuantas curvas después cogemos una senda a la derecha, enfilando por el barranco de Los Desesperados. El parque eólico queda a nuestra espalda y nos adentramos de nuevo en el bosque, en fuerte pendiente de bajada. El agradable viento de la sierra que nos ha acompañado durante las primeras horas del día hace rato que ha parado y caminamos penosamente por la pista bajo el riguroso sol de junio.

Grandes pilas de troncos se amontonan a las orillas del camino y vemos máquinas dedicadas a las labores de limpieza y aprovechamiento del pino. Llega el mediodía y en las casi 4 horas que llevamos de ruta no hemos encontrado un alma. Nos viene a la mente de nuevo el asunto de la despoblación y quizá una de las claves esté precisamente en esa gran extensión de pinares que dominan la zona. El siguiente pasaje extraído de la interesante web soria-goig nos cuenta un hecho revelador sobre el asunto:

...Otra zona de Sierra, en este caso la del Madero, fue depauperada a causa de la repoblación forestal, lo que hizo imposible que el elevado número de ganado caprino de la zona (unas 4.000), pudiera pastar. Castellanos, Lubia, Suellacabras, perdieron su población. Como nos dirían en Oncala "con el dinero de la venta de las ovejas compraron pisos en grandes ciudades y los chicos llevaban el sobre cada semana a casa. Por lo menos tenían ciertas seguridades". O en El Collado "es muy triste la soledad y aunque tengamos televisión pasamos casi todo el año solos". Aunque, soportando la presión de las altas instancias, algunos no vendieron sus tierras y no pasó nada, tal vez porque Patrimonio ya había conseguido suficientes. Por ejemplo a Santa Cecilia acuden cada año a cosechar...

El pinar queda atrás de momento y continuamos viaje; unos metros antes de cruzar la carretera comarcal SO-1205 que lleva a Trévago, la falta de señales nos aleja un poco de la línea del G.R. aunque sin graves consecuencias (12:50h).

Sin rastro de sombra subimos con esfuerzo hasta alcanzar el alto de la Dehesa. Para nuestro alivio, nos topamos con una pequeña fuente junto a un chozo de cazadores donde aprovechamos para hidratarnos y refrescarnos. Junto a la fuente un pequeño pilón donde, recordando aventuras pasadas, alguno hubiera deseado encontrar en el fondo unos litros de cervezas fresquitas.

Con las fuerzas recobradas seguimos avanzando hacia el norte entre más pinares y algunas tierras de labor. Al rato dejamos el camino y giramos a nuestra derecha por una senda que baja rápido por la cuenca del valle del río Alhama. El paisaje del páramo deja paso a la vegetación de ribera, huertos y frutales.

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En la villa de Magaña, con su fortaleza medieval al fondo.

A las 14:10h cruzamos el Alhama por un puente de piedra y entramos en Magaña, villa desde los tiempos de Alfonso VIII y que tuvo un pasado próspero. Se dice que en la Edad Media contaba con varios molinos, posada, hornos y hasta un batán. Era el centro de la comunidad de Villa y Tierra de Magaña. A día de hoy tiene poco más de 60 habitantes.

Desde la depresión del río remontamos hasta la plaza, junto a la iglesia de San Martín de Tours, y aprovechando la inercia hacemos la visita al castillo de la Nava del Marqués, enhiesta fortaleza medieval de reconocidad silueta levantada sobre un peñón dominando el valle del Alhama, que a pesar de haber sido invadida por la maleza aún conserva su torre del homenaje (de origen bereber) y doble recinto amurallado en un estado aceptable. En el recinto interior hay evidencias de una restauración reciente. De interés es también la ermita de la Virgen de Barruso situada en una de las laderas al pie del castillo y que por falta de tiempo no pudimos visitar.

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Posando despreocupados en lo alto del castillo. No hay enemigos a la vista.

Tras la breve visita entramos en el amplio bar-restaurante del pueblo, bar-restaurante buena ventura (recientemente renovado, por cierto). El cuerpo ya va pidiendo descanso y tras aposentarnos con alivio junto a la barra, pedimos con premura unas cervezas fresquitas a las que nos amorramos atropelladamente para aplacar nuestra tremenda sed. Vamos haciendo tiempo a que lleguen los 2 miembros restantes de nuestra aventura, Victor y Jarri, mientras en la cocina tienen a bien prepararnos unas suculentas raciones para comer, que en cuanto la mesa está servida devoramos sin compasión. Vamos sin prisa y la sobremesa se alarga pues queremos evitar el bochorno de las primeras horas de la tarde.

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Subiendo por el valle del río Montes.

Con bastante calor aún, reanudamos nuestra marcha a eso de las 6. Victor se une a los andarines, mientras que Jarri se acerca en furgoneta (con nuestros equipajes) hasta hasta Fuentes de Magaña. Bajando a la carretera cruzamos el río Montes y remontamos el valle por el que discurre. Subimos despacio sin librarnos aún del bochorno de esta calurosa jornada, pues dentro del valle no corre ni una brizna de viento. Por fín llegamos al alto y nos abrimos al páramo, en el llamado paraje de El Juncar (1130m). Alzando la vista ya divisamos al norte nuestro destino, Fuentes de Magaña, y el vecino pueblo de Cerbón a su derecha.

Bajando hacia el barranco de Miraflores aún tenemos tiempo para hacer una visita al yacimiento paleontológico, donde estudiamos con interés sus ignitas, huellas fosilizadas supuestamente de Saurópodos, parientes lejanos de la lagartija que anduvieron por estos lares unos cuantos millones de años antes que nosotros, allá por el período Cretácico. Colina arriba hay una formidable réplica de uno de estos bichos, magnifica para hacerse una idea de su aspecto y envergadura.

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Ignita aquí, ignita allá.

A las 19:20h entramos por fín a Fuentes de Magaña y allí nos está esperando Jarri pacientemente junto a la "fragoneta". De seguido nos dirigimos a nuestro hospedaje, el albergue Tierras Altas, un enorme casón a las afueras del pueblo, de doble planta y con capacidad de hasta 34 plazas. Las estancias son amplias y el interior moderno y funcional. Enrico, dueño del negocio, nos presenta las instalaciones y nos ayuda con diligencia a instalarnos. Ducha, manicura y al rato salimos a dar una vuelta por el pueblo.

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Recién llegados a Fuentes de Magaña.

No tardamos en instalarnos en el bar, regentado por el alcalde, a seguir nuestra dieta a base de cerveza. Al caer la noche y en el mismo bar damos cuenta de una opípara y bien merecida cena, pues tras el esfuerzo hay que recuperar energías. Al rato salimos a la fresca a degustar unos lujos asiáticos, como dice el capitán, y comentar los momentos estelares de la jornada. Como es costumbre al rato nos arrancamos a cantar, para "deleite" de los lugareños. Jesús nos propone una popular canción italiana del célebre Adriano Celentano que interpretamos a coro, en su versión española, como bien podemos. Incómodos por el frío de la noche y el cansancio acumulado, nos retiramos a una hora prudente (a eso de las 12 como la Cenicienta, aunque nadie denunció la pérdida de ningún zapato que nos conste)

De vuelta en el albergue, vencidos por el cansancio vamos directos a la piltra. Las chicas ocupan en una habitación doble y los sapiens de género masculino nos acuartelamos en una gran habitación de 12 plazas, que enseguida bautizamos como "valle del Roncal". En contra de toda previsión y a pesar de alguna que otra queja, los conciertos nocturnos no son especialmente intensos y la noche transcurre tranquila.

Y hasta aquí el relato la primera jornada de pateo por las Tierras Altas. Día de gran esfuerzo (nuestros GPS nos dan una lectura final de 32km recorridos, monte arriba y monte abajo) y mucho calor, pero a la vez mucha vitamina D y mucho disfrute.

Nos despedimos de momento, próximamente se publicará aquí la segunda parte de la historia que nos llevará a San Pedro Manrique, capital de la comarca, y con la promesa de hacer un tocho más corto para alivio del sufrido lector.

D. Alonso

lunes, 20 de mayo de 2019

Al Urbión (2.228m) con los Nalgas Quebradas

18 de mayo de 2019

Camina mejor quien va mirando a las estrellas.

Con la esperanza de que la climatología y los dioses sean, en esta ocasión, un poco más generosos con nosotros y nos permitan disfrutar de las montañas distercias, se convoca una segunda subida conjunta de SanBures y Nalgas Quebradas, con el deseo de poderles mostrar la espectacularidad y belleza de la sierra de Urbión.

Como viene siendo habitual, la cita se fijó con unos pocos meses de antelación, en los que andarines de una y otra procedencia podrían ir planificando sus agendas para acometer la ascensión. Sin embargo, antes de poder lanzar el edicto oficialmente aparece un primer contratiempo: los de San Esteban, que mesurados serán, pero juerguistas también, han convocado para ese mismo día una Fiesta “Ye- yé” o fiesta setentera. La excusa, tan simple como inofensiva, era celebrar el 25 aniversario de la asociación de peñas.

Los de san Esteban, siempre mesurados son… (poema del Mío Cid)

Así las cosas, se decide mantener el llamamiento, pero con el prudente y discreto sigilo para no interferir en demasía esta lúdica actividad sanestebeña, que en cualquier caso limita el número de participantes.

Posteriormente, y ya a una semana del evento, es la meteorología quien se encarga de poner otro poco de guindilla a la cita, pues el anticiclón que nos lleva, hasta ahora, a temperaturas veraniegas, por encima de los 30 grados, parece que tornará el viernes en una bajada espectacular que, en la sierra que pretendemos recorrer, podría significar lluvia, incluso nieve, con temperaturas por debajo de cero. Parece que los dioses, nuevamente, no quieren ayudarnos a cumplir nuestro deseo.

Pero, ¡nada nos amilana!. A las 7 de la mañana del día fijado, puntuales a la cita salimos del frontón 8 ó 9 sanbures, dispuestos a recoger, en el Hostal, a otros tantos Nalgas Quebradas. Ponemos rumbo a la Laguna Negra; haciendo un alto para recoger a un último miembro de la expedición en la Venta Nueva.

Y sin más dilación, ponemos rumbo hacia a ese lugar emblemático de la provincia de Soria, que es la Laguna Negra, en plena sierra de Urbión.

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Su etimología, como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, es curiosa. Podría provenir de las repoblaciones en el siglo IX, y en particular de la que llevó a los vascones a poblar el norte de las sierras hacia las que nos dirigimos y cuyo pico (2.228m) pretendemos alcanzar: el Pico de Urbión. Pico de las “Dos Aguas Buenas”, pues deja al Norte al río Najerilla que alimentará al Ebro, mientras que al sur da origen al padre Duero. Antaño habitados al Norte por los pueblos celtíberos de turmódigos y berones, y al sur por arévacos y pelendones. Hoy es vértice natural de separación de los territorios de Burgos, La Rioja y Soria.

El día no parece tan malo como lo pintaban. Llevamos un nuevo conductor, Samid, oriundo de tierras moriscas, quien nos lleva a la salida sin mayores dificultades, a pesar de las dudosas indicaciones de nuestro capitán.

Nos pertrechamos adecuadamente. Damos las instrucciones al conductor para la recogida, e iniciamos la marcha.

Al poco, la sempiterna parada al pie de la Laguna. No puede ser de otro modo. Los que no la conocen porque necesitan su tiempo para asimilar e interiorizar lo que están viendo; los que ya la conocemos porque no nos queda otra que respirar hondo, y hacer “mindfulness”; es decir, atención plena a lo que se tiene delante sin importar los problemas que cada uno pueda tener, y dejarse llevar, con el alma abierta, a las sensaciones corporales y espirituales, emociones y pensamientos.

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Machado, con La tierra de Alvargonzález, y otras leyendas de la laguna nos vienen siempre a las mientes mientras subimos al mirador de El portillo, donde hacemos obligada parada para despedirnos de la Laguna Negra y permitir que nuestro fotógrafo de hoy empiece a sentir que tiene por delante un día sin descanso.

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A partir de aquí la subida. Día claro y despejado, no exento de nieve caída recientemente ni de sensación térmica en el entorno de los cero grados. Es sencillamente gozosa. Jalonamos la ascensión con algunas paradas, disminuimos el ritmo en los pequeños tramos con hielo que encontramos, y aprovechamos para hacer varias fotos de familia. Aderezamos el trayecto con algún pequeño pero anecdótico traspiés, saboreando el paisaje de la sierra y emborrachando el alma de montaña… Ya en la cumbre del Urbión uno se siente más cerca de la gloria, pues la belleza se nos muestra en todo su esplendor.

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¡¡Y cómo no íbamos a celebrarlo!!. Sacamos pues la bota y hacemos una ronda eucarística, de acción de gracias a los dioses, antes de comenzar la bajada hacía el padre Duero.

Como hemos subido despacio pero más o menos del tirón, algunos feligreses demandan ya el almuerzo, así que nada más llegar al nacedero del Duero sacamos las viandas y los caldos. Salen los de Miño, algunos cosecheros,… y mientras rellenamos las vacías andorgas disfrutamos de una estampa inusual con sol y nevuscando.

Acto seguido, como llevamos hoy nuevos camaradas, hay que proceder al consabido bautizo. Eduardo Fernández, Juanjo, María, Elena y Natalia pasan a engrosar la lista de Caballeros y Damas de las Montañas Distercias, Hijos del Duero, y Amantes de la Muy Noble y Leal villa de San Esteban de Gormaz, y de otros cuantos títulos perennes que nuestro Capitán les concede con ayuda de su piolet y de las primeras aguas del Duero recogidas con su brújula.

Que los Dioses les protejan y les ayuden siempre a encontrar el norte en su camino!

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Tras la oración de rigor:

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras. (G. Diego)

recogemos los bártulos y abordamos un descenso suave y tranquilo. De nuevo con algún descanso de reagrupamiento que se aprovecha para quitar o poner ropa, según las necesidades de cada cual.

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En armonía, con buen entendimiento y la habitual concordia llegamos a la Fuente del Berro. Punto de encuentro en el que debería encontrarse nuestro conductor, esperándonos. Pero, ¡¡sorpresa!!, no está. Conseguimos contactarle y dice estar en Duruelo por lo que le encomiamos a dirigirse a Castroviejo mientras nosotros hacemos lo propio a pie.

Cuando arribamos el conductor tampoco está. A cambio hay aparcado un autobús de los grandes, esperando a algunos de los andarines que nos hemos cruzado en la bajada.

Decidimos dividirnos de forma que un grupo se queda esperando al autobús mientras el resto nos dirigimos a Cueva Serena. Otro lugar peculiar y de cierto encantamiento que no deja indiferente a quienes lo visitan por primera vez, en el que hacemos las fotos de rigor.

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Regresamos a Castroviejo, donde sigue sin aparecer nuestro autobús, momento en el cual nuestro Capitán empieza a preocuparse, y mientras unos cuantos se quedan para averiguar el paradero de nuestro conductor, que es la primera vez que se acerca a estas latitudes, otros cuantos paseamos por Castroviejo, ese lugar donde la erosión ha esculpido durante millones de años las rocas creando formas caprichosas de aspecto fantástico. Nos acercamos hasta el mirador, y un mar de pinos se abre ante nuestra vista.

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Es el colofón de una jornada donde la pronosticada lluvia solo ha hecho aparición en los últimos minutos y de forma tímida. Un día de montaña completo y satisfactorio, donde cada cual se llevará grabadas en su retina imágenes de la sierra de Urbión, difíciles de borrar.

Pero hay que volver y seguimos sin autobús. Nuestro conductor, cuando hemos podido localizarle estaba a la altura de Neila. Más tarde, supimos que puso en el navegador Castrovido en vez de Castroviejo y, de esta forma, estando a tan solo 8 kilómetros se nos marchó a 50km, allá por Salas de los Infantes.

Menos mal, que todavía queda en la montaña gente de bien y solidaria, pues el autobús grande aparcado en Castroviejo, que iba a la mitad de su capacidad, cuando supo de nuestra situación, se apiadó de nosotros y nos bajó a Duruelo.

No pudimos sino agradecer el gesto con la única botella de vino que nos quedaba con vida: un Terraesteban de agradecimiento que apreciaron nuestros salvadores.

Ya en el restaurante enseguida apareció preocupado, avergonzado y agobiado nuestro Samid, al que acogimos en hermandad para disfrutar de otra más de las comidas a los que nos tienen acostumbrando los de Torreblanca.

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El regreso, esta vez, fue temprano con un doble objetivo, permitir a los que todavía tenían que regresar a sus casas llegar a una hora prudencial, y dar un respiro para el acicale de los que nos íbamos a incorporar a la Fiesta Ye-yé.

¡Otra gran jornada montañera más para el recuerdo!

Eduardo Bas.
18May2019
(Fotografías: Juanjo Muñoz)

martes, 9 de abril de 2019

Al Torruco o pico San Millán (2.131m)

6 de abril de 2019

Los valores que enaltecen al ser humano,
se manifiestan, en todo su esplendor,
en lo más alto.

(Club de montaña El Torruco)

Nos convoca hoy el Capitán en los montes Distercios, en pleno corazón de la Sierra de la Demanda. Su nombre se debe a un largo conflicto denominado “asunto de la demanda”, de nada menos que de tres siglos de duración, por la utilización de algunos de sus pastos y tierras. Pretendemos hollar el pico que se constituye en el techo de la provincia de Burgos, el pico de San Millán también conocido como el Torruco, pues de allí sale ese otro río Urbión que cede sus aguas al Ebro.

Sí, el primer descubrimiento del día es la existencia de este segundo río Urbión, tributario del río Tirón en la sierra de la demanda, y que como el que ya conocíamos en la sierra de Urbión, y que pasa por las Viniegras dejando sus aguas al Najerilla, acaba contribuyendo al caudal del Ebro.

Tras un marzo espectacular, estos primeros días del mes de abril, con frío y nieve en la mitad norte, por encima de los 900 metros, que nos recuerda más al invierno, no amedrentan a los diez aguerridos sanbures, que puntuales como un reloj suizo se presentan, tras el nada despreciable madrugón, a la hora convenida.

El autobús nos deja en el puerto del Manquillo, a medio camino entre Riocavado de la Sierra y Pineda de la Sierra; aunque podríamos haber salido de esta última localidad, esta treta nos evita unos 200m de desnivel extra, que como se verá luego son muy de agradecer.

Comenzamos pues sin dilación. Se intuye un día hosco. De momento no llueve ni nieva. Pero casi desde el origen, en la subida constante hacia el pico pisamos la nieve caída el día anterior. Hoy somos pocos y marchamos todos reunidos.

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De pronto una pareja de perdices nos sorprende con un vuelo de exhibición que nos sirve para animar la dura pendiente.

A la hora, más o menos, nos encontramos con la tesitura de desviarnos unos 400m para ver el nacimiento del río Arlanzón. Tras vencer alguna reticencia inicial, pues el día se está cerrando, decidimos visitarlo. Hace un rato que hemos comprobado que la nieve que pateamos tiene un espesor considerable, pero es aquí, yendo en búsqueda del nacedero, por un camino no señalado y no muy fácil de intuir, cuando confirmamos que la expedición de hoy va a ser propia de una jornada invernal, a pesar de estar ya en abril. Finalmente, encontramos la Fuente de Tañuelos que da origen al Arlanzón, y tras la foto de familia de rigor volvemos a la pista que traíamos para continuar la ruta.

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A partir de aquí reiniciamos la subida, intuyendo más que viendo un camino totalmente cubierto de nieve, y con la niebla echándose encima a medida que progresábamos. El día es invernal. La cosa pinta fría y hay que pertrecharse adecuadamente. Sin embargo, ha sido todo tan gradual que casi sin darnos cuenta ya no pensamos en parar para guarecernos un poco más y mejor, sino en tratar de alcanzar la cumbre cuanto antes para iniciar el descenso.

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Finalmente lo conseguimos sin mayores dificultades y sin necesidad de crampones, pero al tocar el vértice geodésico del San Millán, con sus 2.131m., parecería que los dioses hubiesen decidido ponernos a prueba: Una ventisca, in crescendo, con fuerte viento, apenas permite mantenernos en pie, mientras dispara con violencia partículas de hielo que nos alcanzan el rostro, y comienzan los síntomas de hipotermia sobre todo en las manos.

Día invernal, no. El día definitivamente se ha tornado infernal.

Por supuesto no pensamos ni en la foto de familia ni en el almuerzo, inicialmente previsto para cuando coronásemos el Torruco. Ahora, lo importante es salir de allí cuanto antes. Dudamos sobre si ponernos los crampones, pero prácticamente no vemos nada y tampoco estamos seguros de poder hacerlo en estas condiciones; así que marchamos tan precipitados que, al poco, tenemos que deshacer algunos de nuestros pasos hasta volver a la senda prevista.

Son momentos de inquietud y de un cierto desasosiego, pero tras la incómoda consulta a los instrumentos de localización, continuamos en este día ingrato y desapacible con el único pensamiento de avanzar hacia cotas más bajas que nos den un respiro. Incluso se apunta la posibilidad de volver sobre nuestros pasos al origen y abortar la misión, pero mantenemos la marcha.

Cuando por fin alcanzamos la majada de los Carneros, a los 1.630m, hacemos un tímido intento de meternos a dar cuenta del almuerzo, pero el tiempo es tan áspero y destemplado que decidimos proseguir.

Enseguida alcanzamos la siguiente majada Gárrula, a los 1.530m, desde la cual nos vamos en busca del arroyo Altuzarra para poder contemplar sus cascadas: El Salto Doble (34m), el Salto Medio (28m) y el Salto Chico (12m).

Hacemos el camino de bajada, justo en sentido contrario de lo recomendable, dado lo escarpado, pedregoso y resbaladizo del terreno; y máxime tras la nieve caída estos días…lo que unido a los kilómetros acumulados en este inclemente día, hace que no podamos disfrutar cómo se merecen de las cascadas del Altuzarra, ya que nos obliga a cruzarlo con frecuencia por sendas poco o nada marcadas.

Hasta que abandonamos el Altuzarra, el descenso se hace largo, pesado, sin piedad, con más de un culetazo por el légamo, las piedras y las hojas mojadas. A estas alturas de la jornada todavía nos queda una última subida pequeña pero matadora, para descender a continuación al río Urbión burgalés, que nos llevará, esta vez sí, con cierta comodidad hasta el refugio de Zárcia donde nos espera el autobús.

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Han sido más de siete de horas de un día de montaña de los de verdad, con todos sus ingredientes, que pasará a los anales de SanBur.

Para compensar, el autobús nos lleva a Pradoluengo, a casa Adela, donde unas judías rojas, de las que casi todos repetimos, nos ponen a tono para encarar la Semana Santa y las torrijas que ya asoman.

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Ya en casa, en San Esteban, tomando unas cervezas comentamos las anécdotas del día, y la posibilidad o no de repetir en verano el San Millán. Hay quien no lo tiene nada claro tras la experiencia vivida. Colofón de otro día de montaña sanbur para la memoria.

Nos vemos el viernes santo en la quedada!

Salud y montaña!
Eduardo Bas.
6Abr2019
(Fotografías: David Alonso)

Datos de la ruta:

  • Pico San Millán desde El Puerto del Manquillo hasta el área recreativa de Zárcia, 18,4km.
  • Participantes: 10 sanbures con sus correspondientes crampones y otro material de montaña.
  • Hora de salida/llegada: 8:25h/15:52h, cumbre en el pico San Millán: 11:30h.
  • Altitud máxima/mínima: 2131m/1040m.
  • Desnivel positivo/negativo: 721m/1091m.

jueves, 28 de marzo de 2019

Por la sierra de Costalago hasta La Torca

23 de marzo de 2019

“¡Primavera soriana, primavera
humilde como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!

(A. Machado).

Estrenamos la reciente entrada primavera con una excursión por la parte menos conocida del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, para lo que nos vamos hasta la burgalesa localidad de Navas del Pinar. Somos casi una treintena de sanbures los que hemos madrugado esta vez para completar el autobús que ha partido de El Burgo y que nos deja a la entrada de dicho pueblo, pues pretendemos atacar el parque natural por su punto más al norte y más occidental: el Pico de Nava o Pico Navas.

Y, efectivamente, de mañana y como primera tarea, nos enfrentamos sin mayores contemplaciones a la subida inmisericorde hasta este hito de la Sierra de Costalago o Sierra de Hontoria.

Tras un pequeño y ascendente paseo en el que dejamos a la derecha los restos de las canteras de caolín que dan un contraste peculiar y original de color al paisaje, nos enfrentamos con unos 200 metros de desnivel, casi verticales, que justifican el resuello en cuanto alcanzamos la cruz, que luce desde 1.929 ésta atalaya natural. La vista desde allí es espectacular, en día claro como el que tenemos hoy se distinguen los pueblos de los alrededores y hasta divisamos el san Millán, que será nuestro próximo objetivo dentro de unos días. Nos recreamos con la contemplación, ahora sí, y cautivados por la sensacional panorámica, aprovechamos para hacer una foto de familia.

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Y desde la cruz se ve, un poco separado, unos pocos metros más al este, el vértice geodésico que da fe de los 1.352 metros de altura en los que estamos. Iniciamos desde aquí un sugestivo paseo hacia el sur, cresteando la sierra de Costalago hasta alcanzar la elevación secundaria Cabeza el Aro, donde decidimos hacer la parada del almuerzo. Allí, en el suelo de una pequeña pradera, salen las viandas y los caldos en procesión en este día placentero de marzo, sin una nube y con unas temperaturas que nos recuerdan aquello de que cuando marzo mayea… ya veremos a ver si se cumple la segunda parte del refrán y en mayo nos marcea, aunque las temperaturas actuales no hacen barruntar nada bueno.

De repente nuestro capitán se da cuenta que el relajo es excesivo y que tenemos todavía mucha etapa que cubrir, por lo que da orden de imprimir ritmo a la marcha si no queremos desesperar a Evaristo que, con seguridad, estará ya con los preparativos previos, allá por Fuencaliente.

Seguimos por tanto disfrutando, desde lo alto, del valle de Costalago, que vamos dejando a la derecha, y que adquiere su máximo esplendor desde el conocido mirador, situado en un lugar privilegiado. Un cartel, algo desgastado por el tiempo, nos recuerda que por estos parajes, limítrofes entre Burgos y Soria, se movió como pez en el agua el Cura Merino, Jerónimo Merino, ese cura que se hizo guerrillero al ver lo mal que se comportaban los franceses durante la guerra de la Independencia con los habitantes del lugar.

Bajamos pues hacia el valle, donde en bucólica y envidiable estampa, sestean una veintena de vacas, y lo hacemos en busca del burgalés arroyo Mimbre que dejará sus aguas en el soriano río Pilde, haciéndonos así que cambiemos de provincia.

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Con las aguas del Pilde como guía llegamos a la carretera que, proveniente de Espejón y Espeja de San Marcelino, une Orillares con Muñecas y, como él, la cruzamos para, campo a través, llegarnos hasta el corto pero precioso cañon del Pilde con sus caprichosas y bonitas formas. Otra más de las pequeñas joyas de la jornada.

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Continuamos por el Pilde en busca del Convento de los Jerónimos de Guijosa, que dejaremos a la derecha, mientras vamos comentado la importancia que tuvo esta orden y sus “luchas” con la orden de los carmelitas, impulsada nada más y nada menos que por Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Y, a propósito de carmelitas y jerónimos, nos viene a las mientes Samaniego cuando nos contaba aquello de:

Con un robusto fraile carmelita
se confesaba un día una mocita
diciendo: -Yo me acuso, padre mío,
de que con lujurioso desvarío
he profanado el sexto mandamiento
estando con un fraile amancebada,
pero ya de mi culpa me arrepiento
y espero verme de ella perdonada.

-¡Válgame Dios!, el confesor responde,
encendido de cólera. ¿Hasta dónde
ha de llegar el vicio en las mujeres,
pues sacrílegos son ya sus placeres?
Si con algún seglar trato tuviera,
no tanta culpa fuera,
mas con un religioso... Diga, hermana:
¿qué encuentra en él su condición liviana?

La moza respondiole compungida:­
-Padre, hombre alguno no hallaré en vida
que tenga tal potencia:
sepa Su Reverencia
que mi fraile, después que me ha montado
trece veces al día, aún queda armado.

-¡Sopla!, dijo admirado el carmelita.
¡Buen provecho, hermanita!
De tal poder es propio tal desorden;
de once... sí... ya los tiene nuestra orden
cuando alguno se esfuerza...
¡pero, trece! ... Jerónimo es por fuerza.

Con estos versos y las reflexiones acerca de lo excesivo y exagerado del actual lenguaje inclusivo o no sexista, nos aproximamos a otra carretera que cruzar, esta vez la que une Guijosa con Muñecas.

A partir de ahí sólo nos queda encarar el último hito importante de la jornada, La Torca de Fuencaliente.

Aunque el objetivo está ya cerca, el camino poco o nada definido y el cansancio de los kilómetros que llevamos recorridos se hacen notar, y alguno requiere parada de recuperación para poder continuar. Al final nos reponemos y con más intuición que acierto damos con la sima objeto de mil leyendas y chascarrillos, pues esta apertura de la tierra con los 25 metros aproximadamente de diámetro de su boca y sus 100 metros de profundidad no visible, ha dado lugar a todo tipo de comentarios: que si las guerrillas atraían hasta aquí a las tropas francesas para arrojarlas a su fondo, que si los árabes lanzados a sus entrañas salían en África, que si la amante de Almanzor fue precipitada a la Torca… lo cierto y verdad es que se trata de un paraje de vista obligada que emociona e impresiona a partes iguales.

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Evaristo, que se ha acercado hasta aquí con el coche, se lleva a un par de sanbures hasta Fuencaliente, mientras el resto nos dirigimos ya al final de etapa con la satisfacción de haber transitado unos hitos, mitad burgaleses, mitad sorianos, pero de gran de belleza y sencillez.

En Fuencaliente, como se suponía, Evaristo Lapoza nos recibe con todo preparado y perfectamente en orden. No obstante, y para que no estorbemos nos manda al bar a por la cerveza reparadora, mientras él y su familia se encargan de la logística.

Una maravillosa comida al aire libre, en un día primaveral perfecto, en el frontón del pueblo de Fuencaliente del Burgo, sirven de marco inmejorable para la distendida charla, entre chuletas, pancetas y chorizos a la brasa, entrañablemente preparados por esta familia indisolublemente unida a este equipo sanbur.

Y tras la manduca, alguna partida de cartas, y Evaristo en su papel de avezado educador nos enseña su casa, así como su colección de enseres y bártulos propios de un tiempo ya pasado, aunque cercano para algunos de nosotros. Incluso nos muestra los devastadores efectos del ciclón que visitó Fuencaliente no ha mucho, junto con sus jugueteos con el arte de la poda.

Gracias Evaristo por tu generosidad y por este día imborrable que tanto tú como Ana Mari y Marce nos habéis regalado.

Eduardo Bas.
23Marzo2019