domingo, 9 de junio de 2019

Por la Sierra del Madero y comarca de Tierras Altas (2)

Etapa 2: de Fuentes de Magaña a San Pedro Manrique

2 de junio de 2019

Amanece un domingo primaveral y despejado pero algo frío a primera hora. El verano está a la vuelta de la esquina pero no hay que olvidar que estamos en Tierras Altas, el clima continental manda. Después de una noche tranquila y un descanso reparador en el albergue Tierras Altas de Fuentes de Magaña vamos preparándonos, sin prisa, para afrontar una nueva jornada de senderismo. Tras los 32 kilómetros que echamos a la mochila en la caminata del día anterior, hoy la prueba es menos exigente ya que andaremos unos 16. Enrico, dueño del albergue, nos tiene preparado un contundente desayuno para salir con la batería a tope.

2019-06-02_08-06-19 Nutritivo desayuno en el albergue Tierras Altas
Nutritivo desayuno en el albergue Tierras Altas.

Nos despedimos de nuestro anfitrión y salimos de Fuentes de Magaña a eso de las 9:00h, tomando la comarcal en dirección a Valdeprado. Apenas 1 kilómetro más adelante, abandonamos la carretera para coger una senda a la izquierda.

2019-06-02_09-17-41 De camino a Las Fuesas
De camino a Las Fuesas.

La senda desciende -unos 200 metros de desnivel- entre encinas y quejigos en dirección al despoblado de Las Fuesas, situado en la cuenca del río Valdeprado, donde encontramos unas pocas casas rehabilitadas. Nos topamos con una ermita semiarruinada donde curioseamos un buen rato, pues vamos sin excesiva prisa.

Dejamos atrás Las Fuesas y avanzamos ahora por una pista en dirección noroeste remontando el valle del río Valdeprado, es una zona repoblada de pino silvestre (albar) y pino negral (salgareño). A la derecha en lo alto se destaca el pueblo de Castillejo de San Pedro.

2019-06-02_11-06-52 La cuesta que nunca se acaba. Camino de Sarnago
La cuesta que nunca se acaba. Camino de Sarnago.

Son cerca de las 11:00h cuando nos toca afrontar una subida corta pero exigente -250m de desnivel- por el paraje de La Escaleruela. El calor, además, hace rato que aprieta de lo lindo. La subida se hace larga y una vez arriba buscamos ávidamente la escasa sombra que encontramos al lado del camino. Después de descansar unos minutos juzgamos que es un buen momento para un almuerzo rápido. A las 11:30h ya estamos de nuevo en movimiento, la pista rodea el pico de La Cruz del Canto y continúa en dirección norte. En apenas 2 kilómetros pasamos junto al despoblado de Sarnago.

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Con los vecinos de Sarnago.

De Sarnago no se puede decir que sea un lugar abandonado: desde hace mucho no vive nadie de forma permanente, pero la asociación de vecinos de Sarnago lleva más de 20 años dedicada a la rehabilitación del pueblo, incluyendo la reconstrucción de más de 20 casas, calles, fuentes, y una calera a las afueras, también se ocupan de la repoblación de especies vegetales autóctonas, labores de mantenimiento y como no a conservar las tradiciones culturales (en especial la de Las Mónadas). Una labor encomiable. Llevados por la curiosidad entramos a dar un vistazo y casualmente encontramos a varios vecinos del pueblo en plena hacendera. Allí nos atiende Jose Mari Carrascosa, presidente de la asociación, que amablemente nos muestra los trabajos en los que estan afanados, además del museo etnográfico.

2019-06-02_12-29-56 Visitando el museo etnográfico de Sarnago
Visitando el museo etnográfico.

Tras un largo rato parlamentando con nuestros amigos de Sarnago los dejamos con sus quehaceres y continuamos nuestro camino en dirección a San Pedro Manrique. Nos echamos de nuevo al monte, hacia los altos de Piedra Larga y San Cristobal. Ya solo nos separan unos 6 kilómetros entre sendas y pistas de nuestro destino.

Al alzar la vista en dirección noroeste alcanzamos a ver la sierra de Alcarama y Lado Frío, intuyendo la ubicación del pueblo de Acrijos y tras las colinas el valle del río Linares, donde se encuentran los despoblados de Vea y Villarijo. Momento para el recuerdo, pues nos viene a la mente la travesía que realizamos 10 años atras, allá por el lejano 2009, por aquellos pueblos abandonados.

2019-06-02_13-46-58 Últimos kilómetros de la ruta, con San Pedro Manrique al fondo
Últimos kilómetros de la ruta, con San Pedro Manrique al fondo.

Ya solo queda una bajada rápida hasta San Pedro Manrique, entramos al pueblo por el puente del río Linares. Es hora de tomar unas cervezas frescas, recuperar líquidos y socializar un rato con las gentes de San Pedro, mientras se hace la hora de la comida en el restaurante Pili. Comida agradable y tranquila, otra vez con el recuerdo de la excursión de 2009 -pues comimos en este mismo restaurante- ya más pensando en descansar y volver a casa que otra cosa. A las 4 de la tarde ya nos recoge el minibus y emprendemos viaje de vuelta pasando por Fuentes de Magaña pues Jarri ha de recuperar su furgoneta y después... cada mochuelo a su olivo.

Acabamos rendidos de la caminata y el calor de la jornada pero satisfechos por la experiencia vivida, como siempre enriquecedora. ¡Otra más para el recuerdo! Y tras el intenso fin de semana, toca hacer un paréntesis de unos meses en nuestra actividad montañera. Es momento de disfrutar del verano, sin descuidar la forma, mientras vamos planificando la temporada que viene.

D. Alonso

miércoles, 5 de junio de 2019

Por la Sierra del Madero y comarca de Tierras Altas (1)

Etapa 1: de Montenegro de Ágreda a Fuentes de Magaña

1 de junio de 2019

Para poner broche a la temporada montañera 2018-2019 (al menos oficialmente), decidimos unirnos a la reciente lucha y protestas contra la despoblación y la España Vaciada. Y en plena fiebre reivindicativa hacemos nuestra humilde contribución con una pequeña expedición de 2 días por las Tierras Altas, las "Highlands" sorianas, la comarca más vacía dentro de la provincia más vacía de España, pues apenas llega a 2'5 habitantes por kilómetro cuadrado. Región de paisaje y gentes recias, de interminable monte y numerosos pueblos abandonados.

El proyecto lleva desde Semana Santa en preparación y durante este tiempo 10 sanbures respondemos a la llamada a la aventura. Estamos en la otra punta de la provincia, así que se nos cita el día 1 de junio necesariamente a una hora bien temprana. A eso de las 6 y media arranca el bus con los 5 andarines más madrugadores, en el Burgo y Soria se incorporan otros 3, los dos restantes se unirán a la tarde, debido a compromisos laborales. Llegamos al punto de partida, Montenegro de Ágreda, ligeramente antes de hora y a eso de las 8h y 25min ya estamos dispuestos a la acción. Salimos con calma desde la iglesia-torreón de Ntra. Sra. La Blanca, con el imponente Moncayo a nuestras espaldas y un día espléndido por delante que se barrunta plenamente veraniego.

Cruzamos el pueblo y de inmediato vemos una señal con la marca del G.R.86 que seguimos sin titubeos. Enseguida enfilamos hacia la sierra del Madero por una pista consolidada que se adentra en un frondoso bosque de pinos, quejigos, sabinas, jaras y aliagas. El ascenso por la pista es constante pero llevadero, con los mastodónticos aerogeneradores siempre al fondo.

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Camino al Madero.

A las 10:00h alcanzamos el paraje de El Collado (1362m) y tras disfrutar unos minutos de las vistas continuamos hacia la derecha en dirección norte. 20 minutos después coronamos el alto de La Modorra (1436m) punto más alto de la sierra.

Junto al hito geodésico encontramos unas instalaciones de telecomunicaciones y un denso pinar. El lugar nos parece ideal para hacer un primer descanso y dar cuenta de las viandas y caldos que traemos para el almuerzo, pues siempre hacemos honor a aquella máxima que reza:

Panza llena y corazón contento, que todo lo demás es cuento

Aquí también resulta apropiada la siguiente cita del genial escritor inglés G.K. Chesterton:

El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso

A ello nos dedicamos sin prisa, y como siempre en animada conversación. Poco antes de las 11h nos volvemos a echar la mochila al hombro y reanudamos la marcha, siempre caminando por una cómoda pista y siempre hacia el norte, siguiendo la línea de la sierra del Madero. Pasamos bajo uno de los enormes aerogeneradores del parque eólico jugando a calcular su altura, que estimamos en unos buenos 70 metros.

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No son gigantes mi señor...

Apenas 1 kilómetro más adelante la pista gira bruscamente 180 grados y unos cuantas curvas después cogemos una senda a la derecha, enfilando por el barranco de Los Desesperados. El parque eólico queda a nuestra espalda y nos adentramos de nuevo en el bosque, en fuerte pendiente de bajada. El agradable viento de la sierra que nos ha acompañado durante las primeras horas del día hace rato que ha parado y caminamos penosamente por la pista bajo el riguroso sol de junio.

Grandes pilas de troncos se amontonan a las orillas del camino y vemos máquinas dedicadas a las labores de limpieza y aprovechamiento del pino. Llega el mediodía y en las casi 4 horas que llevamos de ruta no hemos encontrado un alma. Nos viene a la mente de nuevo el asunto de la despoblación y quizá una de las claves esté precisamente en esa gran extensión de pinares que dominan la zona. El siguiente pasaje extraído de la interesante web soria-goig nos cuenta un hecho revelador sobre el asunto:

...Otra zona de Sierra, en este caso la del Madero, fue depauperada a causa de la repoblación forestal, lo que hizo imposible que el elevado número de ganado caprino de la zona (unas 4.000), pudiera pastar. Castellanos, Lubia, Suellacabras, perdieron su población. Como nos dirían en Oncala "con el dinero de la venta de las ovejas compraron pisos en grandes ciudades y los chicos llevaban el sobre cada semana a casa. Por lo menos tenían ciertas seguridades". O en El Collado "es muy triste la soledad y aunque tengamos televisión pasamos casi todo el año solos". Aunque, soportando la presión de las altas instancias, algunos no vendieron sus tierras y no pasó nada, tal vez porque Patrimonio ya había conseguido suficientes. Por ejemplo a Santa Cecilia acuden cada año a cosechar...

El pinar queda atrás de momento y continuamos viaje; unos metros antes de cruzar la carretera comarcal SO-1205 que lleva a Trévago, la falta de señales nos aleja un poco de la línea del G.R. aunque sin graves consecuencias (12:50h).

Sin rastro de sombra subimos con esfuerzo hasta alcanzar el alto de la Dehesa. Para nuestro alivio, nos topamos con una pequeña fuente junto a un chozo de cazadores donde aprovechamos para hidratarnos y refrescarnos. Junto a la fuente un pequeño pilón donde, recordando aventuras pasadas, alguno hubiera deseado encontrar en el fondo unos litros de cervezas fresquitas.

Con las fuerzas recobradas seguimos avanzando hacia el norte entre más pinares y algunas tierras de labor. Al rato dejamos el camino y giramos a nuestra derecha por una senda que baja rápido por la cuenca del valle del río Alhama. El paisaje del páramo deja paso a la vegetación de ribera, huertos y frutales.

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En la villa de Magaña, con su fortaleza medieval al fondo.

A las 14:10h cruzamos el Alhama por un puente de piedra y entramos en Magaña, villa desde los tiempos de Alfonso VIII y que tuvo un pasado próspero. Se dice que en la Edad Media contaba con varios molinos, posada, hornos y hasta un batán. Era el centro de la comunidad de Villa y Tierra de Magaña. A día de hoy tiene poco más de 60 habitantes.

Desde la depresión del río remontamos hasta la plaza, junto a la iglesia de San Martín de Tours, y aprovechando la inercia hacemos la visita al castillo de la Nava del Marqués, enhiesta fortaleza medieval de reconocidad silueta levantada sobre un peñón dominando el valle del Alhama, que a pesar de haber sido invadida por la maleza aún conserva su torre del homenaje (de origen bereber) y doble recinto amurallado en un estado aceptable. En el recinto interior hay evidencias de una restauración reciente. De interés es también la ermita de la Virgen de Barruso situada en una de las laderas al pie del castillo y que por falta de tiempo no pudimos visitar.

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Posando despreocupados en lo alto del castillo. No hay enemigos a la vista.

Tras la breve visita entramos en el amplio bar-restaurante del pueblo, bar-restaurante buena ventura (recientemente renovado, por cierto). El cuerpo ya va pidiendo descanso y tras aposentarnos con alivio junto a la barra, pedimos con premura unas cervezas fresquitas a las que nos amorramos atropelladamente para aplacar nuestra tremenda sed. Vamos haciendo tiempo a que lleguen los 2 miembros restantes de nuestra aventura, Victor y Jarri, mientras en la cocina tienen a bien prepararnos unas suculentas raciones para comer, que en cuanto la mesa está servida devoramos sin compasión. Vamos sin prisa y la sobremesa se alarga pues queremos evitar el bochorno de las primeras horas de la tarde.

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Subiendo por el valle del río Montes.

Con bastante calor aún, reanudamos nuestra marcha a eso de las 6. Victor se une a los andarines, mientras que Jarri se acerca en furgoneta (con nuestros equipajes) hasta hasta Fuentes de Magaña. Bajando a la carretera cruzamos el río Montes y remontamos el valle por el que discurre. Subimos despacio sin librarnos aún del bochorno de esta calurosa jornada, pues dentro del valle no corre ni una brizna de viento. Por fín llegamos al alto y nos abrimos al páramo, en el llamado paraje de El Juncar (1130m). Alzando la vista ya divisamos al norte nuestro destino, Fuentes de Magaña, y el vecino pueblo de Cerbón a su derecha.

Bajando hacia el barranco de Miraflores aún tenemos tiempo para hacer una visita al yacimiento paleontológico, donde estudiamos con interés sus ignitas, huellas fosilizadas supuestamente de Saurópodos, parientes lejanos de la lagartija que anduvieron por estos lares unos cuantos millones de años antes que nosotros, allá por el período Cretácico. Colina arriba hay una formidable réplica de uno de estos bichos, magnifica para hacerse una idea de su aspecto y envergadura.

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Ignita aquí, ignita allá.

A las 19:20h entramos por fín a Fuentes de Magaña y allí nos está esperando Jarri pacientemente junto a la "fragoneta". De seguido nos dirigimos a nuestro hospedaje, el albergue Tierras Altas, un enorme casón a las afueras del pueblo, de doble planta y con capacidad de hasta 34 plazas. Las estancias son amplias y el interior moderno y funcional. Enrico, dueño del negocio, nos presenta las instalaciones y nos ayuda con diligencia a instalarnos. Ducha, manicura y al rato salimos a dar una vuelta por el pueblo.

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Recién llegados a Fuentes de Magaña.

No tardamos en instalarnos en el bar, regentado por el alcalde, a seguir nuestra dieta a base de cerveza. Al caer la noche y en el mismo bar damos cuenta de una opípara y bien merecida cena, pues tras el esfuerzo hay que recuperar energías. Al rato salimos a la fresca a degustar unos lujos asiáticos, como dice el capitán, y comentar los momentos estelares de la jornada. Como es costumbre al rato nos arrancamos a cantar, para "deleite" de los lugareños. Jesús nos propone una popular canción italiana del célebre Adriano Celentano que interpretamos a coro, en su versión española, como bien podemos. Incómodos por el frío de la noche y el cansancio acumulado, nos retiramos a una hora prudente (a eso de las 12 como la Cenicienta, aunque nadie denunció la pérdida de ningún zapato que nos conste)

De vuelta en el albergue, vencidos por el cansancio vamos directos a la piltra. Las chicas ocupan en una habitación doble y los sapiens de género masculino nos acuartelamos en una gran habitación de 12 plazas, que enseguida bautizamos como "valle del Roncal". En contra de toda previsión y a pesar de alguna que otra queja, los conciertos nocturnos no son especialmente intensos y la noche transcurre tranquila.

Y hasta aquí el relato la primera jornada de pateo por las Tierras Altas. Día de gran esfuerzo (nuestros GPS nos dan una lectura final de 32km recorridos, monte arriba y monte abajo) y mucho calor, pero a la vez mucha vitamina D y mucho disfrute.

Nos despedimos de momento, próximamente se publicará aquí la segunda parte de la historia que nos llevará a San Pedro Manrique, capital de la comarca, y con la promesa de hacer un tocho más corto para alivio del sufrido lector.

D. Alonso

lunes, 20 de mayo de 2019

Al Urbión (2.228m) con los Nalgas Quebradas

18 de mayo de 2019

Camina mejor quien va mirando a las estrellas.

Con la esperanza de que la climatología y los dioses sean, en esta ocasión, un poco más generosos con nosotros y nos permitan disfrutar de las montañas distercias, se convoca una segunda subida conjunta de SanBures y Nalgas Quebradas, con el deseo de poderles mostrar la espectacularidad y belleza de la sierra de Urbión.

Como viene siendo habitual, la cita se fijó con unos pocos meses de antelación, en los que andarines de una y otra procedencia podrían ir planificando sus agendas para acometer la ascensión. Sin embargo, antes de poder lanzar el edicto oficialmente aparece un primer contratiempo: los de San Esteban, que mesurados serán, pero juerguistas también, han convocado para ese mismo día una Fiesta “Ye- yé” o fiesta setentera. La excusa, tan simple como inofensiva, era celebrar el 25 aniversario de la asociación de peñas.

Los de san Esteban, siempre mesurados son… (poema del Mío Cid)

Así las cosas, se decide mantener el llamamiento, pero con el prudente y discreto sigilo para no interferir en demasía esta lúdica actividad sanestebeña, que en cualquier caso limita el número de participantes.

Posteriormente, y ya a una semana del evento, es la meteorología quien se encarga de poner otro poco de guindilla a la cita, pues el anticiclón que nos lleva, hasta ahora, a temperaturas veraniegas, por encima de los 30 grados, parece que tornará el viernes en una bajada espectacular que, en la sierra que pretendemos recorrer, podría significar lluvia, incluso nieve, con temperaturas por debajo de cero. Parece que los dioses, nuevamente, no quieren ayudarnos a cumplir nuestro deseo.

Pero, ¡nada nos amilana!. A las 7 de la mañana del día fijado, puntuales a la cita salimos del frontón 8 ó 9 sanbures, dispuestos a recoger, en el Hostal, a otros tantos Nalgas Quebradas. Ponemos rumbo a la Laguna Negra; haciendo un alto para recoger a un último miembro de la expedición en la Venta Nueva.

Y sin más dilación, ponemos rumbo hacia a ese lugar emblemático de la provincia de Soria, que es la Laguna Negra, en plena sierra de Urbión.

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Su etimología, como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, es curiosa. Podría provenir de las repoblaciones en el siglo IX, y en particular de la que llevó a los vascones a poblar el norte de las sierras hacia las que nos dirigimos y cuyo pico (2.228m) pretendemos alcanzar: el Pico de Urbión. Pico de las “Dos Aguas Buenas”, pues deja al Norte al río Najerilla que alimentará al Ebro, mientras que al sur da origen al padre Duero. Antaño habitados al Norte por los pueblos celtíberos de turmódigos y berones, y al sur por arévacos y pelendones. Hoy es vértice natural de separación de los territorios de Burgos, La Rioja y Soria.

El día no parece tan malo como lo pintaban. Llevamos un nuevo conductor, Samid, oriundo de tierras moriscas, quien nos lleva a la salida sin mayores dificultades, a pesar de las dudosas indicaciones de nuestro capitán.

Nos pertrechamos adecuadamente. Damos las instrucciones al conductor para la recogida, e iniciamos la marcha.

Al poco, la sempiterna parada al pie de la Laguna. No puede ser de otro modo. Los que no la conocen porque necesitan su tiempo para asimilar e interiorizar lo que están viendo; los que ya la conocemos porque no nos queda otra que respirar hondo, y hacer “mindfulness”; es decir, atención plena a lo que se tiene delante sin importar los problemas que cada uno pueda tener, y dejarse llevar, con el alma abierta, a las sensaciones corporales y espirituales, emociones y pensamientos.

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Machado, con La tierra de Alvargonzález, y otras leyendas de la laguna nos vienen siempre a las mientes mientras subimos al mirador de El portillo, donde hacemos obligada parada para despedirnos de la Laguna Negra y permitir que nuestro fotógrafo de hoy empiece a sentir que tiene por delante un día sin descanso.

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A partir de aquí la subida. Día claro y despejado, no exento de nieve caída recientemente ni de sensación térmica en el entorno de los cero grados. Es sencillamente gozosa. Jalonamos la ascensión con algunas paradas, disminuimos el ritmo en los pequeños tramos con hielo que encontramos, y aprovechamos para hacer varias fotos de familia. Aderezamos el trayecto con algún pequeño pero anecdótico traspiés, saboreando el paisaje de la sierra y emborrachando el alma de montaña… Ya en la cumbre del Urbión uno se siente más cerca de la gloria, pues la belleza se nos muestra en todo su esplendor.

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¡¡Y cómo no íbamos a celebrarlo!!. Sacamos pues la bota y hacemos una ronda eucarística, de acción de gracias a los dioses, antes de comenzar la bajada hacía el padre Duero.

Como hemos subido despacio pero más o menos del tirón, algunos feligreses demandan ya el almuerzo, así que nada más llegar al nacedero del Duero sacamos las viandas y los caldos. Salen los de Miño, algunos cosecheros,… y mientras rellenamos las vacías andorgas disfrutamos de una estampa inusual con sol y nevuscando.

Acto seguido, como llevamos hoy nuevos camaradas, hay que proceder al consabido bautizo. Eduardo Fernández, Juanjo, María, Elena y Natalia pasan a engrosar la lista de Caballeros y Damas de las Montañas Distercias, Hijos del Duero, y Amantes de la Muy Noble y Leal villa de San Esteban de Gormaz, y de otros cuantos títulos perennes que nuestro Capitán les concede con ayuda de su piolet y de las primeras aguas del Duero recogidas con su brújula.

Que los Dioses les protejan y les ayuden siempre a encontrar el norte en su camino!

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Tras la oración de rigor:

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras. (G. Diego)

recogemos los bártulos y abordamos un descenso suave y tranquilo. De nuevo con algún descanso de reagrupamiento que se aprovecha para quitar o poner ropa, según las necesidades de cada cual.

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En armonía, con buen entendimiento y la habitual concordia llegamos a la Fuente del Berro. Punto de encuentro en el que debería encontrarse nuestro conductor, esperándonos. Pero, ¡¡sorpresa!!, no está. Conseguimos contactarle y dice estar en Duruelo por lo que le encomiamos a dirigirse a Castroviejo mientras nosotros hacemos lo propio a pie.

Cuando arribamos el conductor tampoco está. A cambio hay aparcado un autobús de los grandes, esperando a algunos de los andarines que nos hemos cruzado en la bajada.

Decidimos dividirnos de forma que un grupo se queda esperando al autobús mientras el resto nos dirigimos a Cueva Serena. Otro lugar peculiar y de cierto encantamiento que no deja indiferente a quienes lo visitan por primera vez, en el que hacemos las fotos de rigor.

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Regresamos a Castroviejo, donde sigue sin aparecer nuestro autobús, momento en el cual nuestro Capitán empieza a preocuparse, y mientras unos cuantos se quedan para averiguar el paradero de nuestro conductor, que es la primera vez que se acerca a estas latitudes, otros cuantos paseamos por Castroviejo, ese lugar donde la erosión ha esculpido durante millones de años las rocas creando formas caprichosas de aspecto fantástico. Nos acercamos hasta el mirador, y un mar de pinos se abre ante nuestra vista.

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Es el colofón de una jornada donde la pronosticada lluvia solo ha hecho aparición en los últimos minutos y de forma tímida. Un día de montaña completo y satisfactorio, donde cada cual se llevará grabadas en su retina imágenes de la sierra de Urbión, difíciles de borrar.

Pero hay que volver y seguimos sin autobús. Nuestro conductor, cuando hemos podido localizarle estaba a la altura de Neila. Más tarde, supimos que puso en el navegador Castrovido en vez de Castroviejo y, de esta forma, estando a tan solo 8 kilómetros se nos marchó a 50km, allá por Salas de los Infantes.

Menos mal, que todavía queda en la montaña gente de bien y solidaria, pues el autobús grande aparcado en Castroviejo, que iba a la mitad de su capacidad, cuando supo de nuestra situación, se apiadó de nosotros y nos bajó a Duruelo.

No pudimos sino agradecer el gesto con la única botella de vino que nos quedaba con vida: un Terraesteban de agradecimiento que apreciaron nuestros salvadores.

Ya en el restaurante enseguida apareció preocupado, avergonzado y agobiado nuestro Samid, al que acogimos en hermandad para disfrutar de otra más de las comidas a los que nos tienen acostumbrando los de Torreblanca.

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El regreso, esta vez, fue temprano con un doble objetivo, permitir a los que todavía tenían que regresar a sus casas llegar a una hora prudencial, y dar un respiro para el acicale de los que nos íbamos a incorporar a la Fiesta Ye-yé.

¡Otra gran jornada montañera más para el recuerdo!

Eduardo Bas.
18May2019
(Fotografías: Juanjo Muñoz)

martes, 9 de abril de 2019

Al Torruco o pico San Millán (2.131m)

6 de abril de 2019

Los valores que enaltecen al ser humano,
se manifiestan, en todo su esplendor,
en lo más alto.

(Club de montaña El Torruco)

Nos convoca hoy el Capitán en los montes Distercios, en pleno corazón de la Sierra de la Demanda. Su nombre se debe a un largo conflicto denominado “asunto de la demanda”, de nada menos que de tres siglos de duración, por la utilización de algunos de sus pastos y tierras. Pretendemos hollar el pico que se constituye en el techo de la provincia de Burgos, el pico de San Millán también conocido como el Torruco, pues de allí sale ese otro río Urbión que cede sus aguas al Ebro.

Sí, el primer descubrimiento del día es la existencia de este segundo río Urbión, tributario del río Tirón en la sierra de la demanda, y que como el que ya conocíamos en la sierra de Urbión, y que pasa por las Viniegras dejando sus aguas al Najerilla, acaba contribuyendo al caudal del Ebro.

Tras un marzo espectacular, estos primeros días del mes de abril, con frío y nieve en la mitad norte, por encima de los 900 metros, que nos recuerda más al invierno, no amedrentan a los diez aguerridos sanbures, que puntuales como un reloj suizo se presentan, tras el nada despreciable madrugón, a la hora convenida.

El autobús nos deja en el puerto del Manquillo, a medio camino entre Riocavado de la Sierra y Pineda de la Sierra; aunque podríamos haber salido de esta última localidad, esta treta nos evita unos 200m de desnivel extra, que como se verá luego son muy de agradecer.

Comenzamos pues sin dilación. Se intuye un día hosco. De momento no llueve ni nieva. Pero casi desde el origen, en la subida constante hacia el pico pisamos la nieve caída el día anterior. Hoy somos pocos y marchamos todos reunidos.

2019-04-06_08-46-20_SanBur_picoSanMillan

De pronto una pareja de perdices nos sorprende con un vuelo de exhibición que nos sirve para animar la dura pendiente.

A la hora, más o menos, nos encontramos con la tesitura de desviarnos unos 400m para ver el nacimiento del río Arlanzón. Tras vencer alguna reticencia inicial, pues el día se está cerrando, decidimos visitarlo. Hace un rato que hemos comprobado que la nieve que pateamos tiene un espesor considerable, pero es aquí, yendo en búsqueda del nacedero, por un camino no señalado y no muy fácil de intuir, cuando confirmamos que la expedición de hoy va a ser propia de una jornada invernal, a pesar de estar ya en abril. Finalmente, encontramos la Fuente de Tañuelos que da origen al Arlanzón, y tras la foto de familia de rigor volvemos a la pista que traíamos para continuar la ruta.

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A partir de aquí reiniciamos la subida, intuyendo más que viendo un camino totalmente cubierto de nieve, y con la niebla echándose encima a medida que progresábamos. El día es invernal. La cosa pinta fría y hay que pertrecharse adecuadamente. Sin embargo, ha sido todo tan gradual que casi sin darnos cuenta ya no pensamos en parar para guarecernos un poco más y mejor, sino en tratar de alcanzar la cumbre cuanto antes para iniciar el descenso.

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Finalmente lo conseguimos sin mayores dificultades y sin necesidad de crampones, pero al tocar el vértice geodésico del San Millán, con sus 2.131m., parecería que los dioses hubiesen decidido ponernos a prueba: Una ventisca, in crescendo, con fuerte viento, apenas permite mantenernos en pie, mientras dispara con violencia partículas de hielo que nos alcanzan el rostro, y comienzan los síntomas de hipotermia sobre todo en las manos.

Día invernal, no. El día definitivamente se ha tornado infernal.

Por supuesto no pensamos ni en la foto de familia ni en el almuerzo, inicialmente previsto para cuando coronásemos el Torruco. Ahora, lo importante es salir de allí cuanto antes. Dudamos sobre si ponernos los crampones, pero prácticamente no vemos nada y tampoco estamos seguros de poder hacerlo en estas condiciones; así que marchamos tan precipitados que, al poco, tenemos que deshacer algunos de nuestros pasos hasta volver a la senda prevista.

Son momentos de inquietud y de un cierto desasosiego, pero tras la incómoda consulta a los instrumentos de localización, continuamos en este día ingrato y desapacible con el único pensamiento de avanzar hacia cotas más bajas que nos den un respiro. Incluso se apunta la posibilidad de volver sobre nuestros pasos al origen y abortar la misión, pero mantenemos la marcha.

Cuando por fin alcanzamos la majada de los Carneros, a los 1.630m, hacemos un tímido intento de meternos a dar cuenta del almuerzo, pero el tiempo es tan áspero y destemplado que decidimos proseguir.

Enseguida alcanzamos la siguiente majada Gárrula, a los 1.530m, desde la cual nos vamos en busca del arroyo Altuzarra para poder contemplar sus cascadas: El Salto Doble (34m), el Salto Medio (28m) y el Salto Chico (12m).

Hacemos el camino de bajada, justo en sentido contrario de lo recomendable, dado lo escarpado, pedregoso y resbaladizo del terreno; y máxime tras la nieve caída estos días…lo que unido a los kilómetros acumulados en este inclemente día, hace que no podamos disfrutar cómo se merecen de las cascadas del Altuzarra, ya que nos obliga a cruzarlo con frecuencia por sendas poco o nada marcadas.

Hasta que abandonamos el Altuzarra, el descenso se hace largo, pesado, sin piedad, con más de un culetazo por el légamo, las piedras y las hojas mojadas. A estas alturas de la jornada todavía nos queda una última subida pequeña pero matadora, para descender a continuación al río Urbión burgalés, que nos llevará, esta vez sí, con cierta comodidad hasta el refugio de Zárcia donde nos espera el autobús.

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Han sido más de siete de horas de un día de montaña de los de verdad, con todos sus ingredientes, que pasará a los anales de SanBur.

Para compensar, el autobús nos lleva a Pradoluengo, a casa Adela, donde unas judías rojas, de las que casi todos repetimos, nos ponen a tono para encarar la Semana Santa y las torrijas que ya asoman.

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Ya en casa, en San Esteban, tomando unas cervezas comentamos las anécdotas del día, y la posibilidad o no de repetir en verano el San Millán. Hay quien no lo tiene nada claro tras la experiencia vivida. Colofón de otro día de montaña sanbur para la memoria.

Nos vemos el viernes santo en la quedada!

Salud y montaña!
Eduardo Bas.
6Abr2019
(Fotografías: David Alonso)

Datos de la ruta:

  • Pico San Millán desde El Puerto del Manquillo hasta el área recreativa de Zárcia, 18,4km.
  • Participantes: 10 sanbures con sus correspondientes crampones y otro material de montaña.
  • Hora de salida/llegada: 8:25h/15:52h, cumbre en el pico San Millán: 11:30h.
  • Altitud máxima/mínima: 2131m/1040m.
  • Desnivel positivo/negativo: 721m/1091m.

jueves, 28 de marzo de 2019

Por la sierra de Costalago hasta La Torca

23 de marzo de 2019

“¡Primavera soriana, primavera
humilde como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!

(A. Machado).

Estrenamos la reciente entrada primavera con una excursión por la parte menos conocida del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, para lo que nos vamos hasta la burgalesa localidad de Navas del Pinar. Somos casi una treintena de sanbures los que hemos madrugado esta vez para completar el autobús que ha partido de El Burgo y que nos deja a la entrada de dicho pueblo, pues pretendemos atacar el parque natural por su punto más al norte y más occidental: el Pico de Nava o Pico Navas.

Y, efectivamente, de mañana y como primera tarea, nos enfrentamos sin mayores contemplaciones a la subida inmisericorde hasta este hito de la Sierra de Costalago o Sierra de Hontoria.

Tras un pequeño y ascendente paseo en el que dejamos a la derecha los restos de las canteras de caolín que dan un contraste peculiar y original de color al paisaje, nos enfrentamos con unos 200 metros de desnivel, casi verticales, que justifican el resuello en cuanto alcanzamos la cruz, que luce desde 1.929 ésta atalaya natural. La vista desde allí es espectacular, en día claro como el que tenemos hoy se distinguen los pueblos de los alrededores y hasta divisamos el san Millán, que será nuestro próximo objetivo dentro de unos días. Nos recreamos con la contemplación, ahora sí, y cautivados por la sensacional panorámica, aprovechamos para hacer una foto de familia.

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Y desde la cruz se ve, un poco separado, unos pocos metros más al este, el vértice geodésico que da fe de los 1.352 metros de altura en los que estamos. Iniciamos desde aquí un sugestivo paseo hacia el sur, cresteando la sierra de Costalago hasta alcanzar la elevación secundaria Cabeza el Aro, donde decidimos hacer la parada del almuerzo. Allí, en el suelo de una pequeña pradera, salen las viandas y los caldos en procesión en este día placentero de marzo, sin una nube y con unas temperaturas que nos recuerdan aquello de que cuando marzo mayea… ya veremos a ver si se cumple la segunda parte del refrán y en mayo nos marcea, aunque las temperaturas actuales no hacen barruntar nada bueno.

De repente nuestro capitán se da cuenta que el relajo es excesivo y que tenemos todavía mucha etapa que cubrir, por lo que da orden de imprimir ritmo a la marcha si no queremos desesperar a Evaristo que, con seguridad, estará ya con los preparativos previos, allá por Fuencaliente.

Seguimos por tanto disfrutando, desde lo alto, del valle de Costalago, que vamos dejando a la derecha, y que adquiere su máximo esplendor desde el conocido mirador, situado en un lugar privilegiado. Un cartel, algo desgastado por el tiempo, nos recuerda que por estos parajes, limítrofes entre Burgos y Soria, se movió como pez en el agua el Cura Merino, Jerónimo Merino, ese cura que se hizo guerrillero al ver lo mal que se comportaban los franceses durante la guerra de la Independencia con los habitantes del lugar.

Bajamos pues hacia el valle, donde en bucólica y envidiable estampa, sestean una veintena de vacas, y lo hacemos en busca del burgalés arroyo Mimbre que dejará sus aguas en el soriano río Pilde, haciéndonos así que cambiemos de provincia.

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Con las aguas del Pilde como guía llegamos a la carretera que, proveniente de Espejón y Espeja de San Marcelino, une Orillares con Muñecas y, como él, la cruzamos para, campo a través, llegarnos hasta el corto pero precioso cañon del Pilde con sus caprichosas y bonitas formas. Otra más de las pequeñas joyas de la jornada.

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Continuamos por el Pilde en busca del Convento de los Jerónimos de Guijosa, que dejaremos a la derecha, mientras vamos comentado la importancia que tuvo esta orden y sus “luchas” con la orden de los carmelitas, impulsada nada más y nada menos que por Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Y, a propósito de carmelitas y jerónimos, nos viene a las mientes Samaniego cuando nos contaba aquello de:

Con un robusto fraile carmelita
se confesaba un día una mocita
diciendo: -Yo me acuso, padre mío,
de que con lujurioso desvarío
he profanado el sexto mandamiento
estando con un fraile amancebada,
pero ya de mi culpa me arrepiento
y espero verme de ella perdonada.

-¡Válgame Dios!, el confesor responde,
encendido de cólera. ¿Hasta dónde
ha de llegar el vicio en las mujeres,
pues sacrílegos son ya sus placeres?
Si con algún seglar trato tuviera,
no tanta culpa fuera,
mas con un religioso... Diga, hermana:
¿qué encuentra en él su condición liviana?

La moza respondiole compungida:­
-Padre, hombre alguno no hallaré en vida
que tenga tal potencia:
sepa Su Reverencia
que mi fraile, después que me ha montado
trece veces al día, aún queda armado.

-¡Sopla!, dijo admirado el carmelita.
¡Buen provecho, hermanita!
De tal poder es propio tal desorden;
de once... sí... ya los tiene nuestra orden
cuando alguno se esfuerza...
¡pero, trece! ... Jerónimo es por fuerza.

Con estos versos y las reflexiones acerca de lo excesivo y exagerado del actual lenguaje inclusivo o no sexista, nos aproximamos a otra carretera que cruzar, esta vez la que une Guijosa con Muñecas.

A partir de ahí sólo nos queda encarar el último hito importante de la jornada, La Torca de Fuencaliente.

Aunque el objetivo está ya cerca, el camino poco o nada definido y el cansancio de los kilómetros que llevamos recorridos se hacen notar, y alguno requiere parada de recuperación para poder continuar. Al final nos reponemos y con más intuición que acierto damos con la sima objeto de mil leyendas y chascarrillos, pues esta apertura de la tierra con los 25 metros aproximadamente de diámetro de su boca y sus 100 metros de profundidad no visible, ha dado lugar a todo tipo de comentarios: que si las guerrillas atraían hasta aquí a las tropas francesas para arrojarlas a su fondo, que si los árabes lanzados a sus entrañas salían en África, que si la amante de Almanzor fue precipitada a la Torca… lo cierto y verdad es que se trata de un paraje de vista obligada que emociona e impresiona a partes iguales.

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Evaristo, que se ha acercado hasta aquí con el coche, se lleva a un par de sanbures hasta Fuencaliente, mientras el resto nos dirigimos ya al final de etapa con la satisfacción de haber transitado unos hitos, mitad burgaleses, mitad sorianos, pero de gran de belleza y sencillez.

En Fuencaliente, como se suponía, Evaristo Lapoza nos recibe con todo preparado y perfectamente en orden. No obstante, y para que no estorbemos nos manda al bar a por la cerveza reparadora, mientras él y su familia se encargan de la logística.

Una maravillosa comida al aire libre, en un día primaveral perfecto, en el frontón del pueblo de Fuencaliente del Burgo, sirven de marco inmejorable para la distendida charla, entre chuletas, pancetas y chorizos a la brasa, entrañablemente preparados por esta familia indisolublemente unida a este equipo sanbur.

Y tras la manduca, alguna partida de cartas, y Evaristo en su papel de avezado educador nos enseña su casa, así como su colección de enseres y bártulos propios de un tiempo ya pasado, aunque cercano para algunos de nosotros. Incluso nos muestra los devastadores efectos del ciclón que visitó Fuencaliente no ha mucho, junto con sus jugueteos con el arte de la poda.

Gracias Evaristo por tu generosidad y por este día imborrable que tanto tú como Ana Mari y Marce nos habéis regalado.

Eduardo Bas.
23Marzo2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Ascensión al pico del Cerrón

Aquí va una breve crónica de la ascensión invernal al pico del Cerrón (Sierra de Ayllón, 2199m) el 16 de febrero de 2019, saliendo desde Bocígano y acabando en El Cardoso de la Sierra.

La ruta bien la podríamos titular "SanBur programa una ascensión invernal a la cumbre del Cerrón... y les sale un día primaveral casi veraniego (conocida ley de Murphy)".

Sábado 16 de febrero de 2019, 13 montañeros sanbures inician una travesía por la Sierra de Ayllón, en tierras alcarreñas del norte de la provincia de Guadalajara, con el objetivo de alcanzar la cumbre del pico Cerrón de 2.197 metros de altitud.

La cita es de madrugada... la ruta se antoja y es exigente.

Los expedicionarios bien pertrechados del material de montaña imprescindible en esta época del año, crampones y piolet, observan agradecidos, ante el potente día anticiclónico, como el herraje se tiene que quedar en la mochila.

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Se cumple con el programa previsto iniciando la actividad en la localidad de Bocigano. Durante los primeros metros se salva un brutal desnivel que nos deja casi sin resuello. Pronto alcanzamos la cuerda de las Lomas del Picaño y poco a poco, "salvado toboganes", llegamos a la cota de los 1.900 metros. Merecido almuerzo regado con ricos caldos de nuestra Ribera y también de cosecha propia.

Continuamos... ahora toca pisar nieve, está de blandura y nos ralentiza la marcha; el brezo, oculto bajo la nieve, tampoco nos lo pone fácil.

Atención... en este momento es la "hora del Ángelus"!!!

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Por fin llegamos al collado del Agua Fría desde donde el Cerrón se nos muestra imponente. Al ataque!!!

Y cumbre... fotos, risas y cachondeito típico de celebración.

Destacar la importancia y utilidad de los sistemas de orientación (convencionales, mapa y brújula; y digitales, GPS) que vuelven a cumplir con su cometido.

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Completamos la travesía bajando hacia el pueblo de Cardoso de la Sierra que no vemos hasta que estamos encima de él y al igual que en el inicio de la ruta el desnivel, ahora de bajada, es brutal y nos obliga a "clavar uña".

Pero bueno, por fin llegamos al mesón El Tino y como viene siendo habitual al finalizar nuestras andanzas, reponemos líquidos y disfrutamos de potajes y viandas que quitan el sentido.

Otra vez que hemos hecho nuestras las máximas de Horacio... "Carpe Diem" y "Tempus fugit innesorabilis"

Salud y monte compañeros!!!

Vidal Lamata

Avance: prepárate para las próximas actividades montañeras y deportivas ¡Ya es primavera... en el club de montaña Sanbur!

  • Sábado 16 de marzo: campeonato de Castilla y León de campo a través adaptado, en San Esteban de Gormaz. ¡Abierta la inscripción a todos los corredores que deseen participar... anímate, apúntate y disfruta!!!

  • Sábado 23 de marzo: "entre páramos y simas", atractiva actividad senderista por la sierra de Costalago, subiremos el pico de la Nava y pasaremos por el Cañón río Pilde, el Monasterio Jerónimos y la Torca de Fuencaliente
    ¡Geografía, geología, historia, arte y etnología en estado puro!!!
    23,4km y ruta de dificultad media.

    Puedes reservar tu plaza ingresando 15 € (incluye bus y comida a la parrilla) en concepto de “FUENCALIENTE”, antes del martes 19 de marzo en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Sábado 6 de abril: ascensión al pico San Millán (2.131m), travesía por la Sierra de la Demanda, 15,3km y dificultad alta. Imprescindibles: crampones y piolet (o bastones nórdicos).

    Reserva tu plaza ingresando 15 € (bus) en concepto de “San Millán”, antes del jueves 4 de abril, en nuestra cuenta de Unicaja EspañaDuero.
  • Viernes "Santo" 19 de abril: tradicional 5ª quedada San Esteban de Gormaz - El Burgo de Osma (en breve daremos más información)

jueves, 24 de enero de 2019

De Santa Cruz de Yanguas a Almarza

19 de enero de 2019

“En la parda encina
y el yermo de piedra.
Cuando el sol tramonta,
el río despierta.
¡Oh montes lejanos
de malva y violeta!
En el aire en sombra
sólo el río suena.
¡Luna amoratada
de una tarde vieja,
en un campo frío,
más luna que tierra!

(A. Machado).

Vamos en esta ocasión a las Tierras Altas de Soria, a las sorianas Highlands, a encarar una etapa más del GR86 soriano; y lo hacemos además en época invernal, ya que, ahora sí, ha llegado el frío.

Sin madrugar mucho, nos juntamos un buen puñado de sanbures en el autobús grande, pues hay que recoger esta vez a más andarines, tanto en El Burgo como en Soria. Además, esta vez nos dirigimos al noreste provincial, pues tenemos como objetivo atravesar la Sierra de los Montes Claros, esa que se constituye en el preludio de la literaria Sierra del Alba.

Y claro, ¡cómo no!, nos acordamos de la obra de Avelino Hernández de título “La sierra del Alba”, cuya lectura es más que recomendable. Hay que decir que esta obra de Avelino, escrita a finales de los años 80 del siglo pasado, conmueve al retratar el hecho de la despoblación y casi desaparición de una treintena de pueblos en menos de 50 años.

por las calles desiertas del pueblo abandonado vaga por las noches el llanto afligido de una mujer... es la Sierra del Alba que llora porque no ha podido alimentar a sus hijos.
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Tanto es así que su lectura, años después, obsesionó de tal modo a Iñaki Ustarroz, que no podía pasar fin de semana sin acercarse a alguno de esos pueblos de los que hablaba “La Sierra del Alba”, para comprobar su existencia (o no existencia) y experimentar el vacío que se mete hasta los huesos en cuanto se pone pie en la tierra en cualquiera de ellos. Al final Iñaki no pudo evitar escribir sus experiencias por estos páramos en su obra “La Sierra desolada”.

Si la lectura de estos dos libros sorianos se te queda corta para ocupar estas tardes de invierno, pon también en tu mesilla “Por tierras de San Pedro” de Diego Rafael Cano García. Seguro que tampoco te dejan indiferente las aventuras y sucedidos que allí se cuentan.

En estos pensamientos andaba cuando veo que acabamos de coronar el puerto de Oncala y nos desviamos ya hacia Santa Cruz de Yanguas. La mañana no nos puede recibir mejor: un manto de nubes, a modo de bufanda natural, se desliza por lo alto de las laderas que sostienen unos cuantos molinillos eólicos, en estampa difícilmente repetible.

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Y ya en Santa Cruz iniciamos la andadura. No sin antes contemplar el estegosaurio que nos empequeñece, y que nos recuerda que lo que normalmente consideramos como historia, hablando de hace mil ó dos mil años, de los árabes o los romanos, es un juego de niños en estas tierras repletas de icnitas o huellas de vertebrado. Estas pisadas de dinosaurios llegan hasta la Rioja, para recordarnos que hubo vida aquí desde hace más de ciento cincuenta millones de años, allá por el jurásico.

Comienza la marcha barruntando un día de frío, aunque la subida, constante e inmisericorde, a pesar de transcurrir por la umbría nos hace sudar olvidándonos del tiempo. Vamos paseando, en natural procesión, por un espectacular hayedo, hasta coger un camino que nos recuerda la trashumancia de la que tanto saben estas sierras. Camino que nos hace alcanzar la cumbre de la sierra de Montes Claros, donde decidimos almorzar.

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Algunos, a los que la gazuza ya no les da más tregua, se han quedado un poco antes de la cumbre recordando la consigna de nuestro capitán:

Lo primero y principal,
oír misa y almorzar,
y si corre mucha prisa,
almorzar antes que a misa.

Como viene siendo costumbre, salen también en procesión los caldos de las mochilas, pudiendo dar fe que los caldos de Olmillos, de Morcuera, de Miño o de San Esteban no sólo se dejan beber –al decir de algunos- sino que además no tienen malicia ninguna.

Es ahora ya, con las viandas en la andorga, adecuadamente regadas, cuando se comienza a notar que el día se cierra y se confirman nuestras peores sospechas. Cresteamos pues a los 1700 metros de los Montes Claros en una endiablada marcha. Las melenas de María y de Barbis lucen cual carámbanos de hielo, y así continúan hasta que bajamos a cotas más indulgentes.

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El resto del camino trascurre ya con la esperanza de llegar a Almarza, disfrutando de la gran belleza de los acebos, algunos mostrando sus frutos en todo su esplendor. Parece mentira que pueda ser tóxica una planta de tanto brillo y de tan hermoso contraste entre sus hojas y sus frutos.

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Un par de desvíos temporales de la ruta previamente marcada, no impiden que recuperemos la perdida senda y alcancemos el bonito paraje del Molino del Tío Manuel, y así conseguir el objetivo de la jornada: Almarza.

Han sido algo más de 23km de buen ritmo para llegar al Cuatro Vientos de este bonito pueblo, a los pies del Puerto de Piqueras, que antaño fuese el límite del reino de Pamplona Allí nos espera un merecido y extraordinario menú a base de judías pintas y carrillada que devoramos sin compasión, mientras añoramos ya la próxima salida.

Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.Con un recuerdo especial al que fuese la voz de Soria y natural de Almarza, Pepe Sanz, damos pues por inaugurado el 2019 senderista.

Las huellas de los que caminan juntos nunca se borran.

Eduardo Bas.
19Ene2019

domingo, 13 de enero de 2019

Socios de Sanbur 2019 y próxima ruta

Socios de SanBur a enero de 2019.

Un año más actualizamos el número de socios del club Sanbur, ¡ya sumamos 179 socios!

Y un recordatorio, el próximo sábado tenemos la primera ruta del año... tramo del G.R.86 desde Santa Cruz de Yanguas hasta Almarza, dentro de nuestro programa "quema esos antiestéticos michelines".

Atractiva actividad senderista, ideal para estas fechas, caminando y disfrutando entre acebos, hayas, huellas de dinosaurio y castros... y recordando a Avelino Hernández y su “Sierra del Alba” que nosotros surcaremos.

Ruta de DIFICULTAD MEDIA de 21,6km y considerable desnivel altimétrico, por la Sierra del Alba y los Montes Claros. Repondremos fuerzas en el “Bar Restaurante Cuatro Vientos” de Almarza, antes de volver a casa.

¡Aún estás a tiempo de apuntarte! ingresa 10 € (bus) en concepto de “G.R.” antes del viernes 18 de enero en nuestra cuenta de Unicaja España/Duero.

Nota para los federados: gustoso estará nuestro secretario de entregarte la Licencia Federativa 2019 en “FerreBike Mio Cid”, calle Mayor nº 31 de San Esteban.
Para todos los socios... como cada año, con fecha de 15 de enero se carga en cuenta la cuota anual de socio SanBur (10€) para 2019.

miércoles, 2 de enero de 2019

De Andaluz a Quintana Redonda

27 de diciembre de 2018

“En Quintana Redonda
los cantareros
hacen de tierra roja
cántaros negros".

Poca gente hay que al oír la palabra Andaluz piense en Soria, pero ahí está, cerca del Duero, esta localidad soriana, importante lugar de paso en tiempos de la reconquista. Su visible e impresionante portillo, llama poderosamente la atención de todo el que circula por sus alrededores.

Hacia allí vamos hoy, a consagrar el solsticio de invierno, en la tradicional ruta social navideña, los 17 sanbures que no han hecho pereza para salir del calor de las sábanas hacia el helador relente mañanero, nada despreciable, que nos recibe en la estación de autobuses. Por capacidad del autobús y por no haber reservado con antelación suficiente, tenemos que dejar en tierra a dos caminantes más, que se presentaron a la hora de salida en el lugar convenido. Aunque no es la primera vez que nos sucede, lamentamos este hecho mientras debemos recordar la conveniencia de avisar a nuestro guía al menos 48 horas antes de la expedición. En El Burgo recogemos a la oxomense Cristina y así completamos el grupo de la jornada.

Una vez en Andaluz y sin tener ocasión de contemplar su puente romano, nos dirigimos hacia su preciosa iglesia románica del siglo XII, dedicada a San Miguel Arcángel. Allí la luz del amanecer le confiere un cierto aspecto anaranjado y mágico.

Con ello iniciamos, realmente, el trayecto de hoy recordando, otra vez más, al gran Almanzor, en su postrero paso por el portillo de Andaluz. Mientras caminamos con el grupo mi mente se ausenta para escuchar:

Antes de llegar al portillo, nuevamente enfrente de un cerrillo preñado de vestigios romanos, el alcaide de la fortaleza roquera se adelanta a rendirme su homenaje. Leo en su faz mi propia muerte y su pavor al futuro y fingiendo fortaleza, para confortarle, le recrimino la presencia tan cercana de cabrones cristianos. No los habían descubierto en sus continuas exploraciones, pero me promete darles caza y mandármelos esclavos a Madinat Salim para mantenimiento de las murallas. Acepto gustoso sus razones y la pipa de hachís, que fumo con deleite ante la mirada suavemente indignada de mi primogénito (¿le preocupa mi salud o mi cumplimiento del ramadán?). Si todo lo que me hiere fuera este aromático y reconfortante hachís o el vigorizante vino que he consumido con deleite y moderación para escándalo de estúpidos e incultos intransigentes, ahora mismo virarían mis fuerzas para celebrar el aniversario de la toma de Santiago con un nuevo 2 de sabán; y volvería a purificarme adonde el Duero, bondadoso, se vierte para magnificar el mar.
Al cruzar este portillo, al traspasar esta puerta entre estos cantiles, con las buitreras en las crestas de la diestra, mis musulmanes aclamándome desde las almenas de la izquierda y yo, abajo, discurriendo por el centro, por la hondonada, junto al río de agua y al de los guerreros, siento que algo queda atrás. No es una entrada triunfal en Córdoba, en un poblado escenario urbano, pero el duro Almanzor se conmueve. ¿Será porque apenas distingo sus ropajes al aire y oigo sus gritos de loor y aliento pero presiento que sollozan quedamente?. ¿Es debilidad si se me humedece la vista ante el ulular de la victoria sobre el enemigo o antes ese otro clamor funesto e imperceptible para no molestar al caudillo moribundo? No conozco alabanzas más honestas, amor más sincero, que los que brotan de la humildad junto a un lecho de muerte.
En el umbral de estos parajes perdidos junto al fuerte risco, a orillas de este riachuelo que da por finalizada su vega y vierte su caudal, su energía en el río grande provocándome un escalofrío que alguien confunde con la fiebre., observando como mi noble ejercito ya enfila lentamente el estrecho puente romano que nos transporta al otro lado, a la ribera izquierda, civilizada y familiar, de este ubicuo río Duero, de esta muga fluvial, a mí, al gran caudillo invicto, al gran Almanzor, lo vencen los recuerdos y la nostalgia como no lo han conseguido durante décadas los perros cristianos y como no lo consigue ahora, aunque me lleve a la tumba, el cobarde veneno. Como este humilde río entrega las escasas fuerzas de su hora postrera, así las entrego yo; como este viejo río todavía es capaz de mirar atrás para enorgullecerse de la gran obra de su vigorosa juventud, la apertura del tremendo portillo, así miro yo al pasado para recordar y envalentonarme con las arduas tareas a las que me enfrenté y resolví con fortuna.
Pero que el pasado no se inmiscuya en mi meta: ¡Cruzar por última vez, definitivamente, el puente y llegar a Madinat Salim!. Llegar vivo a mi querida Madinat Salim, traspasar respirando, por última vez, su arco; y volver la vista atrás para contemplar, por última vez, el valle del Arbuxuelo, las luminosas salinas con las níveas, puras, veraniegas montañas de sal y al fondo, junto al manantial, la espesa mancha verde de mis jardines; oír por última vez, desde el lecho, la familiar llamada del almuecín de Madinat Salim… Y escribir rápidamente el testamento, instruir a mis hijos en sus obligaciones, indicarles las gestiones pertinentes en Córdoba… y preparar mi tumba, la tumba de Almanzor.

(Alberto Manrique)

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Efectivamente el relato, nos ha transportado al 1002, y nos deja un cierto escalofrío al evocar nuestro pasado árabe, pues imaginamos a Almanzor moribundo, caminando hacia Medinaceli, en sentido inverso al que llevamos hoy, en su paso por el portillo de Andaluz.

Vuelvo al grupo, que marcha a buen ritmo entre encinas, más bien carrascas, por un camino cómodo y bien marcado. Enseguida se propone parada para el almuerzo. Han sido unos diez kilómetros en compañía de Almanzor que se han pasado rápidamente. Entretanto el sol comenzaba a elevarse y calentar el día. Pronto cruzamos una explanada que, sorpresivamente ha respetado el camino que llevamos, y a cuyo final nos encontramos con un carasol de roble bajo en el que finalmente descargamos los macutos.

Allí nos conciliamos con la nueva bota de Tomás y el caldo con que la estrena, y rematamos con los turrones y chocolates de Vidal y de Pilar.

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Con las nuevas energías retomamos los otros casi 10 kilómetros que nos separan de Tardelcuende, el pueblo de gran tradición resinera donde naciera uno de sorianos más singulares que han dado estas tierras en el siglo XX: Juan Antonio Gaya Nuño. A él se debe uno de los pocos libros de obligada lectura para todo soriano: El Santero de San Saturio.

Juan Antonio es el autor de una frase que, con seguridad, es el del agrado de nuestro capitán, y que se ha popularizado en Soria: “las aguas del Urbión no se regalan en balde”, aunque lo que realmente dejó dicho es que “no se regalan en balde las nieves del Urbión”.

Sea como fuere, dejamos atrás robles y encinas, y ya entre pinos aprovechamos para invitar a todos los sanbures a que profundicen y se interesen por la figura de Gaya Nuño, cuya vida y obra no les dejará indiferentes. Y si alguno se atreve, le proponemos la lectura de su Tratado de Mendicidad; toda una gozada literaria.

Atravesamos Tardelcuende para continuar hacia nuestro destino de la jornada, no sin algún que otro reproche por no haber terminado aquí la etapa de hoy. Vidal nos comenta cómo no fue capaz de encontrar ningún sitio en Tardelcuende donde nos dieran de comer, y que por ello alargamos unos 6 kilómetros la excursión en la confianza de que el famoso cocido de los jueves del bar Las Piscinas de Quintana nos deje satisfechos.

Hacia allí nos dirigimos pues, paralelos a la línea del ferrocarril, entre los pinos que han dado merecida fama micológica a Quintana. Es un día limpio y claro, ideal para nuestro propósito andarín, y a pesar del cansancio que se empieza a notar intuimos ya el fin de etapa y el efecto reparador y balsámico de las cervezas que nos esperan.

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Efectivamente al llegar vemos al eficaz Evaristo esperándonos con los aperos de recambio en el coche escoba que nos ha acercado con puntualidad rigurosa.

En Quintana, nos trasportamos a la época romana, otros mil años más atrás que en Andaluz. No en vano aquí se encontró un casco romano con unos vasos y unos cuantos denarios que todavía pueden contemplarse en la Real Academia de la Historia. Estamos en zona de frontera, pero esta vez de frontera entre celtíberos y romanos, seguramente como parapeto o campo base para atacar Numancia y hacerse con su control.

No lejos de donde estamos, en Las Cuevas de Soria, se encuentra la villa romana de “La Dehesa”, del siglo IV AdC que bien merece visita aparte.

Antes de dar cuenta del cocido, unos pocos nos acercamos a la plaza de Quintana, donde vemos que han estado de cacería y descubrimos el triunfo de un buen ejemplar de jabalí.

Con ello el buen cocido en armonía y distensión que finaliza, como no puede ser de otro modo, con unos cánticos navideños y unas partidas de mus.

Nos despedimos de Quintana y de Evelio, uno de sus más conspicuos moradores, en otro día de júbilo y disfrute que nos anticipa un buen senderista año de 2019.

Por Roma y Por al-Andalus, ¡Feliz Año Nuevo a todos!

Eduardo Bas.
27Dic2018