miércoles, 24 de febrero de 2016

PIS’16 (Prácticas Invernales SanBur 2016)

Madrugamos hoy para ir a las montañas distercias, más concretamente al sur de la sierra de la Demanda, donde en segunda fila y bajo la vigilancia del Pico de San Lorenzo (2.271m), como es bien conocido, se encuentran las sierras de Neila, Urbión y Cebollera, extendidas por el este con la sierra del Alba.

Previamente, la tarde anterior habíamos hecho el acopio pertinente de las viandas con que nos dotó Blas, y habíamos dejado preparados los pertrechos necesarios para las pruebas de estas PIS’16, que a los novatos que no habíamos estado en este lance con anterioridad se nos hacía ya una aventura en sí mismo: crampones, piolet, raquetas, casco, saco, esterilla,…

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Preparados para comenzar la aventura.

Para la andanza esta vez nos hemos inclinado por el punto de intersección de las líneas rectas que forman Vigo y Gerona, y Bilbao y Almeria. Ese lugar dominado por la sierra de Urbión, de curiosa etimología, que podría provenir de las repoblaciones en el siglo IX, y en particular de la que llevó a los vascones al norte de las sierras hacia las que nos dirigimos, y cuyo pico (2.229m) pretendemos alcanzar: el Pico de Urbión. Pico de las “Dos Aguas Buenas”, pues deja al Norte el río Najerilla que alimentará al Ebro, mientras que al sur da origen al padre Duero. Antaño tuvo al Norte turmódigos y berones, y al sur arévacos y pelendones; y hoy es vértice natural de separación de los territorios de Burgos, La Rioja y Soria.

Hacía allí nos lleva nuestra Blancanieves de hoy (Marta) a montañear a los sus siete enanitos (Vidal, Jesús, Agustín, Ángel, Diego, David y Eduardo) al grito de “Hi Ho!, Hi Ho!, al monte caminar…”.

Son las 7 de la mañana de un día que promete despejado y no del todo malo para las intenciones que llevamos. Así que una vez colocada la carga en los vehículos nos dirigimos a Covaleda, donde nos encontraremos con Rafa, quien tras dejarnos “el hacho” – instrumento habitual que por estas tierras de monte y pino silvestre han masculinizado, y que nos recuerda la corta de troncos que los del norte traspasaron a esta ladera sur de nuestra sierra de hoy-, nos recomienda dejar los coches en un punto determinado del camino o pista, que nos situará a poco más de un kilómetro del refugio de El Muchachón, donde pretendemos establecer nuestro campamento base.

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La dura subida al Muchachón.

Son 250 metros de duro desnivel que, con el cargamento que llevamos, con los mochilones individuales y el trineo de los útiles y provisiones, se nos hacen, a algunos más que a otros, trabajosos hasta el sofoco que roza en ocasiones el agotamiento; principiando así las PIS’16 con la incertidumbre de si podremos acabarlas.

Menos mal que una vez alcanzado el refugio y recuperado el resuello la cosa da un vuelco radical, máxime tras un pequeño tentempié. Limpiamos un poco la entrada de la nieve y hielo acumulados, y tras instalarnos todo lo cómodo que el refugio nos permite, compartido con los de las motos de nieve que andan por allí, nos lanzamos ya a nuestras prácticas invernales.

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Clase de orientación sin cachivaches digitales.

Doc, nuestro Sabio de los enanitos, comienza la clase de orientación en montaña, olvidando por ahora los instrumentos digitales, y nos muestra tan sólo mapa y brújula, para que Marta, sin más ayuda, nos lleve al Alto de las Tres Fuentes, que apenas dista un kilómetro en dirección este, pero que es trecho suficiente para poder perderse entre la masa de pinos que impide tomar referencia visual alguna. Así, que con ella al timón, navegamos por entre nieve más o menos blanda, que en algunas zonas se acumula abundantemente, de forma que algunos deciden ir con raquetas mientras que el resto parece ir más “cómodo” sin ellas. No obstante a todos nos toca ir sorteando pinos que obstruyen el paso y dificultan la orientación; sin embargo, la decisión de alcanzar el destino de las Tres Fuentes es firme, así que tras salir de la espesura e incorporarnos a una pista, al poco, efectivamente, aparece frente a nosotros el pequeño refugio de las Tres Fuentes junto a la torreta de vigilancia de incendios.

Desde allí contemplamos la bella estampa que el horizonte nos ofrece: la cercana sierra Cebollera; el majestuoso Mons Caius, el mágico Moncayo, con sus 2.314m. que lo convierten en el punto más alto de las provincias de Soria y Zaragoza entre las que se encuentra; el pico Frentes a las puertas de Soria; el Ocejón y el Pico del Lobo... ... y volvemos caminando tranquilamente por la pista, que haciendo un rodeo nos devolverá a El Muchachón, no sin antes encontrarnos no sólo con alguna moto de nieve, sino con la estampa más bucólica de trineos tirados por una jauría de perros bien avenidos.

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El Mons Caius o Moncayo desde el alto de las Tres Fuentes.

Y tras el paseo de un par de kilómetros, arrancamos de nuevo por la pista marcada como GR86 en dirección norte, y nos asomamos al mirador hacia la Laguna del Hornillo, cubierta de hielo y nieve, donde aprovechamos la ladera en fuerte pendiente para practicar con el piolet la auto_detención, siguiendo de nuevo las indicaciones de nuestro Capitán. Al rato regresamos a la guarida para comer con Rafa y la gente de Protección Civil y la Asociación Moto-Nieve Urbión, entre los que tropezamos por azar con un sanestebeño consorte con el que pegamos hebra. Y claro casi liquidamos los líquidos elementos con los que contábamos.

Acabado el condumio, un poco de teoría de cabuyería para conocer los nudos básicos, como el sencillo y útil nudo de alondra y sus variaciones: el nudo dinámico y el ballestrinque, así como el nudo del ocho o el de cinta plana. Y nos vamos con Rafa y su equipo a por uno de los platos fuertes de las prácticas: el salvamento y socorrismo en montaña, incluyendo inmovilizaciones con collarín y férulas diversas, utilización de camillas de palas y colchón de vacío, e inmovilización en camilla transporte, para lo que Freddy y Agustín se ofrecieron como conejillos de indias de estos ejercicios.

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Tranquilo Fredy, todo va a salir bien.

Vuelta al campamento base y tras la foto para el recuerdo con los de Protección Civil, a quienes agradecemos la atención dispensada, comienza la preparación para el plato principal de la aventura: la subida nocturna al Urbión.

Salimos poco antes del anochecer, de forma que la anochecida nos pilla al comienzo del camino, con la luna ya elevándose por el este y el sol medio oculto por el horizonte y desapareciendo por segundos, bañándonos con sus últimos rayos de un anaranjado intenso. Sencillamente un crepúsculo espectacular.

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De noche todos los montañeros son pardos.

La subida al Urbión, ya con la noche de compañera, con la luna iluminándonos el camino, cual espejito mágico del cuento de Blancanieves, y las potentes sombras de nuestros cuerpos sobre la cuerda que nos conduce a la cima, entre nieve dura que pocas veces llegaba a ser hielo, y las calvas o senderos con la nieve ya derretida; con una temperatura extraordinaria para la época en que estamos y sin apenas viento… es experiencia que sólo se puede vivir y sentir en plena fusión con la naturaleza y con la vida, desde el silencio de la noche, desde la compañía de los colegas que van por delante, por detrás, o la par; desde la contemplación de las luces perfectamente visibles de casi una veintena de pueblos que tratamos de identificar… y a llenarse de paz interior y con los demás bajo un cielo totalmente limpio, estrellado… prodigioso cuadro que nos lleva en volandas hasta alcanzar la cumbre de Urbión tras hora y media de subida, donde ahora sí se deja sentir un céfiro frío que nos recuerda que debemos salir del ensimismamiento de la escena y nos devuelve a la realidad para iniciar el camino de regreso.

El descenso desde la cima es un poco más peligroso pues la nieve se ha endurecido tras la bajada de la temperatura nocturna, pero la vuelta resulta igual de grandiosa, y a pesar de que las piernas ya no parezcan tan ligeras y aunque alguno comience a notar el peso de la larga jornada, la noche se experimenta como una perfecta simbiosis del hombre con la naturaleza, ahuyentando todo mal espíritu, y dejándose acariciar por la oscuridad que proporciona una armonía y quietud, que la luna con su tenue resplandor transforma en concordia y conciliación, de forma que será difícil borrar este viaje iniciático de Blancanieves y los siete enanitos hasta el Urbión. ¡Han sido casi tres horas y media y algo más de 10 kilómetros de puro goce montañero!

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Objetivo conseguido. Hemos coronado (una vez más) el Urbión.

Llegados al campamento base con la satisfacción de haber completado un hermoso día resta dar alimento al cuerpo, así que enseguida Jesús se pone a la tarea de prepararnos un caldo extraordinario mientras Diego nos hace unas patatas asadas a lumbre que nos recuerdan la infancia. Son momentos ya de relajo fraternal, de afectuosa camaradería, y que, como no podía ser de otro modo, acaban, después de dar cumplida cuenta de las diversas viandas, con los espirituosos traídos para la ocasión (que no iban a quedarse indemnes con lo que nos había costado subirlos hasta el refugio!).

Son las 2 de la madrugada y toca sacar fuera las mesas que nos permitan adecentar el suelo donde depositar nuestros cuerpos, y como toca dormir, Vidal y Eduardo se lo toman en serio y se predisponen a ello, emitiendo unas notas musicales inspiradas por Morfeo para apaciguar a los dioses que algunos llaman ronquidos, y ante las cuales nuestro secretario pone orden para que los recostados procuren el reposo que las circunstancias les permitan.

Algunas salidas al relente para vaciar vejigas y algunos troncos para alimentar la chimenea completan el silencio y los sueños de los ocho sanbureños, que a eso de casi las nueve de la mañana tocan diana.

En el desayuno constatamos que la mitad más lejana de la chimenea, seguramente por el efecto del sentido de apertura de la puerta, han pasado más frío que la otra mitad del equipo. Cosas del azar y del defectuoso tiro de la segunda chimenea que nos obligó a apagarla, mientras la primera tragaba leños cual locomotora a vapor forzándonos a alimentarla continuamente; aunque después de todo, quizá fuese que los afectados no se dotaron anoche de suficiente Ruavieja.

La noche además transcurrió tratando de discernir el jodido componente que los de Covaleda habían echado al cemento, pues no hubo esterilla capaz de amortiguar su dureza. Algo más de suerte tuvieron los que habían optado por las esterillas o colchonetas hinchables.

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Maese Agustín nos da un master de como rapelar.

Sea como fuere desgraciadamente ya no hay remedio, así que un buen desayuno para olvidar las penurias de la noche y a gastar la mañana practicando rapel y desplazamiento en cordadas, de manos del profesor Agustín y su pericia acompañada de sus didácticas explicaciones. Debido a la escasez de nieve probamos el anclaje con piolet y el improvisado con bolsa de nieve compactada, que es el que finalmente usamos, pero la blandura de la nieve nos impide practicar el anclaje en seta de nieve. Tras rapelar, montamos dos cordadas mientras practicamos el progreso con crampones y piolet, hasta descender a la cubierta Laguna del Hornillo, que atravesamos encordados antes de volver a ascender hacia el fin de la actividad.

Toca pues volver al refugio para recoger todos los cachivaches, ordenar el aposento, y con pena despedirnos de este ocasional chalecito de El Muchachón en el que ha imperado la confraternización y la concordia.

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Foto de despedida de nuestra aventura.

Iniciamos pues el camino hacia a los coches; ahora mucho más llevadero, no sólo por cambiar del ascenso al descenso, que ya se nota, sino también porque el avituallamiento que subimos ayer ha sido consumido por las pistas, sendas y veredas de esta sierra de Urbión, la de las Dos Aguas Buenas, con entusiasmo y contento por estos ocho personajes del cuento invernal sanburgués.

Rematamos la experiencia a eso de las tres de la tarde en Covaleda, con la acostumbrada ronda de cervezas que finalizó en el bar Las Vegas, donde nos tenían preparadas unas exquisitas raciones. A continuación, con algo de pereza pero sin demorarnos demasiado, iniciamos el retorno hacia nuestro San Esteban de origen al ritmo de nuestra cancioncilla infantil del cuento de Blancanieves…

… lástima que terminó el festival de hoy… pronto volveremos con… las PIS’17, con las que ya empezamos a fantasear si Neila, si Urbión…

… pero mientras tanto siempre llevaremos con nosotros esa luna llena de febrero del 16, difícilmente repetible, que un día inolvidable nos subió al Urbión.

David Alonso y Eduardo Bas
Febrero 2016

Perfíles y datos de la ruta

Aproximación al refugio del Muchachón y prácticas matutinas. Inicio 10h 14min, fin 14h 34min.

Subida nocturna al pico Urbión. Inicio 18h 44min, fin 22h 06min.

domingo, 14 de febrero de 2016

Prácticas invernales en Covaleda

Parece que ¡por fín! llega la nieve, así que aprovechamos este próximo fin de semana para realizar nuestras acostumbradas prácticas invernales de montaña. Esta vez no toca la sierra de Neila, nos vamos un poco más cerca, a Covaleda y sus extensos pinares.

Madrugaremos para salir desde San Esteban a las 7 de la mañana (7 y 10 en el Burgo). A las 8:30h estaremos en Covaleda para iniciar las prácticas.

Como todos los años hemos preparado un programa completito, que nos llevará todo el fin de semana. Para el sábado tenemos esto:

  • salvamento y socorrismo,
  • sistemas de orientación analógicos y digitales,
  • progresión con piolets, crampones y bastones nórdicos,
  • trepa y rapel,
  • cabuyería: manejo de cuerda,
  • simulacros de salvamento y socorrismo en coordinación con varios miembros de Protección Civil y la Asociación Moto-Nieve Urbión de Covaleda: Inmovilizaciones con férulas, inmovilizaciones con collarín y colchón de vacío, recogida con camilla de palas y tablero espinal, inmovilizaciones en camilla transporte, primeros auxilios y RCP y los de Moto-Nieve Urbión nos explicarán el funcionamiento y operatividad en montaña de la Asociación,
  • y como fin de jornada...ascension nocturna al pico Urbión.

Para el domingo dejamos lo siguiente:

  • Autodetención, seguridad en montaña, desplazamiento en cordadas, colocación de seguros en nieve y hielo, reuniones con compañero...nos moveremos por el paraje de bosque viejo.

Pernoctaremos la noche del sábado en el refugio no vigilado del Muchachón, así que igual que Robert Redford en las aventuras de Jeremiah Johnson, nos echaremos de nuevo el monte: en la mochila no pueden faltar comida (y bebida) para 1 día y medio aproximadamente, un saco de dormir invernal, aislante y una trampa para osos (el que quiera, aunque no creo que veamos muchos osos por la zona).

Además es conveniente (casi obligatorio) llevar material adecuado para las prácticas: piolet, crampones, bastones nórdicos, raquetas de nieve, arnés, casco, cordinos, mosquetones y otros hierros. Nos repartiremos el material común del club.



En definitiva, ¡una actividad para espíritus aventureros!


Para reservar plaza como de costumbre: ingresando 20€ en concepto de“MUCHACHÓN” en la cuenta de Sanbur, antes del viernes 19 de febrero.

lunes, 25 de enero de 2016

San Esteban de Gormaz_La Rasa

Que la vida es un carnaval (Celia Cruz)

Nos dirigimos hoy a La Rasa, ese lugar que se supone fue del clero y que se desamortizó allá por el siglo XIX, convirtiéndose con sus más de 1.000 hectáreas en una de las fincas de mayor extensión de la provincia. Ese lugar en el que se estableció un importante nudo ferroviario de la línea Valladolid-Ariza, se dice que gracias a la negativa de los de El Burgo a llevarlo a su población por el miedo a que el ruido del ferrocarril espantase sus caballerías.

Hablamos del km 151,9 de los 254km de la vía concedida en 1882, y que estuvo operativa y en servicio desde su inauguración en 1895 hasta que se cerró a los viajeros en 1985 (para mercancías siguió un poco más, hasta 1994).

Es conocido que en esta estación de tren, especialmente indicada como punto para el cambio de máquinas y maquinistas, ejerció como guardagujas el padre del autor de “Confieso que he luchado”, Marcelino Camacho Abad, padre a su vez del sindicalismo español. Y al que los de Izquierda Unida, Partido Comunista y Comisiones Obreras hicieron el pasado otoño un homenaje en su pueblo de La Rasa, frente a la casilla del ferrocarril en que nació y que hoy es propiedad de su familia.

Al inicio del siglo XX aparece la Colonia Agrícola e Industrial del Duero para explotar la finca de La Rasa, con sus mil hectáreas pertenecientes a la viuda e hijos de la familia Rico Barrón, ligados a la burguesía vallisoletana que enloqueció en aquella época con el sueño azucarero. Y La Rasa cumplía los dos requisitos fundamentales: comunicación con el recién estrenado ferrocarril; y potencial regadío, pues se encuentra la finca rodeada por el Ucero y por el Duero, contando incluso con un canal entre ambos que atraviesa la finca, el canal de San Antonio, patrón que se celebra en La Rasa.

Así que ni cortos ni perezosos se pusieron a la tarea del cambio cultural que supone cambiar de secano a regadío, para intentar que la remolacha desplazase a la patata y el cereal cultivado hasta entonces en aquellas tierras.

Eran años de expansión y crecimiento pues el consumo de azúcar por habitante y año prácticamente se duplicó entre 1920 y 1930. Y claro, vinieron las necesidades de los “abantos”... la Rasa pasó de la Colonia Agrícola a la SIC (Sociedad Industrial Castellana), las encinas de la propia finca que inicialmente sirvieron para el funcionamiento de las calderas de la azucarera se tornaron insuficientes y hubo que adquirir los yacimientos de lignito (carbón) de Casarejos y Talveila. En estas, los de Azúcar Ebro llegaron a su techo con sus explotaciones en Aragón y comenzaron a comprar las acciones de la SIC en lo que hoy se conocería como una OPA hostil… y se diluyeron definitivamente los intereses regionales... bajó el precio del azúcar...

En 1936, año de infausto recuerdo, el general Franco pide ayuda a Mussolini y a Hittler para lograr sus propósitos. Y efectivamente, pronto La Rasa es testigo de esta petición, pues en sus terrenos se establece un aeródromo militar, entre los terrenos de la azucarera, cuya chimenea hubo que derruir para un más fácil despegue y aterrizaje de las aeronaves, y el río Duero, justo en el lugar que hoy ocupan los manzanos que vamos a visitar. En él aterrizan primero los efectivos aéreos de la Aviazione Legionaria Italiana y poco después los de la Legión Cóndor alemana. Allí en La Rasa se dieron cita, pues, bombarderos y cazas, italianos y alemanes, junto con baterías antiaéreas previstas para defenderse de potenciales ataques de la aviación republicana.

Aunque la mayoría de los que vinieron fueron repartidos por El Burgo, fundamentalmente los alemanes, todavía recuerdo a mi abuela Asunción contarme cómo tuvieron que acoger en casa, durante algunos meses, a un par de oficiales italianos destacados en La Rasa, y es que los italianos fueron mayoritariamente instalados en San Esteban.

Tras la guerra, la finca de la La Rasa siguió con su explotación agrícola remolachera y sufrió los avatares empresariales que le ha traído hasta aquí de la mano de NUFRI, quienes pretenden convertirla ahora en centro de excelencia en la producción de manzanas.

Pero dejemos los recuerdos y vayamos ya a La Rasa. Ha amanecido el día con bastante niebla pero con buena temperatura y enseguida los 40 caminantes nos dirigimos al camino del molino para acompañar al río Duero.

La madera húmeda de los primeros puentes, nos recuerda que hay que tener precaución, no sea que alguno se esbare y se nos esmorre. Y, claro!, no podemos empezar mejor la jornada que reivindicando nuestro lenguaje: esbarar, esbarizar, esmorrar, ...

Con estas disquisiciones, pronto, casi sin enterarnos, alcanzamos Pedraja de San Esteban, y desde aquí un camino hacia La Rasa, que sorpresivamente se nos corta en cuanto alcanzamos la finca que nos proponemos visitar. Y como hemos llegado antes que nuestro anfitrión, se decide dar cuenta del almuerzo en este cruce inhóspito que no nos ofrece ni cobijo ni sombra ni asiento, en estos páramos por los que sin duda circularon siglos ha, en tiempos de reconquista, árabes y cristianos.

Pero hete aquí que a mitad de la faena, en el medio del almuerzo, aparece nuestro guía, y nos vemos obligados a recoger con premura los bártulos, y comenzar la verdadera visita a la finca de La Rasa.

En primer lugar el río Duero, que circunda la finca, y del que se abastecen los manzanos que veremos luego. Otra vez más el río Duero, actor principal y silencioso sin el cual todo lo demás no tendrá sentido.

Nos acercamos a él para contemplar la presa de Ines y que da nombre al canal que luego irá hasta Langa, esa que dice Tomás que no es de Ines sino de Olmillos; y seguramente no le faltará razón, ya que parece que inicialmente se iba a realizar el canal desde más arriba, en Ines, pero que finalmente se realizó desde este punto que claramente está ubicado en Olmillos.

Sea como fuere desde aquí vamos viendo que el acuartelamiento realizado en la finca, dividiéndola en rectángulos de 500*300 metros; es decir en parcelas de 150 hectáreas cada una, sigue las pautas establecidas por los propietarios para una planificada explotación (hileras separadas 3,70m y con manzanos que distan 0,90m de sus vecinos), considerando además las distintas necesidades de las variedades de manzana seleccionadas.

Se trata de producir en Castilla, y más concretamente en este apartado lugar de Soria, manzanas de calidad para abastecer el mercado nacional. Loable propósito, no exento de inversión (sistema de riego, toldos, molinillos…) para luchar contra las inclemencias castellanas, y muy principalmente contra las heladas primaverales que suelen hacer su aparición sin avisar cuando menos te lo esperas.

Y de la calidad damos fe, pues Juan Carlos nos ofrece una barquilla de manzanas Golden a modo de compensación por el precipitado fin del almuerzo que habíamos sufrido previamente. Confiamos que la rentabilidad acompañe a la calidad del producto para que podamos continuar con este cultivo alternativo en estas tierras de El Cid y de Almanzor.

Vistos los manzanos, nos dirigimos después hacia las viñas, ya fuera de las lindes de la finca, proveedoras de uva para la bodega de San Esteban, en cuyo término municipal están ubicadas.

Y así nos enteramos que la Finca de La Rasa, que dispone de iglesia propia, y separada de la población de La Rasa, está en los términos de El Burgo y San Esteban. Y, oh!, casualidad, cosas del azar: la iglesia se sitúa en terreno municipal de El Burgo, mientras que el cine y el economato (bar), separados apenas 10 metros de la iglesia, pertenecen al término de San Esteban.

Son cosas del destino: el que nace lechón, muere cochino

Aunque nos vamos con la cosa de no haber visto el interior de las instalaciones ni la sede de La Finca, dejamos constancia de la amabilidad, dedicación e interés de nuestro guía de NUFRI, e inmortalizamos la jornada con una foto de familia en la iglesia de La Rasa, dedicada a San Antonio de Padua. Gracias Juan Carlos.

Continuamos la marcha, por la vía del ferrocarril, con la niebla levantando, y buscando ya con cierta ansia el destino de nuestras más perentorias necesidades. El camino se hace cuesta arriba, aparece el sol, empieza a sobrar la ropa, y comenzamos a sentir la imperiosa proximidad de esa cerveza que nos van a ofrecer en Alcubilla.

Todo llega. Cinco horas nos ha costado alcanzar Alcubilla del Marqués, donde nos espera Jaime, quien nos ha preparado la logística; así que las piernas inician un merecido reposo y los cuerpos se van relajando al recibir los besos del sol de enero castellano.

Estamos además en un pueblo al pie de un característico cabezo, portador de ondeante bandera, y que se complementa con las primeras bodegas de la denominación Ribera del Duero. En alguna de ellas han surgido chanzas bienintencionadas, como aquella que reza:

En Alcubilla del Marqués,
el que parece tonto lo es.

Mientras que en otras, en la de Los Monteros, se dice que se pusieron las bases, allá por los tiempos de transición, de la operación Galaxia, que desembocó en el famoso 23F. Quién sabe si como acto de rebeldía frente a los de La Rasa por haber dado cuna a Marcelino, o como añoranza de los tiempos del aeródromo de La Rasa. O quizá fuese tan sólo que estábamos, como ahora, cercanos a los tiempos de carnaval.

Sea como fuere, hay que decir que los de Alcubilla, nos acogieron con generosidad compartida con los cazadores que habían estado también de correría por el campo, y previa visita a la bodega, nos aprovisionaron de vino y porrón con el que acompañar nuestras viandas.

Es tiempo de pensar en los 6 u 8 kilómetros que nos separan todavía de casa, así que iniciamos el regreso, no sin antes parar en la figura del El Cid que han puesto los de Alcubilla en la entrada del pueblo, para hacer una última foto de la jornada.

En estas estábamos cuando se acerca el pescadero en su furgoneta, visita que nos recuerda aquello de que en Castilla “cuando el pescado entra en casa de un pobre, uno de los dos está malo”.

Con estas bufonadas recorremos el tramo final de esta Ruta de la Manzana hasta alcanzar de nuevo el origen, en un día en el que la distancia prevista se ha visto significativamente ampliada por la visita a la Finca de Nufri en La Rasa. Kilómetros de más que se soportan mejor pensando en la proximidad de los carnavales. Que los disfrutéis!!

Eduardo Bas
Enero 2016

miércoles, 20 de enero de 2016

Enero de 2016: socios de Sanbur y próxima ruta

Socios de SanBur a enero de 2016.

Un año más damos cuenta del número de socios del club, ¡ya sumamos 167!.

Además el pasado 15 de Enero se cargó en cuenta la cuota anual de socio (10€) del presente año.

...y empezamos el año con una ruta social, que hemos denominado...

La ruta de la Manzana (dentro de nuestro programa “conoce tus lindes”), pues visitaremos las instalaciones de la empresa Nufri en La Rasa.

La salida es desde el frontón de San Esteban, como de costumbre, a eso de las 9. Por el camino del Molino llegaremos a Pedraja, La Rasa, visita a las plantaciones de Manzanos de Nufri (almuerzo), y vuelta por Alcubilla del Marqués (comida), el Molino y fin de la ruta en San Esteban. Equípate para una actividad de senderismo invernal, lleva almuerzo y comida en la mochila… y postre siempre que no te gusten las manzanas. ¡Actividad gratuita y para todos los públicos!

Serán unos 22,5km de DIFICULTAD BAJA, siempre que no se nos vaya de las manos.

Nota: para los federados.....a partir del día 25 de Enero se pueden recoger las tarjetas federativas 2016 en Óptica La Rambla, c/ Mayor 8 en San Esteban.
Nota II: como curiosidad... ¡esta es la entrada número 100 de nuestro blog!

jueves, 31 de diciembre de 2015

San Esteban de Gormaz_El Burgo de Osma

La reconciliación es más bella que la victoria

Toca hoy, veintiocho de diciembre, día de los santos inocentes, y quiero suponer que sin segundas intenciones, honrar el artículo quinto del estatuto de SanBur, que reza –nunca mejor dicho lo de rezar tratándose de El Burgo- “Por el hermanamiento de dos pueblos históricamente enfrentados”.

Y el día amanece cálido, apacible, y sin las heladas de los días previos; por encima de los cinco grados, parece un día casi primaveral a no ser por el viento puñetero que en ocasiones se hace notar.

A eso de las 9 de la mañana van llegando macutos hasta la estación de autobuses. Más de una cuarentena se pone rumbo a la Atalaya, desde donde una vez más se entiende mejor la historia de SanBur y la de su mencionado artículo quinto, la historia de cuando éramos frontera y la de sus avatares pasando de mano en mano, como la falsa moneda.

Desde aquí divisamos, sin dificultad aunque el viento corte un tanto el ánimo, las atalayas de Uxama y de El Enebral, y a los nuevos les siguen sorprendiendo estas construcciones árabes, de defensa y de vigilancia, preludio de las garitas y de las guardias que hicieran algunos durante el servicio militar, no ha mucho tiempo, allá cuando todavía existía y era obligatorio, allá cuando todavía tocaba el acudir a filas y las quintas cobraban todo su sentido.

Y es que estos campos, los de Osma y los de San Esteban, han sido hermanos de sangre derramada en los tiempos de justicia natural, en los tiempos donde había que equilibrar la balanza, en los tiempos donde imperaba la venganza; pues desde el lado más cristiano de la contienda lucharon en bastantes ocasiones, por el siglo X, más de una veintena larga, contra un mismo enemigo, contra los de la media luna; quienes eran entonces superiores en muchas cosas a los que se resistían.

Así fue como El Burgo… de Osma, ya en el siglo XI_XII, y a través de un militar francés, luego religioso, el obispo San Pedro de Bourges, al que Alfonso VI le encargó la tarea, pudo nacer. Y es que El Burgo tuvo que esperar a la muerte de Almanzor, de al_Mansur billah, el victorioso por la gracia de Allah, aquel al que fueron incapaces de vencer oxomenses ni sanestebeños, y hasta se tuvieron que inventar una falsa derrota del general árabe en el cercano Calatañazor para reforzar así su identidad.

¿Quién no ha oído por estas tierras lo de: En Catalañazor, Almanzor perdió el tambor?. Tras las continuas victorias sobre los cristianos, había que inventarse un mantra para tranquilizar los espíritus, y así surgió esta mentira repetida de una inexistente batalla. La realidad es que la artritis gotosa del gran Almanzor es la que le hizo regresar de San Millán de la Cogolla, pasando por Calatañazor, quedándose finalmente en Medinaceli y sin alcanzar su Córdoba querida. Atrás quedaban las 60 campañas lanzadas contra los cristianos sin conocer la derrota; atrás también el saqueo de Barcelona y el de Santiago de Compostela. Ahí es nada!!.

Desde esas épocas de trajines de árabes, musulmanes y cristianos, que circulaban por los páramos que separan Gormaz de estas tierras, han pasado más de diez siglos, y ni unos han superado el cristianismo ni parece que los otros lo hayan hecho con el islam. Seguimos pues en las mismas o similares batallas y por parecidas razones, aunque lo hagamos, eso sí, con medios más modernos y sofisticados.

Cuánto mejor nos iría si apareciese algún nuevo Almanzor a repoblar estas tierras resecas por la sequía y por la falta de almas!!

Pero aunque lo intentemos olvidar, los caminos, los huertos, los canalizaciones, los adobes, las murallas de tapial, las atalayas… son del origen que son, demostrando así que el soriano, como el de cualquier otro lugar, no es una raza aria ni pura sino mezcla de mezclas voluntarias o forzadas y que han dado el resultado que han dado. Y aquí estamos.

Dejadme por tanto escuchar a mi amigo Alberto Manrique hablar del Almanzor ya moribundo:

"Habrá sido el misericordioso y didáctico Alá o el triste y simple azar el que me ha arrastrado hoy, en mi postrera batalla, a uno de los escenarios donde me inicié como guerrero. Durante estos veinticinco años no he olvidado los manantiales, ni la diminuta laguna donde abreva el riachuelo, ni la fresca chopera crecida al mor de la humedad donde reposé tras la victoria y donde se refugia hoy mi tullido cuerpo huyendo de la más dura canícula, descansando brevemente en esta penosa aceifa, en este último victorioso y definitivo viaje.

"Aquí, en este pequeño y ameno soto que fragmenta el espeso carrascal, mi querido general Galib, mi maestro Galib, el Galib que acabó con mi enemigo Al-Musafi, el que un año después se convertiría en mi suegro Galib, el que la envidia por mis éxitos políticos y militares acabó transformando en el traidor Galib poco tiempo más tarde, me aleccionaba analizando la toma de la muela fortificada por los cristianos. Habíamos conquistado La Mola con mi valor y su experiencia como indicaba su mirada complaciente y mi íntimo convencimiento de que yo, el mayordomo Muhammad Ibn Abi-Amir, me convertía irremisiblemente en el hachib al-Mansur bi-l-Lah.

Con estos recuerdos de alianzas y traiciones, tan propias en un bando como en el otro, nos internamos irremisiblemente en el que por este lado llamamos Monte de Quintanilla, y que se llega hasta Osma.

No sin antes acercamos a Las Chorreras, paraje natural donde la erosión ha dibujado caprichosamente en arcilla nuestro pequeño cañón del Colorado, nuestra pequeña ciudad Encantada de Quintanilla, nuestra pequeña vagina generadora de encinas.

Y mientras alcanzamos el punto donde recobrar fuerzas, entre los parajes de Pedazo de Guarro y de La Cagarruta, que ya son ganas de poner nombres escatológicos; mientras buscamos acomodo –decía-, para dar cuenta del almuerzo de la mochila de cada cual, mi amigo Julio me habla de La Mostaza, ese riachuelo, fenómeno natural, que hay que visitar en Valdanzuelo, allá por primavera. Y uno recuerda entonces cuando de joven se acercaba en bicicleta, que no mountain bike como se lleva ahora, a pescar cangrejos a Valdanzo; así que habrá que proponer a la junta directiva de SanBur una excursión por ese rincón provincial en cuanto se acabe el invierno.

Con algo de viento, algo más de vino, y con mucha armonía, degustamos el refrigerio en Las Chorreras antes de continuar el sendero, siempre entre encinas aunque salpicadas de alguna sabina, hasta llegar a Osma.

Y de aquí a El Burgo en un paso.

Entonces es cuando aparece el convento de El Carmen, dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, pero de tanta devoción en estas tierras del Ucero y del Abión. Y claro!, se nos vuelven a las mientes el Karmel o al-karmel, el jardín árabe; otra vez los árabes… ahora reaprovechados, reabsorbidos por los de las catedrales.

Hablando de catedrales hay que decir que dicen que uno del Burgo tuvo la osadía de llamar, en cierto tono despectivo, “tapia” al Castillo de San Esteban, - con razón, añado yo, no en lo despectivo sino en la denominación- y desde entonces se conoce en San Esteban a la preciosa torre de la catedral de El Burgo, como “el palomar” de los de El Burgo.

Estas y otras cosas parecidas son las que justifican el artículo quinto de los estatutos de SanBur, y aunque nos hubiese gustado una composición más equilibrada de miembros de una y otra parte, aquí queda el testimonio de lo que fue este día de hermanamiento en la plaza de la catedral, plaza que lo fue principal de la población, según nuestro guía de la jornada:

Tras la foto de familia sanburguense, disfrutamos de la villa episcopal, paseamos por los hermosos soportales de la villa, y tras escuchar la experiencias, no todas aleccionadoras ni alentadoras de Jesús en el Instituto, antigua Universidad de Santa Catalina, toca ir a deleitarse de una buena, armoniosa y excelente comida de hermandad en Tinto y Leña, y que hubiese sido redonda con un buen ribera.

Villancicos de postre, ilustrados con el tenor Pedro Muyo, y, como remate el cava, detalle de Elvira, que esta vez tenía motivo para celebrar. Nos alegramos por ella y deseamos que estos caminos nos sigan deparando momentos de encuentro y de confraternización.

Fin de año SanBur. Principiamos pues 2016. Salud compañeros!!

Eduardo Bas.
Diciembre 2015