viernes, 1 de junio de 2018

Pico Urbión y Castroviejo

26 de mayo de 2018

...al monte se sale hasta con buen tiempo.

Suele ocurrir que una experiencia, por interesante que sea, si se repite en exceso se vuelve predecible, monótona y muchas veces acabamos por abandonarla. Ya se ha comentado en alguna otra ocasión que en el caso de la montaña esto no se suele cumplir, pues es un entorno tan cambiante que siempre hay 'algo' que hace que cada salida al monte sea diferente. En Sanbur lo sabemos bien con el pico Urbión, que tenemos "trillado" tras haberlo coronado en incontables ocasiones desde hace la tira de años, y ahí seguimos subiendo con la ilusión de la primera vez.

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En esta n-ésima subida como hechos novedosos podemos hablar primero de las adversas condiciones meteorológicas: a la lluvia propia de la primavera, hay que sumar la niebla y el frío, que no son inusuales en montaña en esta época del año. Hace un día esplend... ¡hoy no toca la frase!

Por otro lado esta vez los sanbures no hemos subido en solitario, pues compartimos aventura con 14 recios montañeros y montañeras del club Nalgas Quebradas de Madrid (apropiado nombre para un grupo montañero, si lo pensamos bien), deseosos de conocer estas ásperas montañas sorianas. En total nos juntamos 24 caminantes. El encuentro ha sido posible gracias a la iniciativa de Eduardo Bas, que de tanto vicio que le ha cogido a la montaña es desde hace tiempo miembro activo -o hiperactivo- de ambos clubs, el soriano y el madrileño. Ya llevaba tiempo buscando hacer una actividad conjunta y la ocasión la pintaban calva, ya que tras un comienzo de año tan generoso en nieves, una visita al Urbión en estas fechas era muy tentadora.

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Hablemos un poco de la ruta. Decidimos hacer como casi siempre la travesía tradicional, que para los sanbures consiste en salir desde la Laguna Negra, coronar la Muela de Urbión, bajar a las fuentes del Duero y luego río abajo hasta terminar en el paraje de Castroviejo. Salimos pues desde el aparcamiento de la Laguna a eso de las 9 menos cuarto, con buen ánimo a pesar del mal tiempo (llovió con abundancia durante el viaje desde San Esteban); por suerte la lluvia no nos molestó el resto del camino salvo en momentos puntuales. A algunos nos sorprendió encontrar menos nieve de la esperada, a juzgar por como estaba la montaña tan solo quince días antes. En realidad no pisamos nieve hasta llegar a los Llanos de la Sierra y la Laguna Larga, incluso la cima rocosa del Urbión estaba del todo despejada.

Y a falta de nieve, agua en abundancia: ríos y riachuelos, charcos y pequeños humedales, saltos de agua y hermosas cascadas, un espectáculo digno de ver. Una vez arriba en el mirador de la Laguna, varias charcas y riachuelos se cruzan en nuestro camino poniendo a prueba nuestras habilidades atléticas (en su variedad de salto de longitud).

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Algo más adelante, al poco de pasar la Laguna Larga, se cierra la niebla y aparecen los primeros neveros. El último repecho -siempre exigente- que nos deja a la altura del collado del Urbión lo subimos con algo más de dificultad que otras veces. Y al volver nuestra mirada al norte ¡el pico no está allí! La niebla es tan espesa que no permite ver nada en derredor. Afortunadamente pisamos por terreno conocido y enseguida alcanzamos peña Horadada, pasando junto a la gran cruz en parte cubierta por la nieve. Sin demora seguimos para la cumbre con cierta dificultad pues la niebla y el frío siguen sin darnos tregua. Arriba nos entretenemos lo justo para hacer las fotos de rigor y descendemos rápido hacia las fuentes del Duero.

Vidal nos recueda una vez más a su ancestro andalusí Abu ʿAmir Muhammad ben ʿAbd Allah ben ʿAmir ben Muhammad ben al-Walid ben Yazid ben ʿAbd al-Malik al-Maʿafirí al-Mansur (confieso que lo he tenido que buscar en la wikipedia, ejem) y ejecuta una serie de bautizos con agua fresquita que convalidan para el título de caballeros de los "dosmil". La corrección -política- me obliga a decir también caballeras, pero lo dejo pasar porque no suena muy bien. Sin movernos del nacimiento aprovechamos para almorzar, encogidos por el frío (afortunados son aquellos que echan vino a la mochila, pues ayuda al montañero a calentar el cuerpo).

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Apenas emprendemos de nuevo la marcha cuando nos topamos con nuestro compañero Tachen, que ha subido desde el "búnker" a nuestro encuentro y nos acompaña de nuevo en el descenso. Bajamos rápido y sin incidentes hacia Duruelo de la Sierra. Al rato, tras dejar atrás la Fuente del Berro, vuelve la inoportuna llovizna que cae de manera intermitente. Como vamos bien de tiempo decidimos hacer una visita fugaz al paraje de Castroviejo y Cueva Serena. Al acabar mudamos nuestros mojados atuendos por ropa cómoda y seca, empacamos nuestro aperos de montaña y ya con el tiempo justo nos acercamos a Duruelo, directos al restaurante Torreblanca. Allí aplacamos nuestra sed con unas cervezas y devoramos un plato de torreznos sorianos ¡como no!
Seguidamente como es costumbre disfrutamos y digerimos un contundente menú, con lo que damos termino a nuestra aventura.

Vuelta a San Esteban a descansar un rato, antes de continuar un fin de semana lleno de acontecimientos. Y para terminar bien el día, no podemos dejar que nuestros amigos de Madrid se vayan sin practicar el deporte favorito de los sanestebeños: chuletada en la bodega (por si la comida no había sido suficiente), acompañada de zumo de uva de la región convenientemente exprimido y fermentado. Hoy además con la atención puesta en cierto partido de pelota que jueguan 11 tipos de blanco contra otros once de rojo. Dicen los expertos que ganaron los primeros, ayudados por la nefasta actuación del portero rival de manos temblorosas.

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Y hasta aquí el relato de otra magnífica subida al pico Urbión. No quiero terminar sin reconocerle a Eduardo que sin duda el experimento ha sido un éxito, todos acabamos cansados pero satisfechos y a buen seguro nuestros socios de fatigas madrileños lo habrán disfrutado plenamente. Esto me temo -o más bien me congratulo- que nos animará a juntarnos en un futuro para repetir la jugada, esta vez quizá en "terreno" madrileño.

Otra más para la mochila, y vamos a por la siguiente.

Próxima actividad:el sábado 16 de junio nueva caminata por el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, desde Valsaín subiermos al pico Montón de Trigo (2.161 msnm).

14km de ruta de montaña, dificultad media.

Más información en el pdf adjunto:

viernes, 11 de mayo de 2018

Por los caminos de Matanza, Villálvaro y Zayuelas

5 de mayo de 2018

La primavera ha venido.
Nadie sabe cómo ha sido.

Hoy sí, hoy por fin vamos al encuentro de la primavera. Unos 15 sanbures acudimos prestos a la llamada de nuestro capitán.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán!

Nos damos cita en el frontón, desde el que comenzamos la marcha, pero esta vez para sorpresa de todos lo hacemos por la vía del tren con intención de cruzar el túnel.

Apenas subimos a la vía del tren y afloran los recuerdos de antaño; porque atravesar actualmente el corredor resulta tarea sin mérito alguno, pero, ay! amigo!… en su día, en los días de la infancia de muchos de los andarines de hoy, el entrar en el túnel (y en el cementerio) era empresa que requería un alto valor no alcanzable para cualquiera.

Aquellos intrépidos mocosos de 8, 9 ó 10 años que se lanzaban a la aventura, pasaban en ocasiones el subterráneo con la congoja adosada al cuerpo como una lapa, por más que tratasen de simular calma y sosiego. Y no todos lo conseguían pues la mayoría a los pocos pasos se daba la vuelta de regreso. También estaba quién lo conseguía pasando como de puntillas, como no queriendo tocar el suelo más de lo estrictamente necesario para sobrevivir a los peligros y a las amenazas del túnel… peligros causados porque entonces, a diferencia de hoy, el tren circulaba por esa vía sin que supiésemos a ciencia cierta a qué hora pasaría el Shangai o el tren de mercancías; amenazas, también, porque éramos conscientes de la que nos esperaría en casa si los padres descubrían nuestra barrabasada. Eran las cosas de los chicos de antes. No teníamos móviles ni consolas, pero sí tardes enteras a nuestra disposición para hazañas como esta, proezas que añadían adrenalina a la niñez y mocedad.

Enseguida, Jesús de Blas nos contó una historia sobre esta galería que muchos desconocíamos. Aquí fue donde se refugió Erik el Belga, el más famoso ladrón de obras de arte sacro del siglo XX, poco antes de ser detenido por primera vez.

Efectivamente, parece ser que en 1966 trató de robar de la Catedral de El Burgo su famoso Beato de Osma, un manuscrito de 1086 y una de las mayores joyas de la dicha catedral. Afortunadamente, alguno de sus colaboradores se fue de la lengua en el último momento, de forma que Erik se vio obligado a abortar la operación y escapar. Llegó hasta San Esteban, donde se refugió en el túnel. Al ir armado, y estando dentro del pasaje, la guardia civil tuvo que emplearse a fondo; sin embargo, finalmente fue cogido a unos kilómetros más adelante en su huida en dirección a Langa.

Y continuando con los relatos, Vidal recuerda también como, unos años más tarde, el maestro llevó a toda la chiquillería de la escuela hasta la entrada del túnel para contemplar el rodaje de una serie que tenía por protagonista a Pepe Martín, el famoso actor de la época que había cautivado a media España por su interpretación televisiva en El Conde de Montecristo.

Con estos recuerdos recorrimos los apenas 100 ó 200 metros de galería, para enseguida abandonar la vía que dejó de utilizarse para uso de viajeros en 1985, y para mercancías en 1994.

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Pusimos rumbo a Matanza, a Matanza de Soria, por un camino verdaderamente primaveral, dejando a la diestra el monte Exide, que es la razón de ser de una de las industrias más conocidas de San Esteban: La Tudor.

Un poco más adelante, también a la derecha del camino, sorprendemos lo que la mayoría da por un ciervo, mejor dicho, cierva, pues no tiene cuerna. Es un bicho de un tamaño espectacular. Puntualiza Aníbal, para reforzar la clasificación del animal como una cierva, que en su marcha no ha mostrado el culete blanco de los corzos.

Sea como fuere, enseguida alcanzamos Matanza y antes de hacer la parada para el almuerzo visitamos su románica iglesia de San Juan,

Esta vez, como somos pocos y hay que reservarse para la comida, el alto en el camino es discreto, al pie de una fuente que rebosa agua por todos los caños, y desde donde se disfruta de un día realmente de primavera; seguramente el primer día del año que puede calificarse de primaveral.

Abandonamos Matanza recordando, otra vez, a los árabes, y más particularmente a los omeyas cordobeses, pues es probable que este pueblo deba el nombre a alguna de las matanzas que árabes y cristianos acostumbraban a llevar a cabo por estas tierras, allá por los siglos X y XI.

Y de Matanza a Villálvaro dando un rodeo para ir por el Soto, ese lugar casi oasis, regado por el Río Rejas o río Madre, que reverdece los sauces, chopos y fresnos; y en el que plantaron los del Villálvaro su campo de futbol.

Antes de llegar al pueblo nos encontramos con el padre de Miguel que va a dar una vuelta a una tierra que tiene ahí al lado. Tras saludarle nos dirigimos a la ermita de San Pedro, el “postol” de Villálvaro, que preside las fiestas de la localidad, y que tiene anexo el camposanto de Villálvaro. A propósito de las fiestas comentamos los elegantes vestidos de las mujeres en esos días de celebración en que competían entre ellas por llevar algo mejor que la vecina. ¡¡Cosas de la vanidad humana!!

Con estas reflexiones atacamos el último tramo hacia el destino de la jornada: Zayuelas.

Lo hacemos por el vertedero para atrochar y enseguida nos mete en el monte de carrasca por el que avanzamos notando ya la temperatura del mediodía castellano.

Y unas pocas charletas después entramos en Zayuelas. Allí nos recibe un esplendoroso Teleclub que nos proporciona las cervezas reparadoras de la llegada, mientras damos tiempo a sacar las viandas. Algunos, apremiados por el Numancia o por ocupaciones más importantes, regresan anticipadamente, quedando una docena de sanbures prestos a saborear el desenlace de la jornada.

Nos sorprende conocer la población de Zayuelas y el buen ambiente que se respira. Y recordamos la maravillosa descripción que hace el Nomenclator de Manuel Blasco Jiménez cuando habla del Zayuelas de finales del siglo XIX, principios del XX:

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Las costumbres de sus moradores siguen siendo sencillas y su carácter bondadoso. En lo que se ha introducido alguna reforma es en el vestir.
Hace treinta años podíase decir con más razón que ahora: figúrese el lector hallarse delante de un hombre vestido con chaqueta parda de cuello recto, con dos hileras de mayúsculos botones dorados cosidos sobre pequeñas presillas de galón de seda, calzón basto pardo de jareta, media parda, escarpín, id. redoblado hasta la canilla, abarca o alpargata, con hiladillo estrecho, pañuelo de color en la cabeza y por, sobre todo, una dalmática parda desfigurada con capucha, y tendrá el tipo de habitante de Zayuelas y el de sus pueblos vecinos en la estación de invierno.
Haga cuenta que se le exhibe una bella de ojos rasgados y tomada por el sol, con jubón pardo, ceñido y descotado, abierta la bocamanga y bordados sus ojales con seda verde o amarilla; cubierta la cabeza con pañuelo atado bajo la barba, y el seno con otro blanco o de color claro, cuyos ángulos o puntas se esconden por delante y atrás dentro del jubón o van prendidas con alfileres fuera de él; con saya parda corta y mal plegada; medias de lana parda también o blanca; alpargata sujeta con hiladillo azul; abarca de cuero sin curtir bien hecha y con calzadera de lana blanca o negra, o zapato descotado con una sola oreja prendida de un botón metálico por el lado exterior del pie, y puede asegurar haber visto el tipo común de la mujer del partido del Burgo; es decir, su tipo de hace 30 años, pues desde entonces ha sufrido alguna reforma, no en valde pasa el tiempo, perfeccionador de usos y costumbres. .

Con estas imágenes de tiempos pasados nos disponemos a dar cuenta de las raciones preparadas por cada cual, pero generosamente regadas por los caldos de Maricruz, quien a su vez se encarga del postre, que zampamos en animosa tertulia.

Y mientras esperamos al autobús que nos devuelva a San Esteban, unos deciden seguir con la charla, y entretanto otros salen a la calle a jugar un mus al calor de los rayos que la primavera deja en Zayuelas.

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Otro día completo. Otra marcha para el recuerdo.

Eduardo Bas
05Mayo2018

jueves, 19 de abril de 2018

Por el enebral (sabinar) de Calatañazor

En Calatañazor, Almanzor,
no perdió el tambor.

Tras unos días de rara primavera, de un tiempo extraño y lluvioso que ha dejado ya más de 300 litros en la comarca en lo que va de año; anegando parajes, desbordando ríos y arroyos, arrastrando ramas y maleza, encharcando caminos, algunos no se atreven hoy a dejar en casa el paraguas. Eso que dicen que no lloverá, pero tras las experiencias pasadas recientemente… más de uno ve en la luna los cuernos de aguilanducho:

Si la luna tiene cuernos de aguilanducho,
o llueve poco, o llueve mucho,
o no llueve nada,
y se queda el tiempo conforme estaba.

Pues eso, que salió el republicano día cómo para fiarse de la climatología.

Pero los sanbures, inasequibles al desaliento, y resistentes a las inclemencias meteorológicas, se dan cita en el frontón, para coger el autobús, que, tras recoger a los colegas de El Burgo, nos dejará en La Aldeahuela de Calatañazor.

Nada más bajar del autobús nos sorprende gratamente el aspecto de este barrio o aldea de Calatañazor, hoy perfectamente recuperado, con unas cuantas casas rehabilitadas y reconstruidas con acierto, pero que a punto estuvo, a finales del siglo XX, de desaparecer; pues dicen que hubo una época en la que tan sólo lo habitaban dos familias y además… no se hablaban!!.

Cosas de Soria. Ya se sabe!!. Por cierto, hablando de cosas de Soria, hay que decir que circula un dicho de este lugar que tiene pinta de ser veraz, ya que reza:

En la Aldeahuela,
el que más larga la tiene,
más hondo la cuela.

Con estas reflexiones sorianas comenzamos la jornada. Marchamos por un suelo embarrado y resbaladizo, pero del que a medida que pasan los minutos y nos adentramos en el enebral nos vamos olvidando para disfrutar del entorno. El día gris impone un ritmo vivo, por un sendero desconocido, zigzagueante y sin señalización, que nos debe conducir al chorro de Despeñaelagua, también conocido como Cascada de La Fuentona.

En el camino, como ya anunciase la convocatoria de hoy, nos encontramos con unas cuantas majadas o tainas o tenadas, de esas que antaño servían de redil para guarecer ovejas y pastores. En una de ellas conseguimos agrupar a todas las ovejas sanbures descarriadas para hacer la primera foto de familia de hoy.

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Y cuanta no sería la emoción del momento que alguno tuvo que volver a por la mochila olvidada en tan noble lugar.

Al poco… otro espectáculo de la naturaleza. Como íbamos cresteando, tratando de buscar y bordear un pequeño cortado, nos encontrábamos en lo alto del mismo que se nos apareció de repente. Pero allí, por naturaleza, estábamos en terreno que pertenece a los buitres, a los que nuestra presencia obliga a salir en lento y reposado vuelo. Estampa preciosa para la retina, la de unos animales de un extraño color marrón claro, casi blanco, de la que podemos disfrutar durante unos minutos mientras estamos siendo vigilados por uno de ellos que decide esperarnos y tantearnos.

Creo que ya hemos comentado en alguna ocasión que uno de los más conspicuos representantes de Sanbur, cuenta en su preciada testa con la singular herida de guerra hecha por un buitre cabreado, de modo que conocedores de primera mano de los malos humos y las malas artes de estos bichos, mantenemos la distancia prudencial hasta que nuestro desafiante enemigo decide alzar el vuelo.

Y, casi planeando como los buitres, llegamos al mirador de La Chorrera de Despeñaelagua. Se trata de un cortado no digno para afectados por el vértigo, pero no por ello menos bello.

Al acabar de coronar para bordear el cortado se decide que ya nos hemos ganado el almuerzo y nos ponemos manos a la obra.

Salen los caldos de las mochilas y empiezan a rular. Hoy tenemos algún rosado de Terraesteban, un par de añadas distintas de viña Vaina, los nada despreciables líquidos de Morcuera…

… y surge la polémica de la jornada: estamos en un sabinar o en un enebral?

Nos dice Jesús que lo que tenemos a la vista son enebros, como los de su pueblo, y que los matorrales bajos y espinosos, que también vemos, son los jabinos o sabinos.

Y efectivamente, Miguel Ángel Navas nos confirma que estamos en un mal llamado sabinar. Que lo que tenemos delante son realmente enebros de la familia de los Juniperus. Parece ser que hay más de 50 especies distintas. Nos cuenta las diferencias entre ambos: enebros y sabinas. Que no es del todo cierto que los enebros mantienen sus hojas espinosas toda su vida mientras que las sabinas, son espinosas sólo en su infancia. Que la sabina albar es el juniperus thurifera. Que del jabino o sabino es de donde se sacan las bayas para la ginebra (de enebro, genever allá por los países nórdicos). Que si los nombres comunes, por repetidos, también son válidos. Que enebros o sabinas son dioicos; es decir, que hay machos y hembras.

Nos quedamos pues con la duda de si estamos en un enebral o en un sabinar; en el enebral de Calatañazor o el sabinar de Calatañazor.

Por cierto, que Calatañazor es palabra árabe: Qal`at an-Nusur (castillo de águilas – o buitres?), situada donde dicen que estuvo la ciudad arévaca de Voluce. Nada que ver con cristianos ni con los condes castellanos que luego la pretenderían.

En el baja-sube al que nos enfrentamos tras el almuerzo enseguida los efectos de la lluvia de estos días se nos hace evidente: no hay sitio por donde cruzar el arroyo sin comprometer el calzado. ¡¡Difícil decisión !!. Trato de saltar, pero la distancia es grande. Nadie es capaz de saltar tal longitud. En 2 ó 3 pasos creo que paso y con suerte las botas aguantan. Me descalzo y vuelvo calzarme. Algunos ponen unas cuantas piedras para tratar de solventar el percance, pero al final cada uno haciendo de su capa un sayo consigue atravesar el arroyo cómo bien puede, sin que se constaten males mayores.

Sea como fuere seguimos nuestra marcha hasta La Fuentona primero y hasta la base de la Cascada después. Como ya divisábamos desde arriba, tenemos una vista única de la cascada, caudalosa, abundante como pocas veces. Las precipitaciones de estos últimos meses nos han traído nuestra recompensa !!

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De repente detectamos que tanta taina, tanto buitre, tanto enebro/sabina, tanta lluvia caída, han provocado hoy más paradas de las previstas y el tiempo se nos echa encima si queremos llegar a tiempo al restaurante de Calatañazor.

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Hacemos pues el camino con premura, provocando algún que otro esbarón, hacia la “sabina milenaria” donde una segunda foto de familia inmortaliza la jornada. Acto seguido, continuamos, raudos, camino del banquete imitando al enfermo, dolorido Almanzor, en su caminar hacia Medinaceli.

Y efectivamente, casi sin darnos cuenta alcanzamos el destino de la jornada: el restaurante Calatañazor en el pueblo del mismo nombre, lugar de habituales jornadas gastronómicas mozárabes.

Nos recibe una caja de cervezas, antes de entrar a comer, para favorecer la relajación por la consecución de la meta propuesta. Seguidamente nos dejamos traer los merecidos platos del abundante menú que no todos son capaces de acabar.

Y de la panza sale la danza, así que algunos cánticos después abandonamos el local para dar un paseo rápido por las obras de restauración del castillo y recordar al gran Almanzor, ese cuyo nombre completo, bien sabe pronunciar nuestro guía:

Abu ʿAmir Muhammad ben ʿAbd Allah ben ʿAmir ben Muhammad ben al-Walid ben Yazid ben ʿAbd al-Malik al-Maʿafirí al-Mansur

Ese cuya vida habría que estudiar de obligado cumplimiento en las escuelas, mucho antes que los catecismos y mandamientos, y por supuesto mucho antes que al Cid, por cronología y por importancia.

Sus hazañas te enseñarán sobre él,
como si lo vieras con tus propios ojos.
Por Dios que jamás volverá a dar el mundo nadie como él,
ni defenderá las fronteras otro que se le pueda comparar.

Y de momento, desde el año 1002, no lo habido, por mucho que la crónica burguense (la de la catedral de Burgos) dijese aquello de que “En 1002 fue muerto Almanzor y sepultado en el infierno”.

El bueno de Sancho García, quien, tras traicionar a su propio padre, había probado ya, dos años antes, la medicina del gran Almanzor, en Cervera, quiso hacer creer, publicar y difundir una supuesta victoria sobre Almanzor en este preciso lugar en el que nos encontramos.

Bien que quisiera honrar la muerte de su padre Garci Fernandez a manos de Almanzor, en la batalla de Alcozar, en Piedra Sillada, pero que el de los buenos fueros pretendiese dar pábulo a que En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor resulta más falso que el master de la señora Cifuentes.

Aunque a decir verdad la culpa del bulo no es achacable a Sancho sino a la iglesia, ya que fueron ellos quienes comenzando con la Crónica Najerensis, pasando por el Chronicón Mundi del obispo Lucas de Tuy, y por Rodrigo Jiménez de Rada, se llega a la 1ª crónica general de Alfonso X el sabio, que se hace eco de este embuste, de esta patraña de interés para la cristiandad.

La realidad es que un sesentón Almanzor salió de Córdoba ya enfermo el 21 de mayo de 1002 para lo que sería su 56 razzia o aceifa contra los cristianos. Como en las últimas ocasiones lo haría desde Medinaceli, pasando luego por Gormaz, San Esteban de Gormaz y Clunia. Su objetivo esta vez era arrasar San Millán de la Cogolla, y el plan fue milimétricamente ejecutado. Como siempre desde hacía 25 años. Como todos los años (excepto uno, marcado por la traición de su hijo Abdalá). Pero los dolores debidos a la artritis gotosa que sufría le obligaron a retirarse a Medinaceli. Tuvo de hecho que ser trasladado en una litera debido a que su enfermedad le impedía montar a caballo. Por mucho que pasase por Calatañazor en ese viaje de regreso no consiguió llegar a su destino y falleció en tierras de Bordecorex el 9 de agosto de aquel año de 1002.

Subamos pues al castillo de las águilas o de los buitres, recién restaurado en parte, y oremos por Almanzor mientras contemplamos el llano por el que tuvo que atravesar, enfermo, moribundo, camino de su casa en Medinaceli a la que no llegaría.

En fin, otra jornada de naturaleza e historia. Otra jornada de ensueño para el recuerdo. Otra jornada sanbur para repetir.

Eduardo Bas
14Abril2018

PD.- Escuchemos a Almanzor:

Hoy no les faltarán a los carroñeros cristianos tierra y fosas para poderme enterrar; y eso a pesar de toda la tierra que yo les he conquistado y las numerosas fosas que les he obligado a ocupar. ¡Todavía les quedan !. Hoy, todos me “matan” antes de tiempo, toda la tierra cristiana se abre precipitadamente para recibir mi cuerpo maltrecho cuando todavía palpita. No necesitan atalayas con espejos ni hogueras ni palomas mensajeras ni corredores sudaneses para propagar la noticia; andan tan ansiosos que sin esperar ya cavan la tierra dura convirtiendo este último, penoso camino en un cementerio lineal de incontables fosas vacías.

Les pido un poco de calma, que me “maten” algo más tarde, que me permitan con su magnanimidad militar llegar a Medinat Salim. ¿Acaso no tuve yo esa deferencia con su Garci? Por favor, ninguna victoriosa emboscada del mejor ejercito de Europa, ningún ataque sorpresa con ayuda de San Picopato junto al cerro de san Miguel o al vallejo de la Venganza (que sólo es vergüenza). Quieren matarme con patrañas a mí cuya máxima militar y humana siempre fue las misma: enfrentarme al enemigo en campo abierto.
...

Dios me aleje del pecado de la soberbia, pero, ¿no seré reconocido por la posteridad como un auténtico mahdí? ¿Acaso no he salvado al-Andalus en las innumerables, sucesivas guerras? Gracias a mi mano, ¿acaso ha disfrutado el califato de otros tiempos tan esplendorosos? ¿y no lo hice todo en nombre de Dios, por él y para él?. Por siglos se reconocerá el éxito de la tierra que se me ha dado para gobernar, el anuncio de los logros atravesará fronteras y tiempos y seremos dignos de encomio para la posteridad. Pero sólo un triunfo, el de la umma, es mi triunfo que a ella y sólo a ella dediqué mis esfuerzos. Pero de poco tiempo dispongo ya para morir en yihad (no se le puede pedir semejante favor a enemigo tan exhausto).

A. Manrique

viernes, 23 de marzo de 2018

Y en abril... al parque Natural del Sabinar de Calatañazor y la Fuentona

El sábado 14 de abril el club de montaña SanBur os propone un circuito por el Parque Natural del Sabinar de Calatañazor y la Fuentona (Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla y León).

Saliendo desde Aldehuela de Calatañazor, nos adentraremos en el Sabinar, visitando la Cascada de Despeñalagua, Manaltial de la Fuentona, Muriel de la Fuente, Centro de Interpretación, Sabina milenaria y fin de ruta en Calatañazor (con comida en el restaurante “Calatañazor”).

Ruta de senderismo de 20 km y de DIFICULTAD MEDIA-BAJA.

Tienes toda la información y recomendaciones en el siguiente documento (por cierto, ¡el club estrena nuevas normas para actividades de senderismo y montaña!):

¡Equípate para una actividad de senderismo! ¡Ven y disfruta!

Y un recordatorio: el próximo viernes se celebra la 4ª quedada El Burgo de Osma - San Esteban de Gormaz, aún estás a tiempo de inscribirte completando el siguiente formulario. Recuerda, sin cuotas, premios, ni regalos, solo disfrutar haciendo deporte.

miércoles, 7 de marzo de 2018

4º quedada popular, El Burgo de Osma --> San Esteban de Gormaz

30 de marzo de 2108
  • 16km andando o corriendo, tú eliges.
  • Salida: plaza catedral de El Burgo de Osma (9:00h los caminantes, 10:00h los corredores)
  • Llegada: polideportivo de San Esteban de Gormaz (hasta las 12:30h).
  • Sin cuota de inscripción, sin premios, sin regalos, solo disfrutar haciendo deporte.
  • Inscríbete rellenando el siguiente formulario.